5 de June de 2009 00:00

El reciclaje beneficia a las escuela

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Redacción Ambato
 
En la escuela Pablo Neruda, en la comunidad Luis López del cantón Quero,  52 estudiantes aprenden  computación. Lo hacen en dos máquinas  donadas por la Escuela de Sistemas de la Universidad Católica, sede Ambato.

Los equipos  no son nuevos, pero ayudan a que los niños conozcan cómo utilizar los programas Word, Excel...

Evelyn Punina estudia en el Séptimo Año de Básica. Los jueves, la niña   recibe clases de informática. Apenas ingresa al salón,  se sienta en una silla metálica, ubicada frente a la pantalla. Ella  prende el monitor y con  facilidad  digita la clave, para acceder a los programas.

“Me encanta la computación. No hace falta estudiar en la ciudad”, dice Punina, mientras atiende las indicaciones de Magdalena Gavilanes, directora y maestra del plantel.

En enero pasado, la  profesora recibió de la Universidad Católica de la capital de Tungurahua  dos computadoras usadas.

El regalo que entregó el  centro de estudios  es parte del plan  Reciclaje Tecnológico, que se   inició el año pasado.

El programa  consiste en recopilar viejas computadoras en empresas e instituciones.  Los jóvenes utilizan las  partes más nuevas, para ensamblar una nueva máquina.  Luego, los equipos son entregados a las escuelas rurales de la provincia.

Según un informe de la Escuela de Sistemas, el pasado  19 de marzo se  recopilaron   40  computadoras. De ellas, los alumnos ensamblaron 18, que fueron repartidas en 10 planteles de los cantones  Baños, Pelileo, Quero y Píllaro, principalmente.

Además, la ayuda se entregó a la  Fundación Guadalupe, la Pastoral Juvenil de la Diócesis y al Área Educativa del Centro de Rehabilitación Social. 

La maestra Gavilanez afirma que el programa  permite   que en las escuelas alejadas de la ciudad se pueda enseñar computación. “En estos centros  no hay dinero para comprar estos equipos, que son caros”, explica . 

En la escuela Pablo Neruda, el  movimiento en el laboratorio de informática se acelera, apenas se escucha el timbre que anuncia que el recreo terminó.

Los 10 alumnos de Séptimo de Básica ingresan al aula, cargando   sus mochilas. El salón está ubicado en  el segundo piso de la casa comunal, construida con ladrillo y techo de fibrocemento.

El lugar está equipado con   40 pupitres y material didáctico.  “Lo que más me gusta es el programa Power Point, porque hay dibujos muy bonitos  y muchos colores. Los juegos también son súper chéveres”, comenta la alumna  Valeria Culqui.

Para el sacerdote César González, prorrector de la Universidad Católica, el principal objetivo es que al igual que Culqui,  más niños puedan acceder a  una computadora.

“La tecnología avanza cada día.  Ahora, hay muchas herramientas para comunicarse con gente de otros países.   Cada vez, las computadoras son más pequeñas. Los niños de la zona rural tiene que conocer esto”.

Santiago Acurio, director de la Escuela de Sistemas, explica  que los equipos donados son guardados en una bodega y luego  revisados por los alumnos en los laboratorios de la universidad. 

Allí se separan   las partes que no tienen problemas de los que hay que arreglarlos. 

Acurio agrega que otra meta del programa  es  evitar la contaminación del  agua, especialmente,  ocasionada por los componentes electrónicos que tienen  químicos tóxicos.

El cromo es uno de ellos. Puede contaminar 40 m2 durante 100 años. “En Latinoamérica no hay políticas claras sobre este  tema. Pero  nosotros ya   estamos impulsando este plan”.

En el programa de reciclaje trabaja, desde hace dos meses,  la universitaria  Anita Zurita. 

Mientras sus compañeros Diego Medina, Sofía Arias y Álvaro Alulema, desarman los equipos, ella usa un multímetro (equipo que ayuda a detectar fallas en los componentes electrónicos), para  revisa las placas.

“Este microprocesador está en buenas condiciones y nos sirve para ensamblar una nueva computadora”, dice.

El trabajo es supervisado por Acurio. La revisión de las computadoras se  realiza tres horas al día. La labor es  parte de las 200 horas de práctica  que los estudiantes deben cumplir antes de obtener el título.

A pocos pasos de Zurita está Álvaro Alulema. El  joven  insiste en  que el proyecto es bueno, porque a más de ayudar a los centros educativos  busca disminuir la contaminación ambiental.

Él  está encargado del ensamblaje de las computadoras. “Buscamos las partes de varias marcas de computadoras y armamos una nueva. Eso sí, todas tienen  una buena memoria, velocidad y las programamos con Word, Excel...,  los más utilizados”.

Los   fusibles, fuentes de poder y otros componentes son adquiridos por la Universidad.

El sacerdote  Juan Carlos Acosta, director de la Pastoral Universitaria, afirma que la entidad asignó USD 1 000 para que los alumnos puedan comprar las partes que faltan. 

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