Cartas a Quito / 22 de septiembre de 2026

Estas son las cartas a Quito de este martes 22 de septiembre de 2026

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¿Quién liderará las Naciones Unidas?

Hay problemas que no caben dentro de las fronteras de un país. Las guerras desplazan personas de un continente a otro, el cambio climático no reconoce límites territoriales, las nuevas tecnologías avanzan más rápido que nuestras leyes y el crimen organizado transnacional funciona a través de redes que operan más allá de cualquier frontera. Los problemas globales requieren soluciones globales. Esa es, quizá, la explicación más sencilla de por qué todavía necesitamos a las Naciones Unidas.

Hoy, Naciones Unidas busca a su décimo Secretario o Secretaria General, quien tendrá la responsabilidad de liderar una organización de 193 Estados. En ochenta años, solo un latinoamericano ha ocupado el cargo, el peruano Javier Pérez de Cuéllar. El proceso es particular. Los Estados presentan candidatos, la Asamblea General los escucha públicamente, el Consejo de Seguridad recomienda a uno y finalmente la Asamblea General realiza el nombramiento. La decisión suele conocerse entre agosto y octubre, antes de que el nuevo liderazgo asuma el 1 de enero de 2027.

Hace unos días tuve la oportunidad de acudir a la sede de Naciones Unidas en Nueva York para participar en los diálogos interactivos organizados por la Presidencia de la Asamblea General. Allí pude escuchar de primera mano las propuestas de los candidatos y la manera en que respondían a las preguntas de diplomáticos y representantes de la sociedad civil. Más que una presentación de credenciales, los diálogos permiten conocer cómo cada uno entiende una tarea extraordinariamente compleja. Acercar posiciones entre 193 Estados en un momento en el que los intereses nacionales parecen cada vez más contrapuestos.

Las diferencias entre los candidatos son también reflejo de las distintas realidades que conviven dentro de la organización. Rafael Grossi, de Argentina, dirige el Organismo Internacional de Energía Atómica y ha negociado en algunos de los escenarios internacionales más complejos. Rebeca Grynspan, de Costa Rica, dirige la UNCTAD y ha puesto énfasis en el desarrollo y la reforma de Naciones Unidas. Michelle Bachelet, expresidenta de Chile y ex alta comisionada para los Derechos Humanos, llega con una extensa trayectoria política y multilateral. Macky Sall, expresidente de Senegal, ha defendido una mayor representación de África y del Sur Global.

A ellos se suman Carolyn Rodrigues-Birkett, de Guyana, con una larga trayectoria diplomática, y Olara Otunnu, de Uganda, con amplia experiencia dentro del sistema internacional. La contienda cuenta además con dos ecuatorianas. María Fernanda Espinosa, excanciller y expresidenta de la Asamblea General, conoce de cerca el funcionamiento de Naciones Unidas. Ivonne A-Baki, nominada por Tonga, ha ocupado distintos cargos diplomáticos representando al Ecuador. Más allá de sus trayectorias, escuchar sus visiones permite comprender que no se está discutiendo solamente quién dirigirá la organización, sino hacia dónde debería dirigirse.

Después de escucharlos, una idea me quedó particularmente clara. Una institución creada en 1945 no puede responder a los problemas de 2026 con las mismas herramientas. Quien asuma la Secretaría General necesitará pragmatismo para comprender los intereses de los Estados, coraje para impulsar reformas y un liderazgo ético capaz de recuperar confianza. Naciones Unidas tampoco puede sustituir la voluntad política de sus miembros. Su mayor fortaleza sigue siendo ofrecer un espacio donde países profundamente distintos puedan dialogar cuando las respuestas unilaterales simplemente no son suficientes.

El mundo de 2026 tiene poco que ver con el que vio nacer a Naciones Unidas. Tal vez por eso la elección de su próximo liderazgo importa tanto. Quien ocupe el cargo no tendrá la tarea de conseguir que 193 países piensen igual. Tendrá una tarea mucho más difícil y necesaria. Encontrar, incluso en medio de nuestras diferencias, aquellos consensos que todavía compartimos como humanidad y convertirlos en respuestas comunes a problemas que también lo son.

Nicolas Crow M.