20 de abril de 2020 00:00

La nadadora Samantha Arévalo se entrena en un balcón, en Francia

Samantha Arévalo permanece en aislamiento domiciliario en Montpellier, Francia. Foto: Cortesía de Samantha Arévalo.

Samantha Arévalo permanece en aislamiento domiciliario en Montpellier, Francia. Foto: Cortesía de Samantha Arévalo.

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Manuel Quizhpe. Redactor (D)

Samantha Arévalo cumplió, el 19 de abril del 2020, un mes de no sumergirse en el agua. La seleccionada nacional nadó por última vez el 19 de marzo en la playa de Montpellier, Francia. Dejó de entrenarse debido al aislamiento domiciliario decretado por el Gobierno francés por la propagación del covid-19.

La nadadora de 25 años llegó a esa ciudad francesa en septiembre del 2019, después de prepararse durante tres años en Roma, Italia. A mediados de febrero arrancó la temporada 2020 con un octavo lugar en el Circuito Mundial de Aguas Abiertas, en Doha (Catar).

Desde hace un mes se entrena en el balcón de su departamento, de unos 5 metros de largo por 2 de ancho. Allí se ejercita con cuerdas, mancuernas, pelota medicinal y rodillo, cuyo principal objetivo es mantener la musculatura. También usa bidones plásticos con agua para reemplazar a las pesas.

Toda esa labor funcional la cumple por la mañana, mientras en la tarde realiza la parte física. La exvicecampeona mundial de aguas abiertas en 10 kilómetros aprovecha la hora diaria que tienen los ciudadanos para caminar o correr por la calle en un kilómetro de distancia, desde su casa.

Para salir se requiere un documento que el Gobierno francés envía a los correos de los habitantes. Al salir de la casa se anota la hora y el motivo, que es constatado por los policías. Si no se cumplen las disposiciones, cuenta Arévalo, hay una primera multa de 135 euros (USD 146); la segunda es de
3 000 euros (USD 3 262).


A pesar de estar fuera del país y sin sus familiares, la braceadora mantiene la calma y asume con madurez el confinamiento. Como la mayoría ve con cierta incertidumbre el futuro, por no saber cuándo volverá a competir. “Es una situación difícil porque se trastocaron los planes de un día al otro y eso nos golpeó a todos”.

Desde septiembre del 2019, Arévalo se entrena con el francés Philippe Lucas, quien dirige a cerca de 20 nadadores de diferentes países. Entre ellos están la holandesa Sharon van Rouwendaal y el francés Marc-Antoine Olivier, campeona y subcampeón de aguas abiertas en los Juegos Olímpicos del 2016, en 10 km.

En ese grupo de seleccionados de alto nivel también están dos rusas, dos belgas, una ucraniana, un británico, un húngaro y un rumano, quienes viven por separado en sus departamentos. Todos se preparan sus alimentos y se defienden por sí solos. A ellos se suman algunos integrantes del equipo francés de aguas abiertas.

Con tres años de experiencia en Europa, Arévalo se adaptó rápido en Francia. Ella quiere volver pronto al Centro Náutico Neptuno de Montpellier, cuyas instalaciones cuentan con una piscina de 50 metros al aire libre, gimnasio y áreas recreativas. Extraña la pista atlé­tica de Montpellier, en donde corría los martes y jueves.

La falta de contacto con el agua afecta a cualquier nadador. “No es lo mismo hacer una brazada dentro del agua: en piscina, mar o lago, que simular con un ejercicio. La fuerza y la sensación son diferentes”.

Prefiere no distraerse sobre el tiempo que requerirá para recuperar su nivel.
‘Samy’, como la llaman sus familiares y amigos, sigue firme en su objetivo de clasificarse a sus terceros Juegos Olímpicos. Ya estuvo en Londres 2012 y Río de Janeiro 2016. Antes de la cuarentena, destaca, estaba en un gran nivel para el Preolímpico que debía realizarse el 30 de mayo próximo en Tokio, Japón, sede las Olimpiadas en el 2021. Con su técnico reprogramará su planificación.

El descanso más prolongado de la nadadora ha sido de tres semanas, pero después de terminar un ciclo olímpico o de competir en un Mundial. Ahora la situación es diferente, porque se encontraba en una etapa de un buen rendimiento o carga alta (como la llama), con la idea de alcanzar el cupo olímpico.

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