
La inteligencia artificial dejó de ser exclusiva de los chatbots o los asistentes virtuales. Ahora también participa en uno de los procedimientos médicos más utilizados para diagnosticar enfermedades: la tomografía computarizada.
El Hospital Metropolitano presentó el SOMATOM Pro.Pulse, el primer equipo de estas características instalado en Ecuador y uno de los cinco que existen en Sudamérica. El tomógrafo incorpora inteligencia artificial para adaptar cada estudio al paciente, reducir la exposición a la radiación y ayudar a los especialistas a identificar hallazgos críticos con mayor rapidez.
Aunque la decisión final siempre corresponde al médico, la tecnología automatiza buena parte del proceso y permite obtener imágenes de mayor calidad en menos tiempo.
“La inteligencia artificial no reemplaza al médico. Nos potencia. Nos hace más eficientes, más precisos y nos permite entregar la información más rápido“, explica el doctor Christian Armijos, jefe del Servicio de Imagen del Hospital Metropolitano.
Uno de los principales cambios que introduce este equipo es que cada tomografía deja de ser un examen estándar.
Antes de iniciar el estudio, un sistema de cámaras tridimensionales crea un avatar digital del paciente. La tecnología identifica la posición del cuerpo, analiza la contextura física y registra variables como la respiración, la frecuencia cardíaca y el movimiento.
Con esa información, el equipo decide automáticamente cuál es el protocolo más adecuado.
La inteligencia artificial ajusta la velocidad del estudio, la dosis de radiación y los parámetros necesarios para obtener imágenes de mejor calidad. Incluso reconoce si el paciente tiene prótesis o implantes metálicos y modifica el examen para disminuir las interferencias.
“El estudio se personaliza completamente. El equipo entiende quién es el paciente antes de comenzar la tomografía”, resume Armijos.
El SOMATOM Pro.Pulse, el tomógrafo con IA del Hospital Metropolitano incorpora una tecnología conocida como doble fuente.
Mientras un tomógrafo convencional trabaja con un tubo de rayos X y un detector, este utiliza dos tubos y dos detectores de manera simultánea.
La diferencia se refleja en la velocidad.
Según Armijos, algunos estudios que antes podían tomar entre 10 y 15 minutos ahora pueden completarse en aproximadamente seis minutos, dependiendo del examen.
Esta reducción del tiempo beneficia especialmente a niños, adultos mayores y pacientes con dificultades para permanecer inmóviles o contener la respiración.
En muchos casos también disminuye la necesidad de recurrir a sedación profunda o anestesia general.
“A un niño ya no necesariamente tenemos que intubarlo. En determinados casos basta con una sedación mucho más ligera”, explica.
El hospital también rediseñó la sala donde funciona el equipo. El espacio es más amplio que el de una sala convencional y permite mantener un contacto permanente entre el paciente y el operador durante todo el examen.
Otro de los avances más importantes del equipo es la reducción de la radiación.
Esto se consigue por tres vías.
La primera es la incorporación de filtros más eficientes en los dos tubos de rayos X.
La segunda corresponde a detectores de alta sensibilidad que necesitan menos energía para producir imágenes de excelente calidad.
La tercera aprovecha una capacidad que antes no existía.
El tomógrafo diferencia automáticamente grasa, calcio, hueso, metal y yodo. Gracias a esa información puede generar imágenes virtuales sin necesidad de repetir ciertas fases del examen.
En estudios con medio de contraste, por ejemplo, el sistema puede eliminar digitalmente el yodo y reconstruir una imagen equivalente a una tomografía sin contraste.
“Si elimino una fase del examen, puedo reducir aproximadamente a la mitad la radiación que recibe el paciente”, explica Armijos.
Además, el equipo requiere menos cantidad de contraste, lo que disminuye el riesgo de afectación renal en pacientes susceptibles.
El software analiza las imágenes mientras se realiza el estudio.
Si detecta signos compatibles con un infarto cerebral, una hemorragia intracraneal o un nódulo pulmonar, genera una alerta para que el radiólogo revise el caso con prioridad.
En pacientes con cáncer, la tecnología también permite medir con mayor precisión la captación del contraste dentro del tumor y comparar esa información con estudios previos.
Eso ayuda a determinar si un tratamiento, como la quimioterapia, está dando resultados o si la enfermedad continúa avanzando.
Armijos insiste en que la herramienta no emite diagnósticos.
“La inteligencia artificial no decide. El diagnóstico sigue siendo responsabilidad del médico. Lo que hace es ayudarnos a ser más rápidos y más precisos.”
Cuando el sistema identifica un hallazgo crítico, incluso puede modificar automáticamente la prioridad del examen para acelerar la entrega del informe.
El nuevo tomógrafo también genera modelos tridimensionales del cuerpo humano.
Las reconstrucciones permiten observar órganos, huesos y vasos sanguíneos desde distintos ángulos.
Esta información facilita la planificación de procedimientos quirúrgicos complejos y mejora la comunicación entre radiólogos y cirujanos.
El sistema identifica automáticamente estructuras anatómicas, como las vértebras de la columna, y ayuda a localizar lesiones con mayor precisión.
“Ya no solo vemos dónde está un órgano. Ahora también podemos conocer la composición de sus tejidos y entregar mucha más información al médico tratante”, explica Armijos.
La incorporación del nuevo tomógrafo también implicó un proceso de capacitación.
El Hospital Metropolitano desarrolló junto con Siemens un programa de formación que incluye clases virtuales, entrenamiento presencial, simuladores y acompañamiento clínico durante aproximadamente dos años.
Actualmente, el Servicio de Imagen del hospital está integrado por alrededor de 20 médicos, entre especialistas y residentes.
“Podemos tener el mejor equipo del mundo, pero si el personal no está bien preparado, no vamos a entregar la información que el paciente necesita”, afirma Armijos.
El SOMATOM Pro.Pulse empezó a atender pacientes después de un proceso de instalación, calibración y entrenamiento del personal.
De acuerdo con el Hospital Metropolitano, es el primer tomógrafo de este tipo en Ecuador y el quinto instalado en Sudamérica, donde también existen equipos en Brasil, Perú y Argentina.
Para Armijos, la innovación tecnológica tiene un propósito concreto: detectar las enfermedades cuando todavía pueden tratarse.
“Nuestro objetivo no es encontrar más enfermedades. Es encontrarlas a tiempo, cuando todavía podemos ofrecer mejores oportunidades de tratamiento. Ese es el verdadero valor de esta tecnología”, concluye.

