31 de enero de 2021 00:00

Susana Alvear: Distribución de la vacuna devela inequidad social

Médica, graduada en la U. Central y con entrenamiento en ciencias clínicas en EE.UU. Presidenta del Comité de Ética de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE). Profesora de pregrado y de la maestría de Bioética. Foto: Archivo Particular

Médica, graduada en la U. Central y con entrenamiento en ciencias clínicas en EE.UU. Presidenta del Comité de Ética de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE). Profesora de pregrado y de la maestría de Bioética. Foto: Archivo Particular

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Mariela Rosero

El mundo entero quiere protegerse frente al covid-19, pero no hay vacunas para todos. ¿Cómo decidir qué vidas proteger con las primeras dosis?

Las vacunas, por ahora, sirven para evitar la mortalidad en pacientes graves, no para disminuir la transmisión del virus. La declaración del grupo de Expertos en Asesoramiento Estratégico sobre Inmunización (Sage) de la OMS se basa en principios de salud pública, cruzados por la ética y la moral. Es complejo aplicar una distribución justa de este bien, pero hay que considerar derechos humanos y de equidad y por eso preocupa lo que dice Tedros Adhanom, presidente del organismo.

¿Qué señala?
Que en el mundo hay un problema moral, que no permite equidad. Los países más ricos tienen el 60% de vacunas y a una región de África solo llegaron 25 dosis. El grupo Sage recomendó basarse en el grado de vulnerabilidad.

¿Eso qué implica?
La vacunación tiene fases cero, uno, dos y tres. La etapa cero es para el personal de salud, que está en primera línea, no solo médicos sino enfermeras, auxiliares, gente que limpia, prepara comidas y trabajadores esenciales de un hospital. Aparte de ellos están las personas que si se contagian tienen más riesgo de morir.

¿Los adultos mayores?
Claro. La mortalidad, a causa del covid, aumenta desde los 60 años. A la edad se suman comorbilidades, asma, EPOC, obesidad... Los sistemas de salud de cada país deben contar con un plan de vacunación, cuyos protocolos no se pueden saltar, hay lineamientos mundiales. En Malasia decidieron aplicar otro plan y empezaron a vacunar a los más jóvenes, pasando por alto el concepto de vulnerabilidad y basándose en que ellos mueven la economía. La distribución de las vacunas trae una discusión ética.

En varios países, funcionarios, sin ser población prioritaria, se han saltado la fila para que les administren la vacuna ¿En el fondo el problema es ético o simple desconocimiento?
Más allá de lo que podamos juzgar en torno a lo ocurrido aquí y en otros países, hay un punto: la falta de un proceso de deliberación en cuanto a la hoja de ruta de la administración de vacunas. Acá en Ecuador, según el Ministro de Salud, se ha trabajado seis meses en el plan. Pero ese documento debía ser discutido y expuesto ante grupos sociales.

¿Para qué?
Como hemos visto en estos días, hay varios grupos que quieren convertirse en veedores del proceso de vacunación. Como sociedad nos ha faltado involucrarnos más, tomar decisiones, en la línea de promover el bien común.
No he visto una campaña de educación masiva sobre por qué se aplican estas vacunas de Pfizer, que me parecen las mejores, por haber pasado la fase tres. Todos deberían saber qué se hace si ‘sobran’ dosis, que se pueden perder cuando no se mantiene una cadena estructurada, de frío, por ejemplo.

¿Esta preocupación en torno al buen manejo de las vacunas qué muestra?

La distribución de las vacunas en la pandemia nos ha demostrado las inequidades sociales. Los pobres y las minorías étnicas son los que más se mueren en el mundo y no las tienen. Hay una crisis moral, cuando más necesitamos avanzar a una transformación social. Por años hemos aceptado las desigualdades y las hicimos parte de la vida. Y criticamos a la gente que no sigue medidas de bioseguridad pese a que no tiene recursos.

La decisión del Ministro de vacunar a su madre, que vive en un edificio privado, hace que la gente debata sobre cuál familiar es más importante. ¿Hay vidas que valen más?
No quisiera juzgar sin conocer qué más existe alrededor de eso. También es verdad que estamos en medio de la campaña electoral. No lo justifico para nada, no puedo decir si hizo bien o mal, pero hay un principio de justicia social, de que las vacunas son un bien público. Me pregunto qué pasará cuando se dañen las vacunas porque alguien no las refrigeró adecuadamente. La sociedad debe inmiscuirse más en la política pública.

En redes, el caso de la madre del Ministro se ha planteado también como un tema de que en centros privados también tienen derecho a la vacuna. ¿La población pobre, en geriátricos públicos, es más vulnerable, debe ser prioridad?
Todos los ecuatorianos tenemos derecho a la vacuna y a un sistema de sanidad de la mejor calidad y gratuito. Pero sí hay un grupo de personas vulnerables no por la edad ni por enfermedad, porque quizá viven en la calle, o sin agua potable permanente, o porque varios comparten un dormitorio y hay más riesgo de contagiar a otros ciudadanos.

¿Esta vacuna debiera convertirse en unos meses en una mercancía, para quien pueda pagarla?
Lamentablemente, hay una crisis ética, los países ricos, como Canadá, han comprado seis veces más dosis que los de Latinoamérica. Japón tiene 60% de producción de vacunas y el 1% de contagiados en el mundo. Al menos este año no debiera ser una mercancía más, cuánto costaría, cómo controlar la calidad.

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