20 de junio de 2018 00:00

Tisaleo, en Tungurahua, se queja del ruido de redes eléctricas

Siete familias abandonaron sus casas en las zonas de Chilco y La Esperanza, por el ruido que emiten los cables. Foto: Glenda Giacometti / EL COMERCIO

Siete familias abandonaron sus casas en las zonas de Chilco y La Esperanza, por el ruido que emiten los cables. Foto: Glenda Giacometti / EL COMERCIO

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Fabián Maisanche

En dos cantones de Tungurahua se oponen a nuevas redes eléctricas. En Tisaleo, los pobladores de 25 comunidades del cantón Tisaleo y de la parroquia Salasaka, en Pelileo, se quejan de que el ruido que producen las líneas de transmisión eléctrica de 500 kilovoltios les afecta a ellos y a sus animales.

En Pelileo, la renovación del tendido de la línea de subtransmisión de69 000 voltios divide a las comunidades.

En el primer cantón, los campesinos insisten en la reubicación de las torres, postes y la red. Los problemas, dicen, empezaron en marzo y son expuestos cada semana en las asambleas comunitarias. Así lo hicieron ese mes los agricultores y ganaderos de Tisaleo, cuando se opusieron a la construcción del sistema de cables de 500 kV, que sirven para transportar la energía de las centrales hidroeléctricas Coca-Codo Sinclair y Sopladora.

Las denuncias fueron presentadas formalmente a la Gobernación y a los funcionarios de la Corporación Eléctrica del Ecuador (Celec EP).

El ganadero Miguel Maliza, de la comuna La Esperanza, asegura que el ruido provocó que tres vacas perdieran sus crías. Tiene ocho vacas y dos toros, que pastan en las cercanías de las gigantes torres.

“Estos días apagaron la subestación y ya no se escucha nada. Mis vecinos también registraron abortos en sus vacas”.

Carlos Labre, presidente de la comunidad Chilco, dice que hasta el momento se han dado 15 casos de abortos de las reses.

Pero también hay otros inconvenientes. Por el ruido y la ubicación de los cables, los dos hijos de Manuela Cepa abandonaron el terreno en La Esperanza, que recibieron como herencia de su padre.

Julio y Efraín Capuz cuentan que el predio está en la parte baja de la línea de transmisión y que es imposible construir viviendas, porque se debe respetar la denominada franja de servidumbre o zona de seguridad eléctrica. “Mis hijos ya no quieren construir ahí y eso que pagamos USD 120 por el alcantarillado”, comenta Cepa.

Una de las viviendas que está próxima a la estructura es la de Antonio Naranjo y Elevación Poaquiza. Los agricultores construyeron su casa en medio de los pastizales.

“Cuando llueve, el ruido aumenta y analizamos abandonar la casa e irnos a otra zona. Queremos la reubicación de las torres”, indica Naranjo.

La Celec EP manifestó que el pedido de reubicación de una parte de los 200 kilómetros de redes, incluidas las torres, entre Tisaleo y Chorrillos (Guayaquil) no se puede realizar, porque es un proyecto nacional. Las estructuras metálicas de 50 metros de altura, cerca de 5 metros de ancho y de 30 toneladas de peso forman parte del paisaje.

Como medida de compensación para esas comunidades, tres kilómetros de la vía que une a Chilco, La Esperanza y Luz de América serán asfaltados. Además, se instalará un sistema de alumbrado público y tuberías de agua potable por USD 1,8 millones.

Juan Saavedra, gerente general de Celec EP, reconoce que el proyecto se encontraba interrumpido por varios factores entre las comunidades y la institución. “El tema del ruido estamos analizando por medio de una consultoría”.

Las obras en Pelileo

Los trabajos de reubicación de los postes y el tendido de la línea, entre las subestaciones de Totoras (Ambato) y Pelileo, están paralizados desde abril.

Los técnicos de la Empresa Eléctrica Ambato Regional Centro Norte (Eearcn) no pueden continuar con las obras por la oposición de 80 familias de la comunidad Chilkapamba, Salasaka Centro, Sanjaloma Alto y Rumiñahui.

Al rechazo se sumaron los dirigentes de las 18 comunidades del Consejo de Gobierno del Pueblo Salasaka. Los dirigentes de los cabildos aducen que las nuevas estructuras y cables provocarán contaminación visual en la vía Ambato–Pelileo, la zona en donde se colocarán las redes.

“Hay cables suspendidos en esta zona turística que parecen telarañas y se ve feo para los negocios de artesanías y ropa”, asegura Ángel Pilla, presidente de Chilkapamba.

Los indígenas proponen que las líneas sean soterradas, como se hará con el alumbrado público y doméstico. Ese soterramiento en el centro de Salasaka costará USD 500 000, pero hacer lo otro es más caro. “Aceptar el pedido de la comunidad elevaría 10 veces el costo total del proyecto, que es de 1 millón de dólares”, asegura Jaime Astudillo, presidente ejecutivo de la Eearcn.

En cambio, 710 familias de Salasaka y del centro poblado de Pelileo sí están de acuerdo con la reubicación y solicitaron ser recibidos por las autoridades indígenas.

Algunos vecinos construyeron sus viviendas en la parte baja de los cables y quieren librarse de esa red.

En contexto

Las líneas de transmisión de 500 kilovoltios, que sirven para trasladar la energía de las centrales hidroeléctricas Coca-Codo Sinclair y Sopladora, atraviesan por las tierras de 25 comunidades del cantón Tisaleo; fueron instaladas en marzo.

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