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Un país que no lee, una cuestión de cultura

Actualmente se esta leyendo menos que hace unas décadas, la generación de hoy a pesar vivir un presente tecnificado con información instantánea, cada vez lee menos. Entre los niños y adolescentes se ha comenzado a percibir la sola mención de la palabra “lectura”, como sinónimo de castigo e imposición en los colegios.

En Ecuador, según datos del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc), el promedio de lectura es de medio libro por año. Ecuador solo cuenta con un 43% de población lectora, de dicho porcentaje, solo un 52,7%, dedica su tiempo libre a la lectura. En un informe global por un grupo de expertos en alfabetización de la Comisión Europea en 2012, muestra que 1 de cada 5 jóvenes, presenta carencias en habilidades básicas de lectura y escritura, aumentando el riesgo de desempleo, pobreza e inclusive incompetencia laboral.

La desvalorización de la lectura, no tiene que ver únicamente con el tiempo que consumen los jóvenes en Internet, ya que es únicamente un síntoma de la enfermedad. La causante de esta podemos atribuirla al sistema en el que se ejerce la educación e “implementa” la lectura. En Ecuador y en toda Latinoamérica, se suelen mal entender y relacionar la cantidad con la efectividad de la educación, cuando lo mas importante es la calidad.

Dentro de los currículos de los profesores se imponen lecturas obligatorias, que van dirigidas más a lo que el sistema quiere y no a los deseos del estudiante. De esta forma generamos estudiantes que detesten el hábito de leer. Parafraseando a Borges, si un libro de no le despierta interés, lo mejor es no leerlo, ya que el lector es el que debe buscar la lectura que le nazca. Dicho de otra forma, la cuestión no ronda en el tiempo o cantidad que se le dedique a la lectura, si no a la actitud frente a ella.

Necesitamos un sistema educativo más flexible, que otorgue autonomía a los profesores, y no los haga cumplir un régimen preestablecido. Debemos fomentar la importancia de la lectura, empezando desde el hogar, buscar alternativas de lectura, motivar y no inhibir la misma.  

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