Falleció Fabián Zurita, referente del andinismo ecuatoriano

Fabián Zurita empezó su relación con la montaña a los 15 años de edad.

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El andinista y educador Fabián Zurita falleció en Quito a los 92 años. Su muerte marca el cierre de una época para el excursionismo en Ecuador, disciplina a la que dedicó más de siete décadas de actividad continua en alta montaña y formación de jóvenes en entornos naturales.

Fabián Zurita dedicó su vida a la montaña

Fabián Zurita nació el 12 de octubre de 1934 en Quito, descubrió el montañismo a los 15 años en los Illinizas. Conquistó cumbres emblemáticas como el Cotopaxi y el Chimborazo, y en 1966 se convirtió en el primer ecuatoriano en alcanzar la cima del Mont Blanc, en la frontera franco-italiana.

En 1974 fundó el campamento Aire Libre, un proyecto formativo para instruir a niños y adolescentes en técnicas de marcha, orientación y supervivencia. Su método priorizó la sobriedad, el esfuerzo individual y la abstención del uso de tecnología dentro de las jornadas de montaña.

Conocido por su lema “la salud está en el plato y en la suela del zapato”, Zurita rechazó el uso de vehículos particulares y promovió el traslado a pie o en bicicleta. Hasta sus últimos años mantuvo un régimen estricto de ascensos a cumbres medias de la cordillera de los Andes.

Autor del libro Ochenta, la cuarta juventud (Porque la tercera edad no existe), teorizó sobre el envejecimiento activo mediante el contacto permanente con la naturaleza y la actividad física continua.

Organizaciones de montaña, antiguos alumnos de sus campamentos y entidades capitalinas reportaron su deceso durante las primeras horas de este lunes. Las condolencias públicas coinciden en señalar su aporte en la masificación del excursionismo popular a escala nacional.

Zurita y un recuerdo con EL COMERCIO

Fabián Zurita se detiene por un momento y observa que a lo lejos, más allá del inmenso páramo y detrás de las nubes hacia el lado sur occidental del camino, aparece la punta blanca del Cotopaxi. “Mira, ¡qué bonito!… “¡Qué paz!”, dice y respira hondo antes de continuar con su andar.

Es el domingo 14 de octubre de 2018 y el legendario andinista se dirige a la cumbre del Rucu Pichincha para celebrar su cumpleaños número 84.

Por el estrecho sendero de tierra lo siguen unas 20 personas, la mayoría mujeres y hasta un niño de nueve años. Otros excursionistas se adelantaron, pero él está seguro de que los alcanzará más arriba.

Con un bastón en la mano y dando golpes contra el suelo para poner más énfasis en sus palabras, el exjesuita asegura con voz alta que si caminan en fila, con tranquilidad y en silencio, avanzarán sin contratiempos.

Avanzarán por la ruta que va desde Cruz Loma hacia la cumbre, a 4 696 metros de altura sobre el nivel del mar.

Por la vía llena de chuquiraguas y otras plantas andinas, el incansable educador se encontró con decenas de montañistas que lo saludaban con afecto.

La mayoría también se tomó fotografías con el hombre delgado, que es una verdadera estrella de rock de nuestras montañas y que en los páramos lleva siempre la misma camisa roja y negra a cuadros que tiene desde hace cuatro décadas.

El día estaba nublado, pero hubo pastel y hasta se brindó con un poco de champán que llevaron sus amigos de la montaña.

El guía octogenario estuvo feliz, agradecido y hasta dio un extenso discurso sobre la vida que quedará guardado en la memoria de quienes estuvieron ese domingo sobre el coloso que protege a la capital ecuatoriana.

“Gracias a la montaña estoy aquí a los 84 años, con una mentalidad de joven, alegre, entusiasta. De aquí uno regresa renovado para continuar luchando abajo”.

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