23 de August de 2009 00:00

Se trata de Juan Villoro...

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Decía Borges que en su juventud, cuando empezaba a escribir, la noción de éxito no existía en el mundo de las letras. El fracaso, en cambio, se daba por descontado. Era un hecho. No se escribía por el halago. Se escribía, porque en el fondo de todo ser humano espera la soledad.



Iván Oñate
Poeta
Profesor invitado por: Westminster University y el Kings College de Londres. A&M Texas University. George Mason University, Washington.  Florida State University. U de Lieja. U de Lille. U de Lovaina.  U de Austin.Aguarda la muerte. Tengo la convicción de que esta sabiduría rige en la faena diaria de uno de los más grandes representantes de la literatura hispanoamericana actual. Me refiero al mexicano Juan Villoro. Gracias a la generosidad de la escritora colombiana Ana María Jaramillo  tuve la oportunidad de vivir un par de meses en el estudio del poeta mexicano José María Espinosa.

Entre los miles de libros que cubrían completamente todas las paredes de ese hermoso apartamento,  situado en pleno centro histórico de la ciudad de México, encontré los libros de Juan Villoro. Por las dedicatorias en las primeras páginas  pude darme cuenta de la profunda y afectuosa amistad que unía a Juan y al ‘Chema’ Espinosa.

Los dos habían compartido charlas y lecturas cuando trabajaban en el suplemento cultural de La Jornada, suplemento que José María dirigió por largo tiempo.

Durante mi estadía, pude adentrarme en un lúcido y ameno libro de ensayos: ‘De eso se trata’.  En ese texto, Juan Villoro practica lo que predica. Logra para sus ensayos “la extraña consonancia  entre la mano que indica un detalle y la mirada brillante de quien no lo había advertido”. Por ejemplo, en la consabida duda de Hamlet:  ser o no ser, esa es la cuestión.

He ahí el dilema. Un pequeño cambio: ser o no ser, de eso se trata. Cambio que significa un verdadero vuelco semántico. Una revelación epistemológica. Por mi parte, también significó un vuelco epistemológico el conocer personalmente a Juan Villoro.
 
Fue reveladora su sencillez, su generosidad, su simpatía. Virtudes que han servido para que se llene de luminosas revelaciones toda su obra. De eso se trata, Juan Villoro. De eso.

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