Cartas a Quito / 17 de agosto de 2026

Estas son las cartas a Quito de este lunes 17 de agosto de 2026

La actriz estadounidense Hayden Panettiere falleció a los 36 años en Greenville, Carolina del Sur.

¿Democracia o autoritarismo?

No hay duda alguna. En algún momento de los años 80-90 del siglo XX en El Comercio, un conocido columnista -Juan Fernando Salazar- escribió que un documento del Departamento de Estado, de circulación restringida, había encontrado que en Ecuador la sociedad prefería un gobierno autoritario.

Esta observación se hace realidad todo el tiempo, no sólo en nuestro país sino en cualquier otro país del mundo, que se precie de tener un sistema democrático.

El gobierno autoritario es diferente al autocrático. La diferencia no sólo es semántica pues tiene un significado más inquietante.

La secuencia es sencilla:

Autor-autoridad-autoritario.

Así se designa al autoritarismo.

 O el otro que sería:

Autor-autocracia-autócrata.

El autoritario hace sentir la autoridad, generalmente basado en el origen de legitimidad. El segundo es el clásico dictador que fundamenta su autoridad en el origen biológico de mandar e imponer.

El primer modo se hizo antes de ser poder cuando el triunvirato militar -ejemplo ambiguo de dictadura- preparaba la ‘devolución’ del poder en 1978, mediante la Ley de Elecciones que dispuso prohibir, e impedir, que sean candidatos presidenciales José María  Velasco Ibarra, Carlos Julio Arosemena Monroy y Asad Bucaram Elhmalin. El primero ya estaba anciano, el segundo era blanco de críticas y el tercero por ser hijo de extranjeros. El segundo modo es el que se impuso en el periodo 2007-2017, en que se legalizó un legajo jurídico amplio comenzando por una nueva Constitución y una gama de leyes ordinarias y subalternas y se permitió  la institucionalización de la corrupción.

Asimismo, el primer modelo funciona con tolerancia a la mitad y el segundo al imponer sencillamente suprime la tolerancia, es decir hay tolerancia cero.

Es de esta manera como el expresidente Hurtado se refiere a asuntos como medias verdades, que están en escala parecida con el señor Noboa, con la diferencia descrita entre lo que es la dictadura y la que no lo es.

Aun así, en una dictadura es una realidad total el modo kafkiano que es en la mitad en un país democrático. En estas condiciones el enfoque kafkiano resulta imposible, absurdo e indolente en donde la angustia y el sufrimiento son normales, típico de una autoridad despótica. No es exacto pero se supone que en una sociedad democrática existe la esperanza, el sufrimiento sigue presente pero ya no decide el destino de las personas y lo absurdo es un episodio desechable.

Está ocurriendo en Nicaragua y Cuba sigue ahí, como muestras de dictadura. Y en el modelo autoritario está El Salvador.

En nuestro país se ha dejado la dictadura;  hay  autoridad fuerte, sobre todo, frente a la política de seguridad pública y los intentos por apartar de la lid política al correísmo. Eso exige un nivel aceptable de tolerancia.

Francisco Bayancela González,