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Cristina Burneo: ‘La cadete está siendo juzgada por los roles de género a los que estamos llamadas las mujeres’

Cristina Burneo es una docente e investigadora feminista. Foto: Archivo / EL COMERCIO

Que en el caso de su hija hay espíritu de cuerpo, ha denunciado Elizabeth Otavalo, madre de María Belén Bernal. La docente e investigadora feminista, Cristina Burneo, reflexiona sobre el funcionamiento del pacto patriarcal.

Con el femicidio de María Belén Bernal se vuelve a hablar de un pacto patriarcal ¿En qué consiste este? 

No es una ley explícita que venga del Estado, no está regulada en normas, pero son prácticas sociales implícitas y a veces también están implícitas en la ley. Es el pacto que se refiere a sostener, de las maneras que sea posible, los privilegios y las experiencias de un tipo de persona en el mundo, que son los hombres con poder. En ese pacto dice implícitamente que vamos a mantener ese orden que nos da privilegios, prestigio, hablando de lo que ha dicho el señor Diego Ordóñez. Cuida que tu capital ganado, sea económico, simbólico, intelectual, cultural no sea afectado cuando alguien denuncia tus comportamientos en lo privado o en lo social incluso.  

En este caso específico, ¿cómo opera? 

Aquí el espíritu de cuerpo es parte del parto patriarcal. Significa que, para sostener su estructura y que no se vea afectada por sus acciones, que no se vea puesta en entredicho por lo que en su interior sucede, todos somos policías y todos cuidamos que lo que allí sucede no se ventile o por lo menos se disminuya el daño. Entonces, una mujer ingresa a la Escuela de Policía y no sale viva. Hay personas de esa misma institución que, obligadas a confesar, dicen: yo sí escuché que cada dos escaleras se golpeaban un bulto, escuché que alguien gritaba auxilio, me matan.  

¿Qué es lo que impide actuar? 

Hay instrucciones previas -no de ahora sino de décadas- que impiden decir lo que estaba sucediendo. Si algo me impide decirlo es porque hay un pacto de silencio: todos nos cubrimos a todos. Se llaman pactos patriarcales y espíritu de cuerpo en este caso. Este nos dice: no vamos a decir nada, estoy escuchando que asesinan a alguien, pero yo realmente no voy a decir nada porque se me ha instruido así. No es espontáneo, no es producto de mi temor, de mi miedo. Tiene que haber un pacto para sostener el prestigio de una institución, su historia y a sus miembros. Ese pacto dice: si tú ves que esto va a afectar a uno de nuestros miembros y a la institución de la que todos formamos parte, mejor no digas nada. Si esto no se hubiera vuelto mediático, no habríamos visto cómo se expresa el espíritu de cuerpo. 

¿Por estar implícito es que se ha normalizado no solo al interior de la Policía, sino también en la sociedad? 

Lo que dicen las luchas contra el femicidio es que cuando hay un pacto patriarcal, una institución que se ve amparada dentro de un orden de impunidad y un espíritu de cuerpo, todo lo que pasa allí se mantiene naturalizado. Hay una desinhibición para practicar el daño contra las mujeres hoy, no solamente en Ecuador, en el mundo entero. Saben que alguien les va a amparar, porque un orden impunidad les sostiene. Por lo menos le van a encubrir o a proteger.  

Además, vivimos en un orden machista y misógino, en una estructura o régimen político que ha dicho siempre: hay personas cuyas vidas tienen menos valor y eso lo comprobamos todos los días de nuestra vida. Entonces dicen: yo puedo ejercer un daño porque aquí hay unas vidas que tienen menos valor, entre ellas las de las mujeres. En el pacto patriarcal no sólo participan hombres, pueden participar hombres y mujeres, pero las consecuencias de sostener ese pacto siempre son diferenciadas. 

De hecho, la única procesada en este caso es una mujer, a la que además se ha señalado por una supuesta infidelidad 

Si hay una cadete que conoce que un hombre tiene una relación y, sin embargo, decide interceder pese a los acuerdos de monogamia de la pareja, entonces ella está siendo juzgada, no totalmente por estar implicada en la desaparición de María Belén, sino por haber violado los roles de género a las que estamos llamadas a las mujeres. No digo que no tenga responsabilidad, digo que se está desplazando el hecho del femicidio al hecho de la infidelidad

Se suele decir, como se ha dicho en este caso, que no hay que meterse en los problemas de pareja. ¿No se vuelve público lo privado en este caso? 

Cumplimos roles de nuestro trabajo, con mayor o menor responsabilidad social. La policía está sometida a escrutinio porque los principios de fundación de esa institución se sostienen sobre el control del orden y la seguridad para la población. Supuestamente, su rol histórico es del de velar por la seguridad de las personas, por lo tanto, sus miembros necesitan de una mínima probidad, empezando por los ministros. Si yo como mujer ingreso a una institución policial y si mi pareja es un policía, se supone que estoy entrando a un lugar seguro porque hay gente proba, que se ha formado para cumplir con el mantenimiento del orden, la seguridad y la protección de la ciudadanía. Esos ciudadanos pierden el derecho a no ser escrutados el momento en que cometen actos contra las mismas personas que les son más cercanas. Porque han perdido su probidad. 

¿Las jerarquías policiales inciden en el pacto patriarcal? 

Exactamente. No olvidemos que Guillermo Lasso, en el contexto del paro nacional dijo esta frase: yo apoyo incondicionalmente a la Policía. ¿Cómo podemos leer que el jefe máximo de un Estado le dé un espaldarazo incondicional a una institución que, sabemos, está atravesada por la corrupción, la violencia y el asesinato? Entonces, la primera mirada a la que se tiene que atender es a las jerarquías policiales y por quién están amparadas. Una jerarquía policial con tintes feminicidas, racistas, que van contra la vida de los luchadores sociales está amparada por el jefe de Estado

¿Cómo leer la decisión de que la Escuela de Policía la dirijan mujeres? 

No se trata de una mirada plana y populista de la reforma. Solo quiero recordar algo que ya hizo Lenin Moreno. Durante su gobierno, la comandante general de la policía se llamó Tannya Varela, era una mujer joven, moderna, también muy apoyada por María Paula Romo en ese entonces. Ese es un ejemplo suficiente para demostrar que no basta con que las jerarquías simplemente cambien de rostro. No basta con que sean mujeres, esa es una respuesta insustancial y populista, que no va a garantizar nada.

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