2 de diciembre de 2018 00:00

David Ante es arquero y chef en el Deportivo Quito

David Ante, con su uniforme de chef, luego de preparar un cerdo agridulce servido sobre una piña. Foto: Víctor Muñoz / EL COMERCIO

David Ante, con su uniforme de chef, luego de preparar un cerdo agridulce servido sobre una piña. Foto: Víctor Muñoz / EL COMERCIO

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Pablo Campos

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David Ante camina con paso ligero por los pasillos de la concentración del Deportivo Quito. El arquero del equipo lleva en su mano derecha un ‘cooler’ con ruedas, con la compra realizada en la mañana en el mercado de La Ofelia. Abre la puerta del comedor del club azulgrana y rápidamente pone en orden el lugar.

La cocina de la institución se ve con una sensación de abandono, que el futbolista pronto modifica: limpia los trastos con celeridad y luego saca de su nevera portátil azul una piña recortada que servirá de ‘cama’ para un cerdo agridulce, que cocinará en apenas 20 minutos. Alista los ingredientes para el refrito: la cebolla, el maní, el aceite vegetal. Lo hace con destreza y control.

En el Quito todos conocen a Ante por su apellido materno: Casierra. “Antes que Ante soy Casierra”, dice, abusando de la cacofonía. Es la mañana del pasado jueves: el chef no recibió disposición para preparar comida aquel día, pero llevó su ropa de chef y su infaltable ‘cooler’ lleno de ingredientes.

“¿Hay desayuno, Casierra?” preguntaban los futbolistas que hacían su arribo a la práctica del equipo -que hoy visita al Mineros de Echandía por la segunda ronda de la Copa Ecuador-. “No, panita, hoy no hay”, respondía el golero encogiéndose de hombros.
 

Ante, con su uniforme de chef, posa junto a un cerdo agridulce servido sobre una piña. Foto: Víctor Muñoz / EL COMERCIO


Ante es jugador, pero además estudió para chef. Combina sus pasiones, aunque sabe que un día el fútbol se acabará. “Mi esposa Jéssica siempre me dice que debería escoger una de las dos profesiones. Pero yo me siento tan futbolista como chef. Son dos actividades que me apasionan”, cuenta mientras alista el refrito en una pequeña y gastada sartén de la cocina industrial.

Ante Casierra nació en Esmeraldas hace 25 años. Comenzó en el fútbol de niño; y empezó a cocinar para sus hermanas Martha y Tatiana cuando su madre Ana salía de casa a trabajar. De pequeño, su especialidad era el sancocho de carne, sofrito con verde, yuca, maní “y hierbitas”.

En el 2014 vino a la capital a probar suerte como futbolista y a la par decidió estudiar Cocina en el Centro Gastronómico del Valle. Se probó en el América, cuando los ‘cebollitas’ estaban en Segunda y allí combinó entrenamientos, estudios y trabajo, pues incursionó en un pequeño restaurant.

En el 2016, el ex Aucas Roger Silva lo invitó a probarse en el Quito y logró quedarse. Ambos coincidieron además en la Liga barrial Inchalillo. El golero superó las pruebas para quedarse en los chullas, que por esas épocas empezaba su desplome hasta la Segunda Categoría.

En el cuadro azulgrana todos sabían de la pasión de Ante por la comida. El DT Renato Salas le hizo una propuesta: “¿Te animas a cocinar para 25 personas en la concentración?”. Ante se animó. “Soy de las personas que siempre quiere ayudar”.

El primer menú para sus compañeros consistió en una sopa de verduras, tallarín con pollo y jugo de tomate. “Un club debería tener su propio cocinero, pero aquí en el equipo hay muchas necesidades. David siempre intenta sumar y eso es importante para el equipo”, confiesa el DT Salas.

Desde entonces, cada vez que hay concentración del equipo, Ante arma el menú. No cobra por su ‘mano de obra’. La última ocasión que cocinó fue hace una semana, cuando hizo un ‘tapa’o arrecho’, plato típico esmeraldeño con base de maní, pollo, chancho, chorizo y huevo. Le tocó atender a 40 personas, incluido el personal administrativo, cuerpo técnico e incluso el guardia, el popular ‘Don Bolito’.

“Cocina riquísimo”, dice el jugador Andrés Cortez. A él no le gusta la cebolla, pero el chef se la licúa y su compañero casi no se percata del sabor. Luis Saritama también da fe de las capacidades culinarias del golero. “Es un ‘crack’ cocinando”.

Hace 15 días, el complejo de Carcelén terminó inundado por las lluvias. Ese día, Ante preparó un sancocho de pescado y un picudo en salsa blanca en el almuerzo; para la tarde hizo empanadas de queso con agua de remedio. “Mientras preparaba el pollo para la merienda cayó la lluvia, hubo goteras y se fue la luz. No pude seguir cocinando”, cuenta.

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