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Prototipo de vacuna ecuatoriana contra el covid-19 se probará en ratones

La bióloga molecular María José Cáceres observa células humanas en el microscopio. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

La bióloga molecular María José Cáceres observa células humanas en el microscopio. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

La bióloga molecular María José Cáceres observa células humanas en el microscopio. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

Estaba a punto de concluir su carrera en la Universidad de Toronto cuando se declaró la pandemia de covid-19. María José Cáceres recuerda que sus profesores de Virología dejaron los estudios de VIH e influenza para centrarse en el SARS-CoV-2.

“Canadá dio los fondos. Cree en la ciencia para buscar soluciones”, dice. Al volver a Ecuador, la joven de 23 años, especializada en Biología Molecular, se topó con una realidad distinta que intenta cambiar. Regresó en julio y tres meses después se unió al equipo de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol), que diseñó un prototipo de vacuna contra el coronavirus que pasará al ensayo en animales.

En el laboratorio para Investigaciones Biomédicas, en la Facultad de Ciencias de la Vida, Cáceres observa en el microscopio las células que usaron para generar la proteína recombinante que se inyectará en ratones para obtener anticuerpos neutralizantes.

El estudio es liderado por Washington Cárdenas. El jefe del laboratorio de la Espol recuerda que a inicios del 2020 envió a sintetizar un segmento del ARN viral a EE.UU.

Pensaban crear un método diagnóstico, pero en marzo arrancaron con la vacuna, tras recibir USD 20 000 de la Corporación Ecuatoriana para el Desarrollo de la Investigación y la Academia (Cedia).

Mientras Guayaquil vivía días de confinamiento y alta mortalidad, en la Espol creaban una plataforma genética para ese fragmento del virus que llegó del exterior -una parte de la proteína S-. Hacerlo no fue complicado. Desde hace 10 años el laboratorio trabaja con virus como rabia, zika, ébola.

Esa tecnología permitió introducir la secuencia sintetizada en células HEK 293 -embrionarias de riñón- y células CHO -de hámster; funcionan como fábricas para producir la proteína base del prototipo.

Cárdenas, especialista en Virología Molecular, incluso introdujo instrucciones genéticas en la proteína para que sea secretada por la célula y así facilitar su recolección y purificación, que es la fase actual.

El prototipo trabaja con una parte de la espícula del virus, proteína S (spike), que se une al receptor ACE2 de la célula humana para infectarla.

Específicamente, es el segmento ‘dominio de unión al receptor’ (RBD, en inglés), región que más mutaciones ha tenido.

“La plataforma permite hacer actualizaciones. Se puede cambiar esa secuencia por una nueva y va a producción -dice Cárdenas-. Si surge otra pandemia no empezaremos de cero, porque hay un proceso desde producir la proteína, purificarla, pruebas en animales y luego en humanos”.

El ensayo en roedores es decisivo y su resultado les facilitaría conseguir USD 500 000 para gastos, como seguro médico de los voluntarios de futuras fases. Así, la vacuna estaría lista a mediados del 2022.

“Ahora debemos demostrar que la proteína produce anticuerpos y que sí protegen -dice el investigador-. Llegar al 50% de efectividad será un logro”.

Para el ensayo preclínico, el área de Inmunología y Virología de la Universidad de las Fuerzas Armadas (Espe) está reproduciendo más de 100 ratones BALB/c albinos. Marbel Torres, jefe de laboratorio, calcula que empezarán en un mes y medio; y en cuatro obtendrían los primeros datos.

“Vamos a separarlos en grupos y a colocar diferentes concentraciones de las proteínas, probando dosis para que presenten anticuerpos”. La inmunización se hará tres o cuatro veces, con análisis en sangre para evaluar si su respuesta inmunológica aumenta. Y se cuantificarán los anticuerpos.

La meta es lograr una vacuna de antígeno, usada tradicionalmente en el país. Así esperan que sea más sencillo cumplir la normativa del Comité Nacional de Bioética, de llegar a pruebas en humanos.

Las vacunas contra el covid-19 han roto esquemas en el mundo. 10 meses le tomó a Pfizer y a BioNtech tener la fórmula que hoy Ecuador importa. Eso no tiene precedentes: 10 años tomó crear la vacuna contra el sarampión.

Para Esteban Ortiz es posible hacer dosis propias. Pero el investigador de la UDLA ve un candado burocrático. “Ecuador hizo tres lotes de la pentavalente y tras dos años no se logró el ensayo. Se necesita decisión política y dinero para montar una planta”.

Con su prototipo, el equipo de la Espol quiere probar que se puede depender menos de la importación. Cáceres recuerda que Canadá hizo sus propios kits PCR. “Este prototipo ayudará a generar potenciales vacunas para otros virus”.

En contexto

Hasta ayer, 69 030 personas habían sido vacunadas en Ecuador con dosis de Pfizer y Sinovac. Terminó la fase cero y desde el primer día de este mes empezó la etapa dos, que incluirá a dos millones de ciudadanos, según información del plan de inmunización.

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