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“Aquellos que a lo malo dicen bueno y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas (…)”, Isaías 5:20. En la sociedad actual donde parece ser que la moralidad de occidente ha sido carcomida por la falsa promesa de la justicia social, donde la falta de responsabilidad se justifica con crisis mentales, la malicia con marginación y la intolerancia con discriminación.
El caso de Lindsey Clancy, es el símbolo perfecto de en donde ha quedado la conciencia del mundo, atrapada en valores alrevesados. No puede concebirse como un infanticidio tan atroz se justifique bajo la ley, como enfermedad mental (depresión postparto). Habría que ver la hipocresía de las leyes de los estados progresistas donde se condenan a muerte a exsoldados con estrés postraumático bajo los mismos cargos.
Los que buscan justicia parecen ser los insensibles y las marchistas que se forman a las afueras del jurado, son los héroes. Desde hace años, el odio por la vida ha venido evolucionando: aborto, apoyo a criminales, eutanasia y justificación de asesinatos de lideres conservadores (caso Charlie Kirk). Ahora nos encontramos ante la involución moral máxima: “ser mata sangre esta bien”.
Marc Pardo