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Los dueños de locales comerciales en Quito luchan por mantenerse a flote

Dos clientes se sirven alimentos en un restaurante en la av. República de El Salvador.

Dos clientes se sirven alimentos en un restaurante en la av. República de El Salvador.

Dos clientes se sirven alimentos en un restaurante en la av. República de El Salvador.

No dan su brazo a torcer. A pesar de la emergencia sanitaria, del miedo al contagio del coronavirus y de la poca presencia de clientes, hay negocios en Quito que se esfuerzan para mantenerse a flote.

Puertas cerradas, letreros de ‘se arrienda’ o ‘se vende’ dan cuenta del impacto de la pandemia. Pero hay locales que se resisten a cerrar. Uno de ellos es el de María Almeida.

A sus 44 años atiende una cafetería en la av. Amazonas (La Mariscal). Vende bebidas, sánduches, humitas y otros platos.

Antes, contaba con dos empleados, pero debió despedirlos. Ahora ella es la dueña, gerente, cajera, contadora y la señora de la limpieza, bromea.

Hizo todas las adecuaciones para poder trabajar: colocó gel a la entrada, papel desechable en lugar de toalla en el baño y una bandeja desinfectante.

Admite que es duro, pero no piensa dejar de lado el emprendimiento que empezó hace cuatro años. “Tener una cafetería fue un sueño y voy a sacarlo adelante”, comenta. Aunque admite que días atrás, cuando estaba cerrado, pensó en venderlo, ya que no tenía ingresos y debía pagar USD 580 por la renta del local de 60 m2.

Recuerda que antes, vendía, en un buen día, USD 400. Hoy, no llega ni a los 50, pese a que su local es el único abierto en toda su cuadra. Ya no atiende hasta las 22:00. Ahora abre hasta las 17:40, excepto los lunes, cuando cierra a las 14:00, por la terapia que debe seguir por problemas de salud.

Debido a la emergencia, empezó a preparar comida para llevar. Ahora elabora sánduches, los empaca y sale a promocionarse en la calle.

En la Reina Victoria, con el afán de buscar más clientes, Bolívar Rodríguez decidió agitar un letrero afuera de su local para invitar a los transeúntes a ingresar a un restaurante.

A pesar de los pocos clientes, el negocio sigue en pie. Debido a esas iniciativas, consigue que su local tenga ventas, lo que no ocurre con sus vecinos. En la calle José Calama hay un solo local abierto y 20 cerrados.

Iván Alemán, miembro de la Asamblea La Mariscal, explica que en el sector hay más de 1 200 locales entre comercios, hostales, bares y otros. La Intendencia de Pichincha señaló que 3 de cada 10 negocios han cerrado en la zona rosa.

Quienes decidieron abrir piden a las autoridades que regulen las rentas en la zona. Como antes era un sector turístico y comercial los valores son altos: entre USD 550 y 5 000 al mes.

Alemán asegura que antes se podía cubrir ese monto, pero ahora la realidad es otra.

En av. Isabel La Católica la noche del lunes este Diario contabilizó 10 negocios abiertos con protocolos de seguridad y distanciamiento. Hay locales que buscaron formas creativas para motivar la prevención. En Cafelab, el personal colocó monigotes en sus mesas para señalar los espacios que no pueden ser ocupados y cumplir con el distanciamiento.

Para Joselyn Loayza, gerenta del lugar, es alentador atender a personas que acuden a su local, ya que es una muestra de que la población se va acoplando a las nuevas dinámicas.

La Floresta tiene incluso más actividad. Allí las peluquerías y restaurantes han abierto sus puertas y se ve a transeúntes en el ‘parque de las tripas’. Los comerciantes se esmeran por ofrecer todas las medidas de bioseguridad. A los clientes se les toma la temperatura y les rocían desinfectante al entrar.

Janet Gualichico, quien trabaja con un traje antifluidos y mascarilla, dice que los socios se han organizado en grupos para acudir pasando un día.
En la República de El Salvador, la mayoría de almacenes, restaurantes y tiendas permanece abierta pero con pocos clientes. En Chiloanga, un restaurante de comida mexicana, antes trabajaban cinco empleados, ahora laboran dos.

Keila Valera, administradora, cuenta que ha tenido que idear maneras para mantenerse a flote: renegociar con los proveedores y los dueños del predio.
Diego Vivero, vocero de la Agremiación de Restaurantes de Pichincha (Agrepi), calcula que menos del 50% de los 2 000 locales que agrupan, ha abierto sus puertas. Pero apunta que la situación es grave.

“Aproximadamente un 30% de los locales ha cerrado debido a la crisis”. Con base a la información que maneja el gremio, calcula que solo en Quito, en el área de los restaurantes, se han perdido unos 15 000 empleos.

La edil Luz Elena Coloma considera que el Municipio debe apoyar a los gremios y realizar una revisión de los valores de arriendos, particularmente en bienes municipales. Sostiene que además debe haber una revisión tributaria para así cuidar los empleos.

“Los locales turísticos deben empezar a cancelar su patente anual que en el caso de hoteles puede ser de USD 100 a 25 000 dependiendo de la categoría”.

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