27 de diciembre de 2018 00:00

La violencia en las familias deriva en secuelas extremas

Policías reconstruyeron el momento en que un niño terminó con la vida de su padre. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

Policías reconstruyeron el momento en que un niño terminó con la vida de su padre. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

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Annabell Verdezoto

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En el barrio, los vecinos hablan poco de lo que ocurrió el 1 de diciembre. Prefieren no recodar cómo ese día un niño, de 14 años, terminó con la vida de su padre luego de apuñalarlo. Desde la ventana de la pequeña casa en la que vive el pequeño, su tía dice que las cosas vuelven a la normalidad y que su sobrino está calmado.

Nadie más habla. El 14 de diciembre del 2018, el resto de familiares estaba adentro. Ese día, un patrullero, dos carros de Inteligencia y siete policías llegaron al vecindario, acordonaron el sito y reconstruyeron lo ocurrido con el chico y su papá.

Los vecinos solo ven cómo los agentes extienden una cinta amarilla e impiden el paso de todos. de todos. Un morador que camina por el lugar recuerda que el padre era agresivo, que llegaba borracho y golpeaba a la esposa. Ni el embarazo lo frenaba. También agredía a su hija, que solamente tiene 12 años.

Otra persona dice que en los barrios es frecuente ver este tipo de violencia en las familias. Cerca de allí está Trinitaria Sur, una zona con casas pequeñas, de una planta.

Los policías que trabajan allí reciben hasta 20 llamadas de auxilio cada día. Cuando llegan a las viviendas se encuentran con casos de hombres que pegan a sus parejas y a sus pequeños hijos por celos, porque no prepararon la comida o porque no limpiaron la casa.

Estas emergencias son atendidas por el Departamento de Violencia Intrafamiliar (Devif) de la Policía y por la Fiscalía, a través de las unidades de violencia de género. Según el Devif, de enero a octubre del 2017 en el país se reportaron 47 412 delitos relacionados con esta clase de violencia. En ese período del 2018 hubo
45 775. En Quito llegó a 12 274.

En Guayaquil hay datos más actualizados. Entre enero y la semana pasada, 12 613 denuncias llegaron a la Fiscalía.

En cada barrio se cuentan historias de violencia. Una mujer de 23 años tiene un moretón en el rostro y un golpe en el cráneo. Todo ocurrió a las 22:00 del pasado sábado, en el sector de Nueva Prosperina.

Allí se han registrado mujeres agredidas con palos o piedras y han sido auxiliadas por sus vecinos o por policías.

En esa zona, un hombre golpeó con un palo a su pareja luego de haber escuchado que salía con otra persona y se negara a volver con él. Entonces, los gritos alertaron a los moradores. La encontraron en mal estado, la socorrieron y la llevaron hasta un hospital.

Tenía fracturas en la cabeza y murió dos semanas después.
En el país, hasta el 2 de di­ciembre, las parejas acabaron con la vida de 54 mujeres.

Todos los casos fueron catalogados como femicidio.

En Guayas se concentró el mayor ­número de hechos: 12. Luego vienen Manabí (8 casos) y Pichincha (7).

En la ciudadela Martha de Roldós, un barrio del norte guayaquileño, la gente dice que prefiere no meterse cuando ve este tipo de violencia.

En uno de los callejones vive Carmen, de 30 años. Ella es mamá de cuatro niños y hace tres meses denunció a su excónyuge por maltrato intrafamiliar.

Su expareja había golpeado a su hijo, un pequeño de 3 años.
Tiene una cicatriz pequeña en su pierna izquierda.

La agresividad con la que la trataba su exesposo hizo que Carmen se separara.
Recuerda que los insultos no solo eran para ella sino también para sus hijos. Ahora tiene una boleta de auxilio y su hijo prefiere no visitar a su papá.

En 10 meses de este año, 555 personas fueron detenidas en el país por agredir a sus parejas e hijos. La violencia física contra la mujer o integrantes de la familia es sancionada con penas que superan los siete años, de acuerdo con la gravedad.

El acoso psicológico, en cambio, se pena con cárcel de uno a tres años.
En la Fiscalía, las mujeres agredidas llegan casi a diario.

Sin embargo, de las denuncias presentadas el 90% de las afectadas no continúa el proceso, según la entidad.

Los agentes fiscales dicen que luego de la pelea, de la agresión y de la denuncia también viene la reconciliación de la pareja. Por eso, las mujeres que han sido golpeadas desisten del proceso legal y no los acusan. En otros casos retiran oficialmente las denuncias.

En las oficinas judiciales incluso tienen casos en los que las denunciantes terminan por acusar a los funcionarios de querer “dañar el hogar” por continuar con las indagaciones o llamar a los implicados a rendir versiones en los procesos.

Los médicos legistas de la Fiscalía son los encargados de evaluar las heridas, lesiones u otras secuelas. Las pacientes son recibidas en unos cubículos con vidrios oscuros.

La madrugada del pasado domingo, 15 mujeres llegaron golpeadas. La mayoría había sido abofeteada por su pareja tras una discusión. Lloraban y tenían el rostro hinchado por los golpes recibidos.

Personal que sigue estos casos dice que la mayor cantidad de reportes se presenta usualmente entre las 18:00 y 21:00, pues “los agresores llegan a sus casas cansados, luego de beber con amigos”. También ocurre en la madrugada. Uno de esos episodios se vivió cuando el niño de 14 años terminó con la vida de su padre.

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