
Estas son las realidades sobre las que se asentaría un proyecto radical para ayudar a resolver la crisis social y de inseguridad en Ecuador. Los barrios son el espacio donde mejor puede generarse cohesión social y planificar y ejecutar los presupuestos con el dinero que hasta ahora los municipios y juntas parroquiales manejan.
Los municipios seguirían contratando, fiscalizando y supervisando las obras grandes que benefician a toda una ciudad, principalmente en materia vial y de movilidad, de agua y alcantarillado. El resto de los servidores municipales iría a trabajar en los barrios más cercanos a su lugar de residencia, ahorrándose así tiempos muertos de transportación y gasto corriente de oficinas, coordinando telemáticamente con la planta central.
Lo mismo podría ocurrir con servidores del gobierno central, de ministerios de vivienda, de inclusión social, etc., que vendría a regenerar el tejido social barrial, a generar un imaginario de mayores posibilidades de atención a sus barrios, y de inmediata adhesión a un proyecto común (J. Rumbea). Puesto que se precisa una relación de 10 militares y policías por cada persona que ha caído en la desgracia de vincularse al crimen organizado (W. Bravo), los 400 000 nuevos militares y policías serían enviados directamente a labores de inteligencia y de operativos en los barrios, es decir la presencia diaria, ya descentralizada, vendría a generar mayor sensación y seguridad inmediata y efectiva.
Para resolver el problema de la justicia, habría que crear, como ocurre en Estados Unidos, que está cooperando con Ecuador, jurados con ciudadanos protegidos, para evitar que la responsabilidad de juzgamiento recaiga en un solo juez.
Diego Valdivieso