2 de mayo de 2020 00:00

Seleccionados ecuatorianos pasan apuros financieros en la cuarentena

Maritza Guamán se entrena en la casa de su hermana Yadira, quien también se dedicó a la marcha. Aprovecha para utilizar su caminadora. Foto: cortesía de Maritza Guamán

Maritza Guamán se entrena en la casa de su hermana Yadira, quien también se dedicó a la marcha. Aprovecha para utilizar su caminadora. Foto: cortesía de Maritza Guamán

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Manuel Quizhpe. Redactor (D)

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Maritza Guamán sigue con su propósito de clasificarse a sus segundos Juegos Olímpicos, pese a los momentos difíciles que afronta en los entrenamientos por falta de dinero. La paralización de actividades por la propagación del covid-19 ahondó la crisis.

La marchista lojana de 32 años se entrena con el apoyo de sus padres y de su hermana mayor Yadira, quien el 2012 compitió en los Juegos Olímpicos de Londres.

La deportista recibe una beca mensual de USD 100 de la Federación Deportiva del Loja y en esa entidad es monitora de las escuelas de iniciación, desde febrero pasado.

La única vez que se preparó sin sobresaltos fue entre mayo del 2016 y diciembre del 2017. Durante ese período recibió un incentivo mensual de USD 1 500 como integrante del Plan de Alto Rendimiento (PAR) de la Secretaría del Deporte.

Empezó a recibir esa ayuda económica a partir de su clasificación a los Juegos Olímpicos del 2016 en Brasil.

Ella está dispuesta a luchar por un cupo olímpico ante marchistas que, por sus éxitos, sí reciben incentivos, como Paola Pérez, Magaly Bonilla y Johana Ordóñez.

“No tengo el apoyo de un equipo multidisciplinario como si lo tienen mis compañeras”, se lamenta. Su técnico es Luis González.

Guamán, quien tiene el título de Psicóloga Educativa, está en la lista de clasificados para el Mundial de Marcha en Bielorrusia. El certamen debía realizarse el 2 de mayo pero se postergó por el covid-19.

La fecha de reprogramación aún se desconoce. Para obtener el ansiado cupo olímpico requiere una marca base de 01:31:00 en 20 km. Su mejor tiempo es 01:33:06.

Como Guamán, hay cientos de casos de deportistas prejuveniles, juveniles y sénior que no reciben recursos del Estado por no cumplir ciertos parámetros de exigencia.

Hasta diciembre del 2019, por ejemplo, 142 seleccionados del Plan de Alto Rendimiento recibieron apoyo únicamente para eventos específicos.
Es el caso del microtenista Pablo Vanegas, quien hasta septiembre del 2019 constaba en la categoría Apoyo a Eventos en el PAR. Hace siete meses abandonó por completo el tenis de mesa para dedicarse por completo a su profesión de Ingeniero Comercial.

Alcanzó medallas internacionales, siempre con el apoyo económico de sus padres.

Ángel Matute, técnico de triatlón, anticipa un resto del año muy crítico para la mayoría de sus dirigidos por la crisis económica. Los padres de familia no tendrán dinero para financiar los viajes de sus hijos al exterior debido a la reducción de sus sueldos o porque se quedaron sin empleo.

Entre sus alumnos que son parte de la categoría de Apoyo a Eventos están Martín García, Nancy Lojano, Joseline Yuqui y Gabriel Terán. Según Matute, “ellos reciben ayuda para dos o tres torneos internacionales durante el año, no más”. El resto de gastos los cubren las familias de los deportistas.

Juan Pablo, padre del judoca Juan Ayala, recuerda que invirtió USD 2 800 para el viaje de su hijo a México. Fue en el 2018 para un Panamericano Juvenil. “Ese dinero sirvió para pagar gastos de transporte terrestre y aéreo, alimentación y estadía”, comentó Ayala.

El año pasado su hijo ingresó en el grupo de Apoyo a Eventos y desde entonces ha viajado con todos los gastos pagados a torneos en Argentina y en Brasil. Este año se trasladó a Argentina, pero por la emergencia sanitaria, ya no compitió en Perú y Chile, como estaba planificado. Él se entrena en Macas con su hermano menor Kevin, quien aún depende de sus padres para poder competir en el exterior.

El escalador Aarón Peñaranda está feliz porque hace un mes, mediante llamada telefónica, la Secretaría del Deporte le informó que recibirá un incentivo económico.

Se le pidió que se afiliara al Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, ya lo hizo, incluso pagó su primer mes de aporte. Sin embargo, “no sé en qué categoría estaré ni cuándo será el primer depósito”, declaró con evidente preocupación.

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