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El riesgo de vivir en laderas del Pichincha baja con apoyo de vecinos

En el barrio San José de Monjas Bajo los moradores habitan al filo de una quebrada. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

El riesgo que enfrentan las casas que se ubican a lo largo de las laderas del Pichincha es inminente. Dice la Secretaría de Seguridad del Municipio que entre los factores que inciden están la deforestación, el tipo de suelo, la expansión de la mancha urbana y las construcciones informales.   

Eliana Jiménez, profesora del departamento de geología de la Escuela Politécnica Nacional, añade dos factores adicionales: los escombros y la falta de vegetación nativa.  

Ella es especialista en área riesgos y movimientos en masa y cuenta que por varios años han estudiado esta zona.   

Explica que en las laderas son frecuentes los deslizamientos en donde se rompe el suelo debido a la saturación de agua, una de las razones es que sobre los 3 000 metros de altitud hay cangagua que es menos resistente.   

Entre los problemas que han identificado está la cantidad de basura y escombros que se acumulan en las quebradas. Esos desperdicios tapan los colectores, de allí la importancia de un correcto mantenimiento   

Jiménez explica que si se mantuviese la vegetación en la zona el suelo se podría sostenerse mejor, pero el proceso erosivo es muy fuerte. “Esa franja de protección ecológica debe ser mantenida, pero hay una presión demográfica fuerte”.  

Admite que como es una zona de altas pendientes, el riesgo siempre está presente, pero la mano del hombre agrava la situación.  

Jiménez aconseja a las autoridades fortalecer los planes de mantenimiento y limpieza de colectores y quebradas y, sobre todo, capacitar a la comunidad.  

Dice que los planes deben ser realizados con la participación de los moradores. Argumenta que la gente que habita junto a quebradas y colectores es población que puede participar y, por ejemplo, dar las alertas. Por eso es clave llevar a cabo procesos de participación y educación para que la gente aprenda a cuidar y mantener limpias las quebradas y colectores.  

Añade que una de las ventajas de involucrar a la población es que el Municipio se haría de un aliado vital en la reducción de riesgos porque la población estaría en territorio. Cita como ejemplo un caso ocurrido en Colombia en el que implementaron un plan llamado Las guardianas de las laderas, que ha sido exitoso y ha logrado reducir los costos de operación municipal porque la población está participando activamente en el cuidado de esa zona.  

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