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La victoria de la profascista Giorgia Meloni fractura a una UE en crisis

Giorgia Meloni agradece los votos en el cuartel electoral de Hermanos de Italia, un partido que tiene el mismo símbolo del fascista Movimiento Social Italiano. Foto: EFE.

Parece una ironía de la historia. Entre el 27 y el 29 de octubre de 1922, Benito Mussolini dirigía la marcha sobre Roma. Que lo llevó al poder para instaurar su tiránico gobierno. Cien años después, la sombra del fascismo vuelve a Italia con la victoria de Giorgia Meloni.

Será la primera mujer que ocupará el cargo de Primera Ministra italiana. Es la líder del partido Fratelli d’Italia (Hermanos de Italia), el más votado en las elecciones del domingo 25 de septiembre. Ella, sin embargo, ha insistido en que no es fascista, pero las señales de su partido indican todo lo contrario.

El símbolo del Fratelli es la llama con los colores de la bandera italiana. Exactamente igual a la que tenía el Movimiento Social Italiano. Partido que fue fundado en 1946, tras la II Guerra Mundial y la derrota de Italia, por los seguidores de Mussolini.

Como cuenta la BBC, en Italia no hubo un proceso análogo de la ‘desnazificación’ en Alemania tras el triunfo de los aliados y los profascistas pudieron convivir políticamente en el país, aunque con escasas victorias, al menos ninguna como la del domingo pasado, con la que tomará las riendas del país.

¿Fascismo y tiranía?

Como ha ocurrido en varios países del mundo, el escepticismo hacia la clase política, la caída de la izquierda y el crecimiento de los partidos antisistema terminaron fortaleciendo a Meloni y su partido. La campaña de que su gobierno será una tiranía por parte del Partido Demócrata, uno de los grandes perdedores y otros partidos de izquierda, no caló en el electorado.

Y para despejar temores, tras ganar en las urnas, tuvo un discurso conciliador en el que prometió, como suelen hacer los triunfadores, “gobernar para todos”.

Como sostiene el periodista italiano Mattia Ferraresi, en el New York Times, “a pesar de todo el radicalismo retórico y el extremismo histórico de su partido”, no tendrá un gran margen de maniobra. Porque está atada a la UE y al sistema político italiano. “No podría convertir Roma en Budapest aunque quisiera”, añade Ferraresi.

Preocupación europea

La Unión Europea (UE) vive sus momentos más difíciles desde su conformación en 1993 y del que Italia es uno de sus más importantes fundadores y miembros. Se fue Reino Unido tras el Brexit; con la pandemia, hubo fricciones al interior entre los países rigurosos y los laxos en el manejo de la caja fiscal, entre los que se encuentra Italia, para un rescate millonario, y ahora tiene de cerca el conflicto la guerra entre Rusia y Ucrania.

Pero el “mayor baluarte contra la autocracia en Italia se puede resumir en una palabra: Europa”, añade Ferraresi. Y de hecho, Italia es el país más beneficiado, con un rescate de casi USD 192 212 millones en los próximos años. Pero, para llegar a este auxilio, deberá ser un país que respete la institucionalidad democrática en su país.

Hay preocupación en una Europa dividida. La UE señaló que espera trabajar en conjunto con el próximo gobierno italiano, pero también advirtió que deberá respetar los acuerdos pactados. “Esto es para todos los Estados miembros y especialmente con aquellos que tienen el alto nivel de deuda como una prioridad real”, dijo el comisario europeo de Economía, Paolo Gentiloni.

En cambio, el ministro de Asuntos Exteriores de España, José Manuel Albares, advierte a Italia que tiene compromisos con la UE y hasta cuestionó el populismo de Meloni al señalar que “apuestan por cerrémonos y volvamos al pasado”. Y Francia, si bien reconoció diplomáticamente la victoria en Italia, a la vez apoyó la posición comunitaria en que se deben respetar valores como los derechos humanos y el derecho al aborto.

En cambio, Meloni recibió las felicitaciones del ultraderechista primer ministro de Hungría, Víktor Orbán . Mientras que los partidos de esa tendencia en Europa ven que lo ocurrido en Italia les brinda nuevas posibilidades de consagrarse en el continente.