1 de julio de 2019 11:15

1028 personas trans han inscrito el género de su elección en su cédula de identidad

Nua Fuentes de 28 años se involucró en la lucha por la identificación de género desde el 2008. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

Nua Fuentes es socióloga y funcionaria del Ministerio de Trabajo, dedicada a los grupos prioritarios. Aunque reconoce que el registro de género es un logro, defiende el género universal. Foto: EL COMERCIO

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Yadira Trujillo y
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En el campo ‘apellidos y nombres’ de su documento de identidad hay uno femenino. Pero el ítem ‘sexo’ dice que es hombre. Es la contradicción que Nua Fuentes quiere mantener, pese a la aprobación de la Ley Orgánica de Gestión de la Identidad y Datos Civiles (Logidac), en el 2016.

Para esta transfemenina, de 28 años, que se involucró en la lucha por la identificación de género desde el 2008, el dato de su sexo biológico “quedó invisibilizado, pero legalmente sería un hombre femenino”, lo cual no constituye un reconocimiento a su identidad, asegura.

Nua es socióloga y es funcionaria del Ministerio de Trabajo, dedicada a los grupos prioritarios. Aunque reconoce que el cambio de sexo por género en la cédula de las personas trans ha sido importante, considera que hace falta una crítica que lleve a alcanzar la propuesta inicial del colectivo trans: la del género universal.

Esto, porque la norma dio lugar a que existan dos tipos de cédula; una de ellas, que contiene la denominación género, hace evidente que se trata de personas trans. Mientras que para los císgenero (personas que se identifican con su sexo biológico) se coloca el campo con la palabra sexo.

Según el Registro Civil, desde agosto del 2016 hasta abril del 2019, 1 028 personas trans han cambiado sexo por género en su cédula. De ellas, el 64% también realizó el cambio de nombre durante el mismo período. En la práctica, el primer cambio de nombre se pidió en el 2007 por un proceso que impulsó proyecto Transgénero, llamado Ciudadanas Luis Enrique.

A través de una acción de protección, la Corte Constitucional determinó que el impedimento de reconocer al entonces ciudadano Luis Enrique como Gabriela, que era como se identificaba, era discriminatorio y que el Registro Civil debía reconocer el cambio de nombre.

Ese fue el primer precedente legal, que se formalizó luego, en la Constituyente del 2008. Por ello, buena parte de la población trans ya había cambiado su nombre antes del 2016.

Para las personas que no han registrado el nombre con el que se identifican pueden hacerlo en un solo paso con la decisión de cambiar el campo sexo por género, según el Registro Civil. Esta variación se margina en la partida de nacimiento.


Solo en cuatro ciudades del país la población trans puede realizar este trámite: Guayaquil, Quito, Cuenca y Manta. En la provincia del Guayas se registró el 54% de los cambios, desde el 2016 hasta abril de este año.

En Guayaquil vive Mariasol Mite. Cambió de nombre en el 2013 y con la Logidac también registró su género, tres años después. Lo hizo cuando estaba a punto de graduarse porque iban a poner ‘licenciado’ en su título.

A escala global, el interés por registrar el género se podría decir que se ha reducido en el país. Entre el 2016, año en el que se contabilizaron más cambios, y el 2018 bajaron un 36%.

En el párrafo final de su artículo 94, la Ley de Datos Civiles establece que “voluntariamente, al cumplir la mayoría de edad y por una sola vez, la persona por autodeterminación podrá sustituir el campo sexo por el de género, que puede ser: masculino o femenino”.

Más de una vez, Nua, graduada de socióloga en la PUCE, terminó en departamentos de seguridad de aeropuertos. Cuenta que era considerada una persona sospechosa por tener una cédula que no concuerda con lo que expresa su estética y su identidad.

La opción de colocar el género en el documento de identidad es opcional. Núa cree que finalmente el resultado es algo problemático, ya que –asegura– da espacio a violaciones de derechos, al existir dos formas de identificación.

“En cualquier sitio al que vaya sabrán que soy trans, porque solo la cédula de los transgénero dice género. Es una forma de señalarnos”, reflexiona Mathilde Barragán. Está a menos de un año de finalizar la carrera de Arquitectura en la USFQ.

El pasado lunes 24 de junio, Mathilde permaneció cinco horas en el Registro Civil para cambiar su cédula. Primero tuvo que renovar el documento donde constaba su sexo masculino. La que tenía era de niño y le pidieron presentar una actualizada.

Ella llegó con un vestido vino floreado, el cabello lacio y largo suelto. Se maquilló para ese momento, a partir del cual –aspira– terminarían varios inconvenientes.

En uno de los módulos del Registro Civil le pidieron que se desmaquille para renovar la cédula en la que constaba como hombre. Matilde se negó. Esta institución actualmente realiza capacitaciones al personal operativo sobre atención al público. Pero todavía los transgénero enfrentan situaciones que incomodan en dependencias públicas.

Al trámite la acompañaron su madre y hermano. La Ley establece que “el acto se realizará en presencia de dos testigos que acrediten una autodeterminación contraria al sexo del solicitante y por al menos dos años”.


Para la activista Nua Fuentes, esto constituye una vulneración de derechos, ya que se habla de autodeterminación, pero al mismo tiempo se pide que otras personas garanticen la identidad de las trans.

Finalmente, la cédula renovada de Mathilde se quedó allí. Con una sonrisa posó con el nuevo documento, segura de que no tendrá que volver a explicar que es una persona trans cuando realiza una compra con su tarjeta de crédito. Tampoco tendrá que usar el pasaporte de su hermana para entrar a un bar, para evitar ser señalada.

Amada, la niña transgénero que cambió su identidad en noviembre del 2018, es la única menor que consta en los registros del país, sin llegar a la mayoría de edad. La Ley dice que el cambio es posible desde los 18 a los 60 años. Hay más registros a la edad de 24, con 61 cambios. El pico de cambios se produce entre los 23 y los 25.

Incluso a los 60 años se registraron cambios desde la aprobación de la Ley. Son tres, pero no es a la edad en la que se produjeron menos cambios de sexo por género. En los cuatro años, solo una persona lo realizó a los 53 y otra a los 59 años.

Según la Logidac el cambio “no afectará los datos del registro personal único de la persona relativos al sexo. De darse esta situación, el peticionario podrá solicitar el cambio en los nombres a causa de la sustitución del campo sexo por el de género”.

Por ende, a Matilde le esperan varios procesos para cambiar su identidad en tarjetas, licencia de conducir, pasaporte, títulos de niveles de educación anteriores, etc. Deberá solicitar un certificado en el Registro Civil para solicitar el cambio en cada entidad correspondiente.

Pero Sebastián no tiene la mejor experiencia, producto de estos trámites. Luego de cambiar el campo sexo por género en su cédula fue a renovar su licencia de conducir. Cuenta que una funcionaria intentó cambiar su género a masculino, igual que en su cédula, de forma manual, pero el sistema no se lo permitió.

Sebastián se definía como lesbiana antes de descubrirse como hombre transmasculino. Su madre fue la primera persona en apoyarlo. MatHilde está por terminar su carrera de Arquitectura en la USFQ. La apertura al matrimonio igualitario le animó a cambiar su

Sebastián se definía como lesbiana antes de descubrirse como hombre transmasculino. Su madre fue la primera persona en apoyarlo. Mathilde está por terminar su carrera de Arquitectura en la USFQ. La apertura al matrimonio igualitario le animó a cambiar su cédula. Lo hizo el lunes. Fotos: EL COMERCIO

Este chico transmasculino es parte de 141 que han colocado su género en la cédula. Apenas el 17% de los cambios registrados hasta febrero del 2019 corresponden a cambios de sexo mujer a género masculino.

El joven tiene una tienda online donde ofrece productos para que otros chicos como él realicen sus transiciones. Desde niño le incomodó su sexo biológico. Cuenta que en su adolescencia se definía como lesbiana hasta que se descubrió como un hombre trans.

Los transgénero masculinos (o transmasculinos) son las personas que nacen con genitales femeninos pero su identidad de género es de varón. Mientras, aquellas personas que nacen con genitales masculinos y se identifican como mujeres son transfemeninas.

Según los datos del Registro Civil, Pichincha es la provincia con más cambios de sexo mujer a género masculino. La mayor cantidad se dio a la edad de 27 años. En las cuatro provincias, la mayoría de cambios de este tipo se dieron a la edad de 19 años y de 27, con 12 en cada edad.

En Manabí se dieron la menor cantidad de cambios a hombres trans, con apenas 4, mientras que en Azuay hubo 9.

Para la profesora e investigadora del departamento de Sociología y Estudios de Género de la Flacso, Sofía Argüello, la identificación trans ha estado visibilizada en los cuerpos que transitan de la biología masculina a la apropiación cultural de lo femenino.

Asegura que, mientras los cuerpos transmasculinos todavía tienen espacios donde no pueden visibilizarse del todo, gran parte de la población transfemenina vive en condiciones de vulnerabilidad económica y son cuerpos mucho más visibles.

La estética transfemenina –asegura Argüello– es mucho más disruptiva en términos culturales, mientras que las corporalidades transmasculinas no inquietan tanto.

Karla Yadira debe mantener una estética masculina para conservar su trabajo. Allí es ‘Carlitos’. Y tiene que verse como tal. Solo en el activismo, esta mujer transgénero puede ser ella misma. Se define como una trans de clóset por eso.

Más cambios de sexo hombre a género femenino se dieron en Guayas, ahí se concentra el 56% de estos cambios. La mayoría fueron a los 31 años en esa provincia. Sin embargo, en las cuatro provincias la mayoría de cambios, fueron a los 24 años, con 48 registros. Desde esa edad bajan los trámites hasta los 60, donde se registraron dos, desde el 2016.

Amy Mendoza, de Guayaquil, hizo su transición al género femenino en Chile. Asegura que allá encontró mayor apertura. Actualmente vive en su ciudad de origen. Considera un logro el identificarse como mujer en su cédula. “Antes la gente me veía y dudaba. Decía ¿es hombre o mujer?”, cuenta.

La activista trans, Rashell Erazo, participó en la elaboración del informe Basta de genocidio trans, de la Red Latinoamericana y del Caribe de Personas Trans, que se hizo en el marco del proyecto regional del Fondo Mundial y se aplicó en 13 países.

Asegura que si se hiciera un censo quedaría en evidencia que menos del 1% de la población trans es la que se ha cedulado con su género en Ecuador. Dice que ocurre porque el cambio es opcional y la Ley no se ha difundido.

Según el informe, que es del 2018, el 60% de las mujeres trans de Ecuador, que fueron encuestadas para el mismo, no cuentan con el cambio de nombre en su cédula y hacen uso de su nombre legal.

No se conoce cuántas personas trans viven en Ecuador. El primer y único estudio sobre Condiciones de Vida e Inclusión Social de Población Glbti es del 2013, con datos de 2 805 personas. El 31% de esta población corresponde a personas transgénero, según este informe.

La fundación Pakta ha asesorado casos de ciudadanos trans, especialmente de niños como Amada. Christian Paula, abogado, sostiene que la Asamblea se encuentra en mora con disposiciones emitidas por la Corte Constitucional, tras fallos en tres casos.

Lo que se dispuso es que se legisle para garantizar el derecho a la autoidentificación. Los abogados de Pakta consideran que se debe reformar más de una ley para ello. Además de la Ley de Datos Civiles, Paula menciona, por ejemplo, el Código Civil, Código de la Niñez, Ley de Amparo al Paciente, Ley Nacional de Registro de Datos Públicos.

Todas las leyes –explica el presidente de Pakta– tienen que adecuarse para permitir la reserva de la información y para que el derecho en los servicios de salud o educación, en lo público y lo privado, esté también protegido.

Además, Paula recordó que la Opinión consultiva 24/17 de la Corte Interamericana de Derechos Humanos aplica también en este caso, ya que no solo habla del derecho al matrimonio igualitario, sino a todos los vinculados con la población Lgbti.

Pero, la Asamblea no ha avanzado con casos como el del transmasculino Bruno Paolo (de agosto del 2017) y el de Satya Bicknell Rothon (mayo 2018). Tenía que legislar para reconocer la identidad de género y dobles paternidades y maternidades.

La población trans coincide en que es un avance a medias. De hecho, en un pronunciamiento emitido tras la Logidac del 2016, Pacto Trans Ecuador manifiesta que es una victoria “agridulce”, en el sentido de que es positivo que se use la palabra género, pero no tanto, que no se aborde de manera universal, sino opcional.

Ayer finalizó el Mes del Orgullo Lgbti, que se conmemoró con marchas en todo el mundo. Para la comunidad en Ecuador, este junio 2019 es especial, ya que el miércoles 12, la Corte Constitucional dio paso al matrimonio civil igualitario en el país.

Sebastián, Matilde, Amy, Nua, Mariasol y Karla pasan desapercibidos hasta que enseñan su cédula. Y personas a quienes no les deben explicaciones les hacen preguntas incómodas.

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