
El galardón de literatura más prestigioso recuerda a Eugenio Espejo o Manuel Chúsig. Creado en la última dictadura, aprecia sobre manera a las personas que muestran talento en las aventuras del diario trajinar.
El primero fue Benjamín Carrión, suscitador y seleccionador de compromisos en la dialéctica histórica en el lenguaje marxista. El segundo fue Alejandro Carrión, periodista combativo, extremistamente culto, eco de los intereses del país y de las clases gobernantes y rayano con la decencia. El tercero fue Angel Felicísimo Rojas, escritor de la prosa de las personas, amenísimo, clásico y antisoberbio, excelente vecino de los lojanos de la provincia. El cuarto fue el poeta metafísico, realista y escogedor de las soluciones humanas. El quinto es otro Carrión, sin parentesco con Benjamín y Alejandro, explorador del sufrimiento, catador de los problemas del paisano y equilibrista de las crisis existenciales de nuestra gente. Muestra un vocabulario dickensiano y su empatía es visible para todos.
Podría afirmarse que en este grupo de literatos hay cuatro agrupaciones por afinidad del tiempo, conocidas como generaciones.
La primera la comprenden Benjamín Carrión y Ángel Felicísimo Rojas .
La segunda Alejandro Carrión.
La tercera Carlos Eduardo Jaramillo.
Y la cuarta Carlos Carrión.
En la primera generación estarían comprendidos, además, Carlos Manuel Espinosa, teórico y maestro del arte de escribir, fecundo en el modo de hacer francés, Jorge Hugo Rengel Valdivieso, gran vocero de la opinión pública, de largo servicio público y precursor de la criminología y Emiliano Ortega Espinosa, personificación de la idiosincrasia lojana y esbozador del lojanismo. Aquí entra con todo derecho Pablo Palacio, kafkiano, contradictor de lo aceptado., sensible, filósofo … que fue truncado por el destino. Es visto en otros ambientes como un prócer y pionero del existencialismo.
En la segunda Gustavo Serrano y Arturo Armijos Ayala, escritores-razonadores de excepción.
En la tercera Alfredo Jaramillo Andrade, Jaime Rodríguez Palacios y Rubén Ortega Jaramillo, poetas, neorrealistas. Asimismo, formaron una tríada; y, sobre todo, Rubén Ortega se mantenía a la vanguardia, como un testigo de cuanto se generaba en las intelectualidades lojanas.
Para la cuarta generación, según parece, no hay quien acompañe a Carlos Carrión.
Aquí está otra generación en la que aparentemente no hay nadie. Creo que el único podría ser Gonzalo Bayancela González, caballero, dúctil en castellano, francés y latín. Su escritura indica lo grande que pudo ser.
A pesar de ello, es curioso que Jorge Hugo Rengel y Rubén Ortega no fueron halagados con este premio, en recompensa a su obra.
El adelantado literario fue Miguel Riofrío. De su obra deriva el resto.
Aun así Loja todavía es emporio intelectual. Loja sigue caminando y constituyendo por medio de sus literatos una minoría creadora, según la magnífica interpretación de Arnold Toynbee.
Francisco Bayancela González,