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Anécdota del pasado

La ciudad de los Caras, Manabí, pasaba una estación invernal sin una gota de lluvia, el sol recalcitrante quemaba los sembríos y sus habitantes clamaban por agua. Llegó a visitar el Dr. Velasco Ibarra y se apostó en un balcón de la casa municipal. Era una noche oscura de intenso calor, el Dr. Velasco transpiraba a chorro, pero su voz retumbaba y hacía eco, arengando a los caraquenses darle su voto. Un ciudadano colombiano.

Profesor de escuela con su pequeña hija sobre sus hombros le interrumpió con un grito: “Nos morimos de sed, queremos agua”. Y el Dr. Velasco levanto su mano y con su larguirucho dedo índice señalando al cielo gritó: “Agua tendrán”. Y se descargó un torrencial aguacero que inundó las calles de la ciudad y con su voz afónica y con más fervor arengaba a un pueblo que eufórico lo aplaudía y gritaba: “El profeta, el profeta hizo el milagro, viva Velasco presidente”.

Esa mágica noche de invierno Velasco habló cuatro horas y el pueblo bajo un fuerte aguacero y completamente mojado se mantenía en pie para escuchar su oratoria. El pueblo de Bahía le agradeció con una contundente votación y, una vez más, Velasco fue presidente.

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