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Relaciones con el FMI

Se vuelve difícil entender el discurso de los voceros económicos del régimen cuando aparecen como duros críticos de los organismos multilaterales de crédito, en especial del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), y sin embargo aceptan recursos de esos organismos.

Hace pocos días, el FMI asignó al Ecuador un monto aproximado de USD 400 millones correspondientes a Derechos Especiales de Giro, papeles emitidos por el Fondo, equivalentes a la cuota de participación de cada uno de los países. El Gobierno Nacional aceptó la entrega bajo el argumento de que esos recursos financieros pertenecen al Ecuador, lo cual es verdad.

En innumerables ocasiones, el Gobierno ha acusado al organismo de haber sido corresponsable de graves crisis económicas en países como Brasil, México o Rusia y ha exigido del FMI un cambio en su estructura y modo de gestión para volver a creer en él.

Probablemente el régimen tiene razón y, en cualquier caso, le asiste el derecho de mantener una actitud crítica con esos organismos multilaterales cuyo desempeño histórico ha sido cuestionado por muchos países y expertos, en especial por la imposición en los países pobres de esquemas poco exitosos y por su conducta favorable a ciertas tendencias ideológicas.

Lo que no es coherente de parte de las autoridades es la satanización que hacen de esas entidades, en lugar de mostrar una actitud propositiva para aportar desde adentro a conseguir las reformas estructurales que muchos países demandan hace tiempo.

Estigmatizar no contribuye al cambio sino que, más bien, crea tensiones y dificulta la posibilidad de conseguir acuerdos sobre la base de la sana deliberación, sobre todo cuando la realidad parece imponerse a los discursos.

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