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Antes de pensar en UFC, Christian ‘Bullkong’ Alquinga tuvo que superar una rival que no necesitaba guantes: la chancleta de su mamá. El peleador ecuatoriano de 31 años recuerda entre risas la resistencia inicial de Dora Castro ante una vida dedicada a los golpes, los campamentos y las jaulas. Con los años, aquella madre protectora terminó convirtiéndose en una de las personas que más lo empujó a perseguir su sueño.
Ahora, lejos de Tumbaco, de sus hijos y de los sabores que todavía lo conectan con Ecuador, Alquinga afrontará otro capítulo de su carrera profesional en México. El 16 de octubre volverá a competir en peso wélter y, aunque evita adelantarse a una posible llegada a la principal organización mundial de artes marciales mixtas, tiene claro hasta dónde quiere llegar.
El ecuatoriano enfrentará al mexicano Miguel Ángel Martínez en Budo Sento Championship 37, dentro de las 170 libras, aproximadamente 77 kilogramos, límite de la categoría wélter. La pelea será una nueva prueba para un deportista que construyó sus primeras herramientas competitivas mucho antes de conocer una jaula.
Alquinga empezó a practicar lucha olímpica a los 12 años, llegó a ser campeón nacional y representó a Ecuador en distintas categorías. Su transición hacia las artes marciales mixtas apareció durante la pandemia, cuando la falta de trabajo coincidió con una propuesta para disputar una pelea de Quito Fight Club. No existía todavía un elaborado proyecto profesional: quería competir, recibir un pago y descubrir hasta dónde podía llegar.
“Quiero ver mi potencial. Quiero demostrar que del deporte se puede vivir y que la lucha es un deporte muy fuerte”, recuerda sobre aquella decisión. Para prepararse acudió a Jonasta Tambasco, a quien considera como un hermano y quien lo ayudó principalmente con el striking, concepto que en las MMA engloba las técnicas de golpeo y combate de pie.
La aventura terminó convirtiéndose en profesión. Alquinga lleva aproximadamente cuatro años radicado en México, donde su carrera está acompañada por un equipo que considera determinante para continuar creciendo. Menciona a su maestro Raúl Salas y al head coach Dodger Montaño entre las personas que actualmente dirigen su preparación.
También guarda un agradecimiento especial para José Zapata, amigo que creyó en él cuando el proyecto apenas comenzaba y, según relata, colaboró con aspectos fundamentales de sus primeros campamentos, como alimentación y suplementación. Ese respaldo ayudó a que el ecuatoriano pudiera viajar y establecerse en territorio mexicano para perseguir una carrera internacional.
“Me acogieron con mucho cariño, mucho amor y están pendientes de mi carrera”, cuenta sobre su actual equipo. Desde allí estudian los siguientes movimientos. UFC aparece inevitablemente en las conversaciones, especialmente después de que Marlon ‘Chito’ Vera y Michael Morales demostraran que un ecuatoriano puede instalarse en la élite mundial de este deporte.
Como publicó EL COMERCIO el 30 de septiembre de 2026, una nueva generación de peleadores nacionales intenta abrirse espacio en las MMA internacionales y varios de ellos desarrollan sus carreras precisamente en México. Alquinga forma parte de ese grupo y busca construir su propia ruta, sin establecer plazos para alcanzar la organización estadounidense.
Detrás de esa carrera aparecen Juan Alquinga y Dora Castro, a quienes identifica como sus mayores inspiraciones. Su madre es esmeraldeña y su padre era quiteño, de Tumbaco, territorio que el peleador reivindica con orgullo. Fue precisamente su padre quien lo encaminó hacia la lucha olímpica y quien convirtió la colchoneta en un espacio emocional que trascendió al deporte.
Después de la muerte de su padre, la lucha adquirió otro significado. “Yo quería sentir la presencia de él en la colchoneta. Fue por eso que me metí a la lucha olímpica. Lo único que para mí me dejó fue ese hermoso deporte”, relata.
Con su madre la historia fue diferente. Dora Castro intentó durante años protegerlo y cuestionó su decisión de dedicarse a los deportes de combate. ‘Bullkong’ recuerda aquellas discusiones con humor: tuvo que soportar regaños y hasta los famosos “chancletazos” antes de convencerla de que aquello era mucho más que una aventura.
El mensaje de ella terminó cambiando. “No regreses hasta que cumplas tus sueños, consíguelos”, recuerda Alquinga. Esa frase permanece detrás de una carrera que todavía no considera terminada y explica por qué volver definitivamente a Ecuador tendrá que esperar.
Cuando le preguntan qué aparece primero en su cabeza al pensar en Ecuador, no menciona una pelea ni un campeonato. Responde: sus hijos. Alquinga es padre de tres y contó que uno de ellos falleció, una ausencia que lleva consigo cada vez que compite y que forma parte íntima de su motivación.
“Mi hijo no puede estar aquí compartiendo conmigo, pero yo lo llevo en el corazón. Cada proceso que vivo, lo vivo junto a ellos”, explica. La distancia también aparece en cosas más cotidianas. Extraña el encebollado y el ceviche ecuatorianos, aunque reconoce haberse rendido ante otra gastronomía durante su estadía en México: es fanático de los tacos de suadero.
Ese vínculo con su país también estará presente si algún día alcanza UFC. Aunque agradece las oportunidades encontradas en México, no duda cuando se le pregunta qué bandera llevaría sobre los hombros: la ecuatoriana.
‘Bullkong’ tampoco tendría que pensar demasiado en la música para una hipotética primera caminata hacia el octágono de UFC. Elegiría “Live Is Life”, canción de la banda austríaca Opus, popularizada mundialmente durante la década de 1980 y vinculada también al recordado calentamiento de Diego Armando Maradona.
La elección, sin embargo, no tiene relación con el fútbol. Alquinga reconoce que ni siquiera es aficionado a ese deporte. Lo que encuentra en la canción es una representación de su manera de entender la vida y de aquello que quiere transmitir cuando camina hacia una jaula.
“Es vida. Nosotros vivimos cada momento y cada proceso es algo grato que nos da la vida. Cuando salgo quiero que el público sienta la energía, todo lo que siento yo al salir y subirme a la jaula”, explica.
Por ahora, aquella caminata hacia UFC permanece en el futuro. La siguiente será el 16 de octubre en México. Alquinga prefiere que lo que ocurra después dependa de sus actuaciones: “No me gusta tanto hablar. A mí me gusta hacer con las acciones”.
Y, si algún día esas acciones lo llevan hasta el mayor escenario de las MMA, la música ya está escogida y también la bandera. “Estoy agradecido con México, pero soy ecuatoriano”.
Cristian Alquinga volverá a competir el 16 de octubre de 2026 en México.
El ecuatoriano enfrentará al mexicano Miguel Ángel Martínez en Budo Sento Championship 37. El combate será en peso wélter, categoría cuyo límite es de 170 libras, aproximadamente 77 kilogramos.
UFC es uno de sus grandes objetivos, pero por ahora no existe un contrato ni una fecha confirmada para su llegada.
Alquinga prefiere avanzar pelea a pelea y demostrar su nivel con resultados. Su carrera forma parte de una generación de ecuatorianos que busca abrirse espacio internacionalmente después del camino recorrido por Marlon ‘Chito’ Vera y Michael Morales.
Alquinga comenzó con la lucha olímpica a los 12 años y posteriormente dio el salto a las artes marciales mixtas.
Llegó a ser campeón nacional y representó a Ecuador. Durante la pandemia recibió una propuesta para competir en Quito Fight Club y decidió probarse en las MMA, disciplina que terminó convirtiéndose en su profesión.
Alquinga encontró en México un equipo y las condiciones necesarias para impulsar su carrera internacional.
Lleva aproximadamente cuatro años radicado allí y trabaja junto a su maestro Raúl Salas y su head coach Dodger Montaño. También destaca el respaldo que recibió de José Zapata durante sus primeros campamentos.
Ecuador continúa siendo una parte central de su identidad y asegura que llevaría la bandera ecuatoriana si algún día llega a UFC.
Alquinga mantiene un fuerte vínculo con Tumbaco, su familia y sus hijos. También recuerda a su padre como la persona que lo encaminó hacia la lucha olímpica y a su madre como una de sus principales motivaciones para continuar persiguiendo sus objetivos.