28 de octubre de 2018 00:00

Dos historias de perseverancia en donde los límites no existen

Wladimir Caza se entrena en el parque La Carolina, en ocasiones. Nicolás Aires es seleccionado ecuatoriano, aunque nació en Uruguay. Fotos: Patricio Terán y Vicente Costales / EL COMERCIO

Wladimir Caza se entrena en el parque La Carolina, en ocasiones. Nicolás Aires es seleccionado ecuatoriano, aunque nació en Uruguay. Fotos: Patricio Terán y Vicente Costales / EL COMERCIO

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Martha Córdova
Redactora (D)

El deporte está en su ADN. En el fútbol juega como delantero, es goleador y sus anotaciones son de ‘crack’. Siempre le encantó el atletismo, pero no estaba en sus planes que iba a completar un triatlón. Está feliz porque llegó a la cima del Cotopaxi y ahora quiere ir por otras cumbres.

Todo ha pasado tan rápido para Wladimir Caza, de 28 años. “Hace un año ganamos el título del primer campeonato nacional de fútbol para amputados”, recordó este profesional en finanzas. Antes y después de completar su jornada laboral en la Udla, se entrena en todos esos deportes que le gustan.

Madruga para trotar por las calles del Centro Histórico. “Vivo en el sector de la Plaza del Teatro. Salimos a trotar con mi madre a las 07:00”. A las 19:00, en cambio, se entrena con sus compañeros de la selección de fútbol de amputados, en el parque La Carolina. “Siempre me gustó el deporte”.

Los fines de semana los dedica a ciclismo y a la natación, donde tiene algunas participaciones en los campeonatos nacionales paralímpicos.

Este año, por invitación de Pablo Andrés Vallejo, cumplió con dos retos que no estaban en sus planes. “Jamás pensé en subir al Cotopaxi. Fue una experiencia diferente, porque la expedición la organizó una fundación internacional que recaudó fondos para entregar prótesis”.

Llegar a la cima costó un gran esfuerzo. “Salimos del refugio a las 22:00 y llegamos a la cumbre a las 07:00. Las grietas fueron los obstáculos más difíciles de superar. También el clima, hubo mucho frío, temperaturas bajo cero”.

El sábado pasado, en cambio, fue segundo en el campeonato nacional de triatlón que se realizó en Salinas. En esta ocasión hubo la categoría para deportistas paralímpicos que cubrieron 750 metros de natación, 20 km de ciclismo y 5 km de atletismo. Fue segundo en la clasificación general, detrás de Pablo Vallejo.

“Tenemos como misión fortalecer nuestro club paralímpico. Conocemos que hay muchos chicos y jóvenes que están en sus casas”, dice Caza. “Queremos que salgan y se unan a la actividad deportiva. Queremos que dejen su zona de confort, de estar tirados en una cama y que vivan su discapacidad de manera diferente”.

Cuando tenía 3 años, Wladimir fue arrollado por un autobús; tuvieron que amputarle su pierna izquierda. Pero desde los 5 años, cuando aprendió a dominar su prótesis hizo del deporte parte de su vida.

Nicolás es el ‘uruguayo’ que juega por Ecuador la Copa América de fútbol para personas con parálisis cerebral. Nació en territorio charrúa, estudió su primaria en Hungría, El Salvador, Honduras y los estudios colegiales los hizo en Ecuador. Fue de Quito a Cuenca y Guayaquil; Manta y Santo Domingo de los Tsáchilas. “Mi padre nos llevó a todos los lugares donde le tocó jugar”.

Su padre es Washington Aires, el ‘10’ del Deportivo Quito, Liga de Quito y Barcelona en la década de los noventa. Se acostumbró a vivir de un lugar a otro y luego, siguió la tradición. “Empecé a jugar en el Deportivo Quito, y luego fui a Ibarra, Cuenca y Santo Domingo”.

Es volante ofensivo como el ‘Coco’, pero cuando su carrera estaba por consolidarse, un ‘virus’ cambió su vida. “Fue difícil empezar de cero, conté con el respaldo de mis padres que estuvieron a mi lado porque los falsos amigos se alejaron”.

Una sinusitis que parecía común alcanzó niveles extremos al provocar una meningitis que puso en riesgo su vida. “El virus carcomió mi cráneo, hizo pedazos los huesos frontal y parietal”. Usa gorra para tapar la herida que dejó las intervenciones quirúrgicas en la parte izquierda de su cabeza.

Ese virus llegó a su cerebro. Afectó su sistema motor y sensitivo. “Ya son 10 años y todavía sufro de convulsiones, sigo con medicamentos para prevenirlos. Perdí sensibilidad de las rodillas para abajo”.

Tras afrontar su nueva condición, se ‘curó’ con fútbol. Ahora es entrenador de las escuelas de iniciación de la Prefectura de Santo Domingo de los Tsáchilas donde entrena a los más pequeños y por esta semana vestirá la camiseta Tricolor, pues se nacionalizó ecuatoriano. “Los chicos me piden que yo resuelva las jugadas por mi experiencia, pero les digo que esta es una selección en la que todos ganamos o perdemos. Que todos debemos jugar para que podamos ganar”.

Y, pese a que su sensibilidad es nula, marca goles y sigue contagiando su amor por la vida. “Recibir la convocatoria a la selección fue mi medicina. Vuelvo a jugar y a vivir el fútbol desde la cancha”.

Hoy debe llegar su padre, desde Manabí, quien trabaja como entrenador en un equipo de Segunda Categoría. Lo acompañará en sus partidos de la Copa América, que se disputan en Quito. “Antes, yo era su fan, ahora él dice que es mi hincha número uno”.

También espera la llegada su esposa y su pequeño hijo de cinco meses. “Está muy chiquito, pero yo le contaré todo lo que voy a vivir en este torneo”.

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