
Ousmane Dembélé ingresó este lunes 22 de septiembre de 2025 al selecto grupo de futbolistas que han conquistado el Balón de Oro.
El atacante del París Saint-Germain se impuso en la votación final al joven prodigio español Lamine Yamal, del FC Barcelona, quien con apenas 18 años hizo historia al terminar segundo en la clasificación.
El galardón simboliza no solo el gran nivel de Dembélé en la temporada 2024/25, sino también su capacidad para sobreponerse a años de críticas, burlas y lesiones que lo persiguieron durante buena parte de su carrera.
Bajo el mando de Luis Enrique, el ‘Mosquito’ encontró su mejor versión y se consolidó como líder de un PSG que lo ganó casi todo.
A los 18 años, Dembélé ya era considerado una de las grandes promesas del fútbol europeo. Brilló en el Stade Rennais y rápidamente dio el salto al Borussia Dortmund, donde su talento lo proyectó como un jugador de clase mundial.
Ese rendimiento motivó al FC Barcelona a pagar más de 150 millones de dólares por su fichaje. Sin embargo, en el conjunto culé inició su etapa más complicada.
Sufrió constantes lesiones que lo alejaron de los terrenos de juego en momentos clave, y fue blanco de duras críticas y burlas por sus fallos frente al arco y decisiones erráticas.
En seis temporadas con los azulgranas disputó 185 partidos, anotó 40 goles y repartió 42 asistencias. Números aceptables, pero muy lejos de las expectativas que generó su llegada. En 2023, tras un paso turbulento, dejó el Barcelona y firmó por el PSG, donde comenzaría su verdadera consagración.
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En su primer año en París, Dembélé todavía mostró dificultades de cara al gol, aunque aportó seis tantos y 13 asistencias en 42 partidos. Pero tras la salida de Kylian Mbappé, el francés tomó el liderazgo absoluto del ataque parisino.
La temporada 2024/25 fue el punto más alto de su carrera.
Disputó 53 partidos, marcó 35 goles, entregó 14 asistencias y guió al PSG a ganar la Ligue 1, la Copa de Francia, la Supercopa de Francia y, sobre todo, la primera Champions League en la historia del club.
La muestra más clara de esa resiliencia se vivió en la propia gala del Balón de Oro 2025.
Tras recibir el premio, Dembélé no pudo contener las lágrimas ante los aplausos del público y el reconocimiento de sus compañeros. Entre sollozos, recordó el difícil camino que atravesó hasta llegar a ese momento y destacó el papel fundamental de su madre, a quien señaló como su principal apoyo en los años más duros de su carrera.
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Ese instante conmovió al mundo del fútbol y cerró el círculo de un jugador que pasó de ser blanco de burlas y críticas a convertirse en el mejor futbolista del planeta.