Cartas a Quito / 28 de julio de 2026

Estas son las cartas a Quito de este martes 28 de julio de 2026

¿Basta cambiar al gerente para transformar un hospital?

Cada vez que un nuevo ministro de Salud anuncia cambios de gerentes hospitalarios, el mensaje suele interpretarse como el inicio de una nueva etapa. La decisión puede ser necesaria cuando existen problemas de gestión o presuntas irregularidades. Pero la pregunta de fondo es otra: ¿basta cambiar a un gerente para transformar un hospital?

La respuesta, desde la gestión hospitalaria, es no. Cambiar un gerente puede ser necesario; creer que ese cambio, por sí solo, transformará un hospital es confundir un relevo administrativo con una reforma institucional.

Un gerente tiene la responsabilidad de conducir una institución, organizar procesos, administrar recursos, coordinar equipos y responder por los resultados de su hospital. Su liderazgo es importante, pero su margen de acción está condicionado por un sistema mucho más amplio. No decide el presupuesto nacional de salud, no define la política pública, no controla la disponibilidad de talento humano, ni modifica por sí solo las normas de contratación o los mecanismos de financiamiento. Precisamente por ello, en administración pública existe una diferencia entre intervenir personas e intervenir sistemas. Cambiar autoridades modifica quién toma las decisiones; reformar instituciones modifica las reglas con las que esas decisiones se toman.

Cuando un hospital enfrenta equipos fuera de servicio, infraestructura deteriorada, déficit de especialistas, desabastecimiento de medicamentos o procesos de contratación excesivamente prolongados, el problema difícilmente puede explicarse únicamente por la persona que ocupa la gerencia. Son manifestaciones de problemas sistémicos que requieren reformas estructurales.

Esto no significa que la gestión deba quedar exenta de evaluación. Por el contrario. Los gerentes hospitalarios deben ser seleccionados por mérito, evaluados con indicadores

objetivos y asumir responsabilidades por sus decisiones. Las responsabilidades administrativas o penales deben investigarse y sancionarse sin contemplaciones. La lucha contra la corrupción no admite relativizaciones. Pero sancionar conductas individuales no reemplaza la obligación de corregir las fallas estructurales que permiten que los mismos problemas reaparezcan una y otra vez.

Lo preocupante no es reemplazar autoridades cuando corresponde. Es convertir ese relevo en la principal estrategia de reforma. Cuando cada crisis termina con un cambio de gerente, pero los procesos y presupuestos permanecen intactos, el sistema cambia de nombres sin cambiar su funcionamiento.

Los hospitales no dependen únicamente de quienes los dirigen. Requieren planificación, continuidad administrativa, procesos sólidos, sistemas de información confiables, abastecimiento oportuno, financiamiento suficiente y equipos técnicos capaces de sostener la operación más allá de los cambios de autoridades. En salud pública, los resultados rara vez responden a decisiones aisladas. Son el producto de políticas sostenidas, instituciones fortalecidas y una gobernanza capaz de mantener el rumbo incluso cuando cambian las personas.

Las instituciones sólidas no dependen de sus autoridades; son capaces de mantener sus objetivos, procesos y resultados incluso cuando estas cambian.

Los hospitales no necesitan administraciones permanentes; necesitan instituciones capaces de sobrevivir a los cambios de administración. Un hospital no mejora cuando cambia el nombre de quien ocupa la gerencia. Mejora cuando cambian las reglas, los procesos y la capacidad del sistema para sostener los resultados más allá de las personas. Un buen gerente puede mejorar un hospital durante su gestión. Solo las instituciones pueden transformar un sistema de salud.

Ronald Jonathan Cañarte Siguencia, Médico