Texto y contexto crítico es un espacio de ideas libres sobre la política nacional. Otros artículos del autor: http://bit.ly/jImbaquingo
Jorge R. Imbaquingo
Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Central. Knight Fellow Stanford University 2012. Es periodista desde hace 23 años. Colabora con el Grupo EL COMERCIO desde el 2016 como Editor de Ciudad. Actualmente ocupa el cargo de Editor Político.

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Miércoles 20 de enero 2021

Ecuador tiene una cultura muy básica acerca de los debates políticos. Sobre todo, porque al aparecer en ellos los candidatos tienen mucho que perder; de ahí que cuando pueden eludirlos lo hacen sin mucho remordimiento. Los debates siempre han dependido de la iniciativa de la sociedad civil, por eso un diálogo oficial se ve como un hito; sin embargo, hay que pensar en cómo mejorarlo.

La gran cantidad de candidatos demuestra la decadencia del sistema de partidos. Se precisa una profunda reflexión colectiva sobre los problemas que se derivan de tener 280 partidos y movimientos en un país de 18 millones de habitantes.

Por el resto, los temas que se tratan en un debate pueden mostrar cómo se percibe a la sociedad, se magnifican problemáticas y otras aparecen dispersas; y los temas tabú -propios de una sociedad donde la moralina es la norma- apenas y se tratan (derechos reproductivos, acceso al trabajo de la comunidad Glbti, medioambiente). Eso explica que predominen los temas ‘importantes’: economía, seguridad y corrupción.

Pese a la diferencia en el peso de unos temas sobre otros, ni siquiera en esas grandes líneas se han topado todas sus aristas. Un ejemplo: en lo económico, ningún candidato se ha referido a que este Gobierno declaró que las empresas de bienes y servicios que vendan entre USD 1 y 300 000 deban tributar (entregar) el 2% de sus ingresos, sin posibilidad de descontar arriendos, sueldos, etc., tal como sí lo hacen las medianas y grandes empresas. ¿Pareciera que los candidatos no viven el calvario de no tener cómo pagar a sus empleados, alquileres, préstamos ni patentes municipales? Nadie dice nada ante un tributo, inconstitucional desde todo punto de vista, para financiar el inmenso gasto corriente.

Así que la sociedad civil tiene una gran tarea: revisar la ingente cantidad de partidos políticos para que, cuando llegue el momento de discutir el país que queremos, sea posible hacerlo sin papelones como en el último debate, en donde hubo candidatos que sobraban.