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Cada año, alrededor de 3 900 mujeres son diagnosticadas con cáncer de mama en Ecuador. Es una enfermedad cuyo abordaje ha evolucionado gracias a tratamientos cada vez más personalizados.
La radioterapia para cáncer de mama es parte de esa transformación. Actualmente permite dirigir la radiación con alta precisión, proteger tejidos sanos y complementar cirugías que buscan conservar la mama.
El doctor Raúl Puente Vallejo, jefe del Área de Radioterapia y Radiocirugía del Centro de Cáncer del Hospital Metropolitano, explica que los avances tecnológicos han cambiado la forma de tratar a las pacientes. “El cáncer de mama se trata de forma conservadora”. Esto significa que, cuando las condiciones clínicas lo permiten, la cirugía puede limitarse al tumor y al tejido inmediatamente circundante, preservando el seno.
La radioterapia moderna cumple un papel fundamental después de una cirugía conservadora, pues busca eliminar posibles células malignas microscópicas que permanezcan en el área tratada y disminuir el riesgo de recurrencia de la enfermedad.
Uno de los elementos centrales de este proceso es la planificación individual. Cada mujer tiene una anatomía diferente y cada tumor presenta características particulares. Por ello, el tratamiento del cáncer de mama con radioterapia se diseña considerando tanto la enfermedad como la ubicación de órganos cercanos.
“La precisión es fundamental. Cada tratamiento requiere una planificación que considere la enfermedad y la anatomía de cada paciente”, sostiene Puente. Los equipos de última generación permiten administrar la dosis de radiación con gran exactitud y concentrarla en las zonas que necesitan tratamiento.
Una de las técnicas utilizadas es la inspiración profunda sostenida, especialmente relevante en determinados tratamientos de la mama izquierda. La tecnología sincroniza la administración de radiación con la respiración de la paciente.
“Cuando la paciente toma aire e infla el pecho, el corazón se desplaza hacia el fondo”, explica Puente. Esta separación permite administrar la radiación durante un momento específico de la respiración y reducir al máximo la exposición del corazón.
El control respiratorio durante la radioterapia se convierte así en una herramienta para proteger órganos críticos y aumentar la seguridad del procedimiento. La planificación permite evaluar previamente cuál es la técnica más adecuada para cada mujer.
Otra alternativa es la radioterapia en posición prona, es decir, con la paciente boca abajo. Según Puente, esta técnica puede ser especialmente útil para mujeres con mamas de mayor volumen.
La posición permite que la mama se separe de la pared torácica y facilite la irradiación de la región mamaria, mientras se busca disminuir la exposición del corazón y los pulmones. La elección entre control respiratorio, posición prona u otras técnicas depende de las características individuales de cada caso.
La innovación también ha permitido reducir los tiempos de tratamiento de una manera considerable inclusive en una sola semana. Mediante esquemas de hipofraccionamiento en radioterapia, terapias que anteriormente podían extenderse durante seis o siete semanas pueden realizarse, en casos seleccionados, en períodos considerablemente menores, inclusive esquemas de apenas 5 sesiones.
Esta reducción tiene un impacto en la calidad de vida de las pacientes con cáncer de mama, pues disminuye el número de visitas al hospital y facilita el retorno a las actividades familiares, laborales y sociales. Al mismo tiempo, la precisión busca reducir la exposición innecesaria de tejidos sanos y limitar efectos secundarios.
Para Puente, el avance tecnológico debe entenderse desde una perspectiva integral: no se trata únicamente de combatir la enfermedad, sino de hacerlo considerando el bienestar futuro de cada mujer.
El Centro de Cáncer del Hospital Metropolitano integra tecnología, planificación individualizada y técnicas avanzadas de radioterapia para responder a las características particulares de cada diagnóstico.
La evolución de la radioterapia contra el cáncer de mama apunta hacia tratamientos cada vez más precisos, personalizados y compatibles con la vida cotidiana. Proteger el corazón y los pulmones, conservar la mama cuando sea clínicamente posible y reducir los tiempos de terapia forman parte de una medicina que coloca la tecnología al servicio de las personas.
