Lo que otros callan por temor o timidez, aquí se lo dice sin anestesia. Es comentarista de fútbol de EL COMERCIO.
Alejandro Ribadeneira
Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Central. Es periodista desde 1994. Colabora con el Grupo El Comercio desde el 2000 y se ha desempeñado en diversos puestos desde entonces. Actualmente ocupa el cargo de Editor Vida Privada.

El ¿imposible? Mundial de fútbol en Ecuador

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Lunes 09 de septiembre 2019

Las implicaciones políticas de un gobierno (cualquiera sea el presidente) que desea obtener la sede de un Mundial de la FIFA son evidentes, muy parecidas a las de poner a Diego Armando Maradona como entrenador de Gimnasia y Esgrima, por ejemplo.

Mientras el Poder sea el Poder, siempre estará tentado a entre mezclarse con la gloria deportiva y absorber todos los réditos de las estrellas. Le pasó a Jefferson Pérez cuando los Bucaram dominaban la Federación de Atletismo, les pasa a todos los deportistas de élite de EE.UU. cuando desfilan por la Casa Blanca y les pasa a casi todos los clubes de fútbol, en Europa y en Ecuador, que son trampolines electorales.

En frío y dejando de lado la política, la idea de que Ecuador sea co-sede de un Mundial genera sentimientos encontrados. Es cuestionable que un país en desarrollo, que no ha resuelto sus problemas de acceso a servicios básicos y que actualmente no sabe cómo manejar la inmigración venezolana, pueda hacerse cargo del evento deportivo más grande del mundo. Con qué cara. Con qué hoteles. Con qué telecomunicaciones. Con qué canchas. Con una sola línea de Metro, hasta da vergüenza.

No obstante, también es verdad que la inversión (se habla de USD 14 000 millones) sería un enorme dinamizador de la obra pública. Porque habría que hacerlo casi todo, hasta los estadios. Incluso se podría aprovechar para derribar el Olímpico Atahualpa, que ni ascensor tiene, y construir el estadio que alguna vez el actual alcalde proyectó para la Mitad del Mundo.

Imaginemos ahí la final entre Francia y Ecuador, porque, ya que estamos, vamos a aprovechar los efectos de la altitud para ganar el trofeo. Eso sí, ojalá que pongan ahí la tradicional bola (monumento a Atlas), para poder encontrarnos ahí con los amigos que van al estadio, como debe ser.

El estadio Olímpico Atahualpa tiene capacidad para 35 258 aficionados en un partido de fútbol y solo 364 parqueos. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

El estadio Olímpico Atahualpa tiene capacidad para 35 258 aficionados en un partido de fútbol y solo 364 parqueos. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO