Escaparate Cultural

Este es un espacio en el que se exhibirán ideas y reflexiones sobre libros, arte y series de televisión. Parafraseando a Jorge Luis Borges: Que otros se enorgullezcan por lo que han escrito, yo me enorgullezco por lo que he leído y lo que he visto Twitter: @itoflores84

Gabriel Flores

Gabriel Flores

Licenciado en Comunicación Social por la U. Central del Ecuador. Máster en Literatura Hispanoamericana y Ecuatoriana por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Colabora con grupo EL COMERCIO desde el 2014. Escribe para la sección Cultura e Ideas.

‘Temporada de huracanes’

Si hay un lugar en el mundo en el que se siente la huella del desamparo y la violencia es La Matosa, el pueblo ficticio en el que se desarrolla la trama de ‘Temporada de huracanes’. Gracias a esta novela, la escritora mexicana Fernanda Melchor se convirtió en una de las finalistas de la última edición del Premio Man Booker Internacional.

En el desamparo está Yesenia, una muchacha que tuvo que acostumbrarse a vivir en medio del constante rechazo de su abuela; Norma una joven que llegó a La Matosa luego de huir de su pueblo, tras quedar embarazada de su padrastro; y Brando, un joven abandonado por su padre cuando era niño y por su madre años después, a causa del fanatismo religioso.

En ese mismo círculo de abandono extremo está Luismi, uno de los primos de Yesenia, que un día se encuentra a Norma llorando en un parque y decide llevarla a vivir a su casa y la bruja del pueblo que atrae y repele, con la misma intensidad, a hombres y mujeres y cuyo cuerpo, un día, aparece sin vida flotando en medio de un canal.

Aunque el asesinato de la bruja imprime un aire policial a la historia, la fuerza de la narración radica en la crudeza con la que Melchor muestra la pobreza, la violencia, la inequidad e incluso el deseo que habita en cada uno de los personajes. La precariedad, que incluye al paisaje árido y sucio del pueblo, se extiende a la vida interior de seres como Luismi.

Esta precariedad hace que todos los habitantes del pueblo se dediquen a chingar que, en palabras de Octavio Paz, significa que se afanen por ejercer violencia constante sobre otros. Una violencia que se exacerbada por el machismo que proviene de la esfera pública, pero que explota en la esfera íntima, donde todo lo que sale de la norma es condenado.

Asimismo, la orfandad en la que viven los protagonistas hace que los momentos de encuentro afectivo se reduzcan a intercambios en los que simplemente se satisfacen necesidades físicas. En esta historia el amor es una utopía, un privilegio al que nadie tiene acceso y que finalmente nadie anhela porque saben que solo los haría más vulnerables.

Por el lenguaje y las expresiones que usan los personajes La Matosa puede leerse como el espejo de cualquier pueblo mexicano, pero por la universalidad de las temáticas en las que hurga la autora puede estar localizado en cualquier punto geográfico de Latinoamérica e incluso de Estados Unidos. Finalmente el desamparo, la pobreza, la violencia y el horror tienen un alcance planetario.