Análisis internacional

La columna se enfoca en alguno de los más importantes temas de la semana de impacto mundial y latinoamericano. Aspectos políticos y de coyuntura con fuentes de medios internacionales acreditadas. Otros artículos del autor: http://bit.ly/GnzloRuiz

Gonzalo Ruiz

Gonzalo Ruiz Álvarez

Gonzalo Ruiz Álvarez es Subdirector Adjunto de este Diario desde 2008. Ha sido articulista de opinión en EL COMERCIO desde 1991. Dirige el espacio de opinión matutino en Radio Quito y Platinum FM. Ha trabajado en radio y TV desde 1978.

Tuluá, 2021, Bogotá, 1985; Quito, 2019. Incendios bajo sospecha

La turbamulta. Fuenteovejuna. El delito en medio del caos. Una historia repetida y la inmensa sospecha de la ‘coincidencia’. Acaso nada es fortuito ni casual. Hay causalidad disfrazada con máscaras encubridoras. En el contexto de las marchas pacíficas de sectores sociales, hay una extraña coincidencia con manifestaciones violentas en Colombia. La destrucción de bienes públicos y privados, la fuerte represión y la muerte se juntan en calles, plazas y carreteras. Se están cargando una economía golpeada por la pandemia y se ahonda la brecha de la desigualdad social. El gobierno de Iván Duque instala mesas de diálogo con actores sociales pero los sectores perpetúan la protesta fuerte a la par que se sientan a dialogar. Hablar bajo amenaza no es aceptable.

En esta semana Tuluá, en el Valle del Cauca, fue escenario de un acto terrorista de proporciones. El incendio al Palacio de Justicia, los ataques al cabildo y a la oficina de la Fiscalía no parecen casualidad. En los juzgados reposaban miles de fojas de juicios e investigaciones judiciales de toda índole. Entre ellas centenas de expedientes de secuestros, delitos de narcotráfico, causas contra guerrilleros y ex guerrilleros de varios grupos violentos. La mano siniestra del terrorismo encapuchado parece haber aprovechado la tiniebla y el desorden para llevar a Tuluá una noche de terror, conforme recoge la revista Semana en los testimonios de los vecinos de Tuluá. Hay nueve sospechosos detenidos. ¿ Se sabrá toda la verdad alguna vez?

El seis de noviembre de 1985 un comando irrumpió en el Palacio de Justicia, en Plena Plaza Bolívar de Bogotá, un enorme emplazamiento flanqueado por edificios simbólicos como el propio Palacio de Nariño( sede del Ejecutivo) y el edificio del Congreso. La toma fue planificada y ejecutada por el Movimiento Guerrillero M -19 bajo las órdenes de Álvaro Fayad. Los insurgentes tenían su propio pulso con el presidente conservador Belisario Betancur. Murieron 101 personas (entre ellos, diez magistrados) y se incendiaron miles de fojas de juicios. Muchos casos quedaron impunes. Fue un acto violento y siniestro contra una institucionalidad en Colombia, acosada por la guerrilla y el narcotráfico. El M-19 llegó luego a un acuerdo de paz en 1990 con el Gobierno liberal de Virgilio Barco. Los guerrilleros dejaron las armas y se incorporaron a la vida política.

En octubre de 2019 en las fuertes manifestaciones articuladas por dirigentes de la Conaie, con los empresarios del transporte y algunas fuerzas siniestras que no se han identificado del todo hubo vandalismo y destrucción. El bloqueo y la toma de Quito, detonado por la liberación de los precios de los combustibles fue expresión del caos y la violencia. Fuerzas oscuras aun sin juicio ni plena identificación, entre la destrucción a los bienes patrimoniales y a las fuentes de producción aprovecharon el monumental relajo para incendiar la Contraloría. No sabemos – y acaso nunca lo sabremos a ciencia cierta – cuántas investigaciones sobre uso y abuso de los bienes públicos quedaron en cenizas, bajo la instigación de Fuenteovejuna, en este caso, parecería que bien ovejuna.