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Quito soportó una jornada marcada por lluvias persistentes que alteraron la rutina en varios sectores y activaron operativos de respuesta en distintos puntos del Distrito Metropolitano. El episodio se desarrolló en medio de un patrón atmosférico que combinó humedad amazónica y la compleja topografía andina, lo que extendió las precipitaciones durante amplias franjas del día, según reportes del Centro de Operaciones de Emergencia Metropolitano.
Los registros climáticos colocan al 22 de enero de 2026 como el segundo día con mayor acumulación de lluvia en los últimos 25 años dentro del Distrito Metropolitano.
En la estación Cruz Loma, situada en el Teleférico de Quito, el pluviómetro marcó 85,5 milímetros en 24 horas, el valor más alto desde que ese punto empezó operaciones en 2003.
La Administración Zonal La Mariscal concentró la mayor influencia de ese evento extremo.
El balance dejó 13 incidentes relacionados con inundaciones, movimientos en masa, caída de árboles y desbordamientos puntuales de ríos y quebradas.
Los reportes se concentraron en Calderón, Eloy Alfaro, Eugenio Espejo, La Delicia, La Mariscal y Tumbaco.
La coordinación se realizó desde el COE Metropolitano junto con la Empresa Pública Metropolitana de Agua Potable y Saneamiento, el Cuerpo de Bomberos de Quito, la Empresa Pública Metropolitana de Movilidad y Obras Públicas y la Agencia Metropolitana de Tránsito, además de las administraciones zonales y otras entidades del Municipio de Quito.
Pese a la magnitud del aguacero, el número de emergencias resultó menor frente al volumen de precipitación registrado.
El Plan Lluvias 2026 canaliza más de 10 millones de dólares en obras preventivas y correctivas. Para febrero de 2026, los escenarios técnicos proyectan un mes entre normal y lluvioso, con precipitaciones frecuentes y posibles acumulados altos en lapsos cortos.
Las acciones priorizan quebradas y sistemas de captación en barrios con alta susceptibilidad a aluviones, desbordes y movimientos de tierra.
Las intervenciones en parroquias como Cochapamba y Belisario Quevedo, además de sectores del norte, buscan reforzar la capacidad de control frente a episodios de lluvia intensa.
En las quebradas San Lorenzo, Yacupugro, Runachanga y Mirador, los trabajos suman 991 000 dólares y registran 58 % de avance.
Ese frente incorpora diques, canales de trasvase, estanques de laminación, colectores y muros de protección para los barrios Osorio y Pinar Alto.
En ese cauce se levantaron diques transversales y dos barreras flexibles con capacidad para retener hasta 15 000 metros cúbicos de sedimentos y rocas. La obra costó 226 795 dólares y figura como concluida.
El proyecto suma la ampliación del reservorio de retención con una nueva estructura, un descargador tipo vórtice y un túnel de descarga. El contrato asciende a 2,6 millones de dólares y su ejecución empezó esta semana.
Las quebradas Horinaza, San Antonio y Chaquiscahuaycu forman parte de un plan que cubre San Isidro del Inca, Comité del Pueblo, Llano Chico y Calderón.
La intervención abarca 172,9 hectáreas de drenaje y proyecta una capacidad de 713 litros por segundo hasta 2065. El presupuesto alcanza 8,5 millones de dólares.
El programa incluye trabajos en estructuras de captación de Rumipamba, Atucucho, Burrohuaycu, Calicanto, San Pedro y Murciélago, con una inversión de 1 996 millones de dólares.
Desde octubre de 2025, los equipos técnicos completaron 163 inspecciones, 72 limpiezas, 32 desalojos de material y 125 sobrevuelos dentro de la programación semestral. Estas tareas buscan sostener operativos los drenajes urbanos y anticipar riesgos durante episodios de lluvia intensa.