Santa Catalina cuenta sus milagros

‘Por estos largos pasillos y por el jardín central, de lirios, limoneros y pensamientos, ronda el almita de nuestro padre santo Domingo de Guzmán”, dice la madre Mercedes Quintana, priora del convento del claustro Santa Catalina de Siena, uno de los más antiguos de Quito (fundado en 1592). Quintana, activa y carismática, conoce los secretos de este ámbito de oración y silencio que ocupa 8 500 m², tres cuartas partes de una manzana del tradicional barrio San Marcos.Alrededor del jardín están dispuestos los oscuros corredores o claustros que conectan con las habitaciones de las religiosas –hoy solo habitan 23-, las dependencias de la administración y de la farmacia, donde fabrican remedios naturales para varias dolencias. ¿Cuándo vieron al alma del santo? La madre muestra una fotografía sepia en la que se ve, a lo lejos, una silueta de un sacerdote paseando por una azotea cercana al jardín. “Yo vivo 40 años aquí, he visto milagros, y la aparición del alma de Santo Domingo de Guzmán es un

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‘Por estos largos pasillos y por el jardín central, de lirios, limoneros y pensamientos, ronda el almita de nuestro padre santo Domingo de Guzmán”, dice la madre Mercedes Quintana, priora del convento del claustro Santa Catalina de Siena, uno de los más antiguos de Quito (fundado en 1592).

Quintana, activa y carismática, conoce los secretos de este ámbito de oración y silencio que ocupa 8 500 m², tres cuartas partes de una manzana del tradicional barrio San Marcos.

Alrededor del jardín están dispuestos los oscuros corredores o claustros que conectan con las habitaciones de las religiosas –hoy solo habitan 23-, las dependencias de la administración y de la farmacia, donde fabrican remedios naturales para varias dolencias. ¿Cuándo vieron al alma del santo? La madre muestra una fotografía sepia en la que se ve, a lo lejos, una silueta de un sacerdote paseando por una azotea cercana al jardín. “Yo vivo 40 años aquí, he visto milagros, y la aparición del alma de Santo Domingo de Guzmán es uno más ”.

Bajita, siempre dispuesta a absolver inquietudes, viste el hábito blanco, de la orden dominica, y una cofia negra cubre su cabeza.

En el centro de Quito cae un diluvio y el jardín grande, con una cruz de piedra, se transfigura entre la niebla; se vuelve fantasmal, como un sueño difuso.

“En 1972 –sostiene-, monseñor Luis Aceigli, nuncio apostólico, autorizó al doctor Ricardo Descalzi, escritor e historiador, que captara fotos de varios monasterios para difundir, en la televisión, el arte colonial.El 2 de mayo de aquel año tomó 30 fotografías del convento. Por solicitud de la madre priora, Descalzi trajo los ‘slides’, un lujo en esa época, y cuando los proyectaron vieron en la azotea sur oriental la figura de un fraile dominico, de hábito blanco, capillo y capa negra; llevaba una azucena en la mano y una aureola de luz irradiaba sobre su cabeza. “¡Nuestro padre santo está aquí!” gritaron las religiosas. Descalzi volvió por los ‘slides’. Le devolvieron 29. “¿Y el otro?, preguntó”. La priora le respondió: “Ya le voy a mostrar por qué lo retuvimos”. Asombrado, Descalzi vio la figura del fraile. En un pequeño libro del convento consta la reacción del escritor: “¿Cómo puede ser esto si en el momento de la toma no había nada en esa azotea?, me hago loco, ahora sí me convierto’”.

Descalzi sacó copias del ‘slide’. En el libro hay otro escrito del fotógrafo aficionado: “Sé que mis enemigos políticos me harán por esto la guerra, pero ante la verdad nada temo”.

La madre Quintana invita a ver otro objeto prodigioso: la banca que trajo, como parte de la dote, sor Catalina de Jesús María Herrera (Guayaquil 1717).

En un recoveco se ve la banca verde, pintada con rosas rojas.

“Si una mujer quiere tener hijos se sienta aquí y el anhelo se cumple”, sentencia la religiosa.

“Sin embargo, si los fieles vienen a orar curan sus males”.

“Sor Herrera murió en 1795 en olor de santidad”, reconoce Quintana, testigo de la exhumación del cadáver del ex presidente García Moreno, que pasó sepultado aquí 100 años.

“Lo recuerdo clarito, como si fuera hoy. En 1975 se cumplió el centenario del asesinato de García Moreno y su excelencia, el cardenal Muñoz Vega, ordenó que buscáramos el cuerpo”. Fue una tarea febril, de meses, pero al fin lo hallaron en una tumba junto al altar mayor. “Tenía el bigote castaño y los zapatos puestos (estos forman parte del museo). Hubo júbilo en la Iglesia”. Quintana dice que el cuerpo frágil del ex Presidente tenía frío, por eso le sacaban para que tomara sol en la azotea. La priora camina rápido para mostrar la imagen de la Virgen del Tránsito (duerme antes de subir al cielo).

Escoltada por dos grandes ángeles plateados, parece una bella niña en su cama.

“La camita había sido de un pariente de Eloy Alfaro”, dice la madre, y enseguida menciona que hace dos años una pareja vino a pedir un favor, el hombre palpó el vestido de seda de la Virgen y aparecieron escarchas, diminutas estrellas. “Yo hallé un prendedor junto al pelo de rizos, tan lindo y natural”. La lluvia no cesa en la ciudad antigua. El jardín se ha vuelto gris, como la azotea, donde aparece el misterioso fraile.