3 de mayo de 2019 00:00

Las árbitras se motivan al participar en la Superliga Femenina

Desde la der. aparecen Viviana Segura, Johana Morán y Selena León, en un entrenamiento. Mario Faustos/EL COMERCIO

Desde la der. aparecen Viviana Segura, Johana Morán y Selena León, en un entrenamiento. Mario Faustos/EL COMERCIO

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Ronald Ladines. Redactor (D)

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Cuando Sara Corella inició el curso de arbitraje profesional tenía ocho meses de embarazo y su abdomen prominente llamaba la atención entre las otras aspirantes. En esa época, la guayaquileña recibió un permiso especial de la Asociación de Árbitros de Fútbol del Guayas. Doce años después, es la referente de la provincia.

Cuenta con escarapela FIFA y dirigirá en los Juegos Panamericanos de Lima, en junio próximo. Corella, de 35 años, reconoce la dificultad de mantenerse en la profesión.

“Si para los hombres es difícil, para nosotras lo es un poco más. Por primer año vamos a dirigir un torneo profesional femenino y eso nos llena de alegría; antes pitábamos juegos de varones, que no es lo mismo”, dijo la jueza, que mañana estará a cargo del partido entre Emelec y Carneras, por la Superliga Femenina.

Corella es una de las 83 árbitras que están habilitadas por la Ecuafútbol, para dirigir los partidos del naciente torneo. En Guayas hay ocho juezas que se preparan junto con los varones de la Segunda y Tercera Categoría, en el parque Samanes, norte de Guayaquil.

Es madre soltera y para completar el dinero de su presupuesto familiar, comparte el arbitraje con su profesión. Ella es veterinaria, realiza trabajos a domicilio, dependiendo de las llamadas que tenga al día.

Entre sus tareas consigue tiempo para cumplir con su rol de madre. Oliver, su hijo de 12 años, es su motivación. Ella ama al fútbol, el nombre de su retoño es una referencia a Oliver Atom, protagonista del anime ‘Súper Campeones’.
“A veces cuando salgo a torneos internacionales no puedo ver a mi hijo durante un mes, es duro porque es un niño, como no vivo con su papá, debo dejarlo con mi madre”, dijo.

Árbitras ecuatorianas durante un entrenamiento en Guayaquil. Foto:  Mario Faustos/EL COMERCIO

Árbitras ecuatorianas durante un entrenamiento en Guayaquil. Foto: Mario Faustos/EL COMERCIO

Una historia similar es la de la jueza de línea Viviana Segura. También comparte su rol de madre con su pasión por el arbitraje. Su hijo de cinco años, Michael, suele acompañarla a los entrenamientos que se inician a las 06:00 en Samanes.

La mañana de ayer, el pequeño Michael estuvo durante unos minutos en la cancha alterna del estadio Christian Benítez y luego fue al auto de su mamá, para dormir hasta que la práctica finalizara.

“No tengo con quién dejarlo en casa pero es un niño que se comporta bien. Le gusta acompañarme, a veces toma el banderín para jugar”, contó la asistente de línea de 31 años, que cuenta con la escarapela FIFA.

Segura tiene un título de auxiliar de enfermería, pero por ahora no tiene un trabajo alterno al arbitraje. Dice que sus entrenamientos diarios y sus tareas maternas consumen su tiempo.

Con sus 12 años de experiencia, funge como una ‘instructora’ para sus compañeras más jóvenes. Una de ellas es Josselyn Romero, de 24 años, a quien corregía durante el entrenamiento de ayer.

Romero era atleta seleccionada de Los Ríos, llegó al arbitraje por accidente. “Un día mi entrenador faltó a la práctica y, para no quedarme sentada, realicé el test que ensayaban los jueces en Quevedo y pasé; ahora es mi pasión”, dijo.

Junto a ella suele practicar Selena León, que inició en la carrera el año pasado y la combina con sus estudios de Educación Física, en la Universidad de Guayaquil. Su rutina diaria se inicia a las 03:30, cuando se despierta y viaja desde Pedro Carbo, cantón que limita con el Puerto Principal.

“La profesión me gusta, quería ser central como mi papá –Jhonson León- pero mi estatura (1,56 metros) me lo impidió”, dijo la colegiada de 23 años.

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