8 de October de 2011 00:01

‘La probidad y personalidad del juez son importantes’

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Entrevista a Ericson Toscano.  

Su experiencia.  Psiquiatra desde hace 15 años.   Director del Instituto Psiquiátrico Sagrado Corazón. Profesor de Medicina Legal en  PUCE.
    
Su punto de vista.  La gente  piensa que todo acusado deber ser condenado a la cárcel y si es que no ocurre aquello, la justicia es ineficiente.

Con 567 preguntas, el Consejo de la Judicatura en Transición (CJT) evaluó a 396 postulantes a la Corte Nacional de Justicia para saber si están psicológicamente aptos para ser magistrados. ¿Es idóneo este tipo de valoración?

Hay test para conocer características de la personalidad, alteraciones patológicas como depresión, histeria, paranoia, manía, introversión social (aislamiento), esquizofrenia, desviaciones psicopáticas, etc.

Según el CJT , el cuestionario es reservado porque se aplicará para más concursos en la Función Judicial. Pero ¿eran necesarias tantas interrogantes en esa valoración?

Es muy posible que el cuestionario sea el Inventario Multifásico de la Personalidad o de Minessota. Ese test es uno de los más utilizados en el mundo. Se aplica para seleccionar personal en los departamentos de Policía y otros organismos de Estados Unidos y Europa. Es una prueba fiable para hacer una valoración amplia de la forma de ser de la persona.

Hay postulantes que dicen que algunas preguntas se repetían en su esencia y que a ratos se confundían.

Algunas preguntas son de distracción y plantean respuestas de verdadero o falso. Esas no tienen mayor sentido, pero permiten verificar si la persona dice la verdad. Esta puede contestar todo lindo para parecer un angelito, pero las tres primeras escalas (de confusión, de mentira o de falta de comprensión) del test permiten descubrir si miente.

Los expertos dicen que el juez en el momento de decidir un dictamen debe mostrar suficiente equilibrio (no discriminar ni tener prejuicios) en su personalidad. ¿Un cuestionario de 567 preguntas y una entrevista individual son suficientes para determinar esa condición?

En mis ocho años de experiencia en el Instituto de Criminología de la Universidad Central asistí a múltiples audiencias de juzgamiento y conocí muchos casos. Allí aprendí que la probidad y la personalidad del juez son muy importantes. Un magistrado debe ser equilibrado, racional, además de un sapiente de las materias. Pero hay otros elementos de distorsión en la justicia y uno de ellos es la prensa. Es penoso ver cómo se filma al acusado antes de que sea condenado, incluso muchos ya decidieron la culpabilidad. La reacción social también interviene en la opinión del juez y a veces la actuación es política.

¿Cómo calificar la personalidad de los jueces actuales?

Hay gente que es más habladora o más seca. Pero eso es secundario frente al profesionalismo. Me llamó la atención los veredictos finales. Hubo un caso, por ejemplo, pese a que con los análisis del Instituto de Criminalística demostramos que un acusado tenía problemas mentales, el veredicto fue condenatorio.

¿Eso significa que el juez no tuvo la suficiente personalidad para sobrellevar esas presiones y dar un dictamen de acuerdo con la ley?

Estoy de acuerdo en eso. Por esas presiones, los jueces o algún organismo judicial debería educar a la población. Porque esta no entiende sobre el fenómeno de la criminología y la impartición de justicia. Se piensa que todo mundo deber ser condenado con la cárcel y si es que no ocurre aquello, la justicia es ineficiente.

¿Cómo determinarían estas evaluaciones si una persona es apta psicológicamente para ser un juez?

Se mide a través de una tabla predeterminada y se confirma con la entrevista clínica. Primero se mide si hay graves afectaciones mentales o un cuadro esquizofrénico y luego se estudia la personalidad. En este caso, un juez básicamente debe demostrar que tiene formación ética íntegra.

¿Hay riesgo de que la evaluación sea subjetiva?

Con base en la evaluación, el riesgo es mínimo. En la entrevista clínica, una persona puede mentir. De allí la validez de ambas fases. Lo que uno más teme es la intervención de la política.

¿Usted reconoce que hay ese riesgo de subjetividad?

Hace unos cinco años ya se intentó hacer una evaluación del estado mental de los postulantes a jueces. Seis de ellos acudieron al Instituto de Criminología para solicitar un certificado. Cuando pedí que se sometieran a una evaluación, pusieron pretextos, se fueron y no volvieron.

¿Quién ha impedido una evaluación científica?

La elección de jueces siempre ha sido a dedo, los amigos y las influencias políticas. No ha existido realmente una designación con base en exámenes y por capacidades. Felicitaría la intención del concurso actual, pero lastimosamente la historia nos hace dudar de las evaluaciones justas.



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