Fecha de publicación:
Fecha de modificación:
La inteligencia artificial (IA) está transformando la productividad, los modelos de negocio y la forma de trabajar. Para Marc Vidal, economista, escritor y especialista en transformación digital y economía digital, este proceso con la IA, no debería llevar a las empresas a una carrera por incorporar cada nueva tecnología. El verdadero desafío está en prepararse para los cambios que vendrán.
Vidal llegó a Ecuador de la mano de Banco Diners Club del Ecuador para participar en un encuentro con medios de comunicación. Reconocido como Top 100 Thought Leaders of the World, Top World’s Economic Speakers y LinkedIn Top Voices, ha dedicado más de 15 años a analizar el impacto de la transformación tecnológica en empresas y personas.
Su visita gira alrededor de un concepto: “¿Llegas a tiempo para el futuro?”. Vidal sostiene que resulta prácticamente imposible anticipar qué tecnología será determinante dentro de dos, tres o cinco años.
“No hay que prepararse para ninguna tecnología. Lo que hay que hacer es prepararse para que, cuando llegue esa tecnología, estemos disponibles”, señaló.
Para Vidal, la velocidad no es la única característica que distingue a la actual revolución tecnológica. Lo determinante es la simultaneidad.
La IA, para Vidal, avanza junto con la automatización y la robótica. Tecnologías que hasta hace poco podían analizarse por separado empiezan a converger y modificar procesos empresariales completos.
En ese escenario, Vidal plantea cuatro ámbitos sobre los cuales deberían concentrarse las organizaciones: clientes, procesos, modelos de negocio y personas. Las tecnologías pueden cambiar, pero estos elementos continúan determinando la capacidad de una empresa para competir.
La incorporación de IA, además, no debería responder únicamente a tendencias. Una herramienta considerada indispensable actualmente puede perder relevancia rápidamente. Por eso, Vidal considera más importante revisar los procesos e identificar dónde la tecnología puede generar mayor productividad.
La transformación también representa una oportunidad para Ecuador. Vidal considera innecesario intentar reproducir ecosistemas como Silicon Valley o concentrar los esfuerzos únicamente en crear nuevas startups y centros tecnológicos.
“Lo que hay que aprovechar es lo que ya existe”, sostuvo Vidal sobre la IA en la actualidad.
Para el especialista, el país dispone de empresas capaces de incorporar estas herramientas y mejorar sus procesos. El desafío consiste en identificar actividades que responden a modelos anteriores y determinar cómo hacerlas más eficientes.
Intentar frenar la automatización para proteger determinadas tareas laborales tampoco sería sostenible. Vidal sostiene que la productividad terminará marcando la capacidad competitiva de las economías.
Los países y empresas que encuentren nuevas funciones para las personas conforme las máquinas asuman determinadas tareas podrán obtener una ventaja frente a aquellos que intenten detener ese proceso.
En esa transformación aparece un concepto que Vidal repitió durante el encuentro: criterio.
La inteligencia artificial puede buscar información, analizar grandes cantidades de datos, redactar documentos y ejecutar procesos con creciente eficiencia. Sin embargo, Vidal considera que la persona debe mantener la capacidad de determinar qué busca, qué información resulta pertinente y hacia dónde quiere dirigir el resultado.
Ese reparto de funciones podría convertirse en uno de los modelos profesionales de los próximos años: el humano establece el criterio y la tecnología ejecuta parte del trabajo.
La misma lógica puede aplicarse a los negocios. A medida que la IA esté disponible para empresas grandes y pequeñas, acceder a la tecnología dejará de constituir por sí solo una ventaja competitiva.
“La capacidad de competir en calidad de producto nunca fue tan estrecha como ahora”, afirmó Vidal.
El conocimiento del cliente, la cultura de una organización y la capacidad humana para interpretar situaciones concretas pueden convertirse entonces en elementos diferenciadores.
El avance de la inteligencia artificial también obliga a revisar la formación de las nuevas generaciones. Vidal considera difícil determinar actualmente qué carrera puede garantizar una determinada salida profesional dentro de varios años.
Su planteamiento, sin embargo, se aleja de la idea de orientar toda la educación hacia programación o conocimientos estrictamente tecnológicos.
Vidal reivindica la lectura, la poesía y la filosofía.
La tecnología, explica, será cada vez más transversal y terminará integrada en numerosas profesiones. En ese contexto, comprender al ser humano puede adquirir tanta importancia como manejar las herramientas digitales.
La poesía y la literatura permiten aproximarse a esa complejidad humana. La filosofía tendrá otro papel: ayudar a interpretar los conflictos éticos que surgirán conforme las máquinas adquieran mayores capacidades.
“La profesión del futuro será algo que combine esa capacidad de comprender lo que va a hacer un robot por nosotros y lo que nosotros somos para ellos”, señaló.
Vidal no plantea un futuro en el que la tecnología simplemente sustituya a las personas. Su análisis apunta hacia una redistribución de funciones entre humanos y máquinas.
La inteligencia artificial puede asumir procesos que requieren velocidad, análisis y manejo de grandes cantidades de información. Las personas deberán fortalecer capacidades relacionadas con el criterio, la interpretación y la toma de decisiones.
Desde esa perspectiva, llegar a tiempo al futuro no significa anticipar cuál será la siguiente gran tecnología. Significa construir empresas y formar personas capaces de adaptarse cuando esa tecnología aparezca.