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La transformación digital dejó de ser una opción complementaria para las pequeñas y medianas empresas. Hoy, la tecnología influye directamente en la capacidad de vender, atender clientes y mantener la continuidad de una operación. Una conexión inestable, un proceso manual o una vulnerabilidad informática pueden traducirse en ventas perdidas y costos difíciles de asumir para una pyme.
La ciberseguridad para pymes cobra especial relevancia. Según el informe Cost of a Data Breach 2025 de IBM, citado en el documento, el costo promedio de una filtración de datos en América Latina llegó a 2,51 millones de dólares. Cuando identificar y contener una brecha tomó más de 200 días, el monto promedio ascendió a 2,82 millones de dólares.
Las necesidades digitales de las empresas también cambiaron. Tener una página web ya no es suficiente: los negocios requieren canales que permitan vender, atender, cobrar y gestionar operaciones, además de integrar las distintas herramientas que utilizan.
Este cambio avanza junto con el comercio electrónico en Ecuador. En 2024 se registraron 81,1 millones de transacciones digitales y el valor del e-commerce alcanzó 4 618 millones de dólares, un crecimiento del 22% frente al año anterior, según datos de la Cámara Ecuatoriana de Comercio Electrónico (CECE) y la Universidad Espíritu Santo (UEES).
“La infraestructura tecnológica debe acompañar tanto las necesidades internas de la empresa como las expectativas de sus clientes”, señala Paolo Cedeño, jefe de Negocios B2B de Netlife Business. El ejecutivo destaca que la automatización, la inteligencia artificial y el comercio electrónico pueden reducir tareas repetitivas y ampliar la capacidad de atención.
En este escenario, Netlife identifica cinco capacidades para construir una operación digital preparada para crecer. La primera es desarrollar una presencia digital activa, capaz de convertir una búsqueda en acciones como consultar, agendar o comprar. La segunda es incorporar seguridad informática desde el inicio para proteger la información de la empresa y sus clientes.
La tercera capacidad es mejorar la respuesta inmediata al cliente mediante agentes digitales y sistemas automatizados. La cuarta consiste en diversificar los medios de pago para reducir fricciones entre la intención de compra y la transacción. Finalmente, herramientas de administración inteligente, como sistemas CRM o ERP, permiten centralizar información sobre clientes, ventas y procesos para respaldar decisiones empresariales.
La transformación digital de una pyme, sin embargo, no implica incorporar todas las soluciones simultáneamente. El primer paso es detectar dónde se pierden clientes o tiempo, proteger las áreas críticas y avanzar progresivamente hacia tecnologías que permitan optimizar y escalar el negocio.
Así, la digitalización de las pymes en Ecuador pasa de ser únicamente una apuesta tecnológica a convertirse en una estrategia de continuidad y crecimiento. Conectividad, ciberseguridad, automatización, pagos digitales y gestión inteligente conforman un ecosistema que puede ayudar a las empresas a responder a consumidores cada vez más digitales.