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Tres locales donde las porciones son gigantes

‘Los secos del mono’.  Eulogio Reyes, propietario, muestra el plato reforzado de todos los días. Foto: Guillermo Corral/ EL COMERCIO

‘Los secos del mono’. Eulogio Reyes, propietario, muestra el plato reforzado de todos los días. Foto: Guillermo Corral/ EL COMERCIO

Para los administradores de tres restaurantes de Quito, el tamaño de las porciones sí importa y entre más grande, mejor. En esos locales se sirven los encebollados, el caldo de pollo y las empanadas gigantes.

Una empanada de viento, de 38 cm de largo por 23 cm de ancho, es la carta de presentación del restaurante La Tortilla, ubicado en el barrio de La Concepción (Jorge Aníbal Páez y Carlos Guarderas). La idea, según Carlos Hernández, copropietario del local, nació hace 11 años como estrategia para atraer a los clientes. La empanada está preparada con harina de maíz.

El secreto, para Hernández, está en dejar reposar una hora en refrigeración la harina, antes de freírla. A diario venden 100 empanadas de viento. Cada una cuesta USD 2. El acompañado es el morocho y, para no perder el estilo, también se lo sirve en un pocillo grande. En este local, la especialidad también es el caldo de pollo: medio litro de consomé y medio pollo.

Galo Muñoz es dueño de El sabor del manaba. Con la frase “más comida” informa a los clientes que el segundo plato de encebollado es gratis, que también trae adicional una porción de guatita, chifles y canguil. El manaba se levanta todos los días, a las 04:00, para preparar el menú. Los secretos de la sazón, los aprendió en los hoteles en que trabajó cuando llegó de la Costa.

Sin un letrero que lo identifique, el local Los secos del mono (Azucenas y Naranjos) siempre está lleno. Eulogio Reyes, de 56 años, cuenta que un solo plato puede aplacar el apetito de una persona todo el día.

Su especialidad: un cuarto de pollo bróster, papas fritas, ensalada y cuarto de libra de arroz. Cuenta que su negocio empezó con una carretilla vieja y dos ollas con las que se paraba en una esquina, del sector de Las Bromelias, en el norte de la ciudad.

Sus clientes eran los choferes de buses, que no tenían mucho tiempo para desayunar o almorzar, así que le pedían que les sirviera bastante comida para poder aguantar el día. Así, ‘el súper seco del mono’ fue ganando fama. Ahora, durante las horas pico, por la falta de mesas, hay clientes que no tienen problema en almorzar en las veredas.

Los propietarios de los tres locales coinciden en que estos platos con mucha comida son aconsejados para curar la resaca o para comer una sola vez durante un sábado o un domingo. El refresco es infaltable en la mesa.

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