La vida entre el hambre y la calle desborda a Quito

Quito enfrenta más pobreza, desplazamiento forzado, mendicidad del que sus servicios logran atender; el hambre impulsa la vida en la calle.

Fecha de publicación:

Fecha de modificación:

En Quito hay adultos mayores que piden dinero, aunque su familia los mantenga; niños que trabajan con sus padres; migrantes que llegan con lo que llevan puesto; ecuatorianos que huyen de la violencia; personas con problemas de consumo de alcohol y drogas. Desde mediados de octubre también llegan de otras ciudades empujadas por la extrema pobreza. Todos buscan sobrevivir en una ciudad donde el hambre se volvió el motor de la calle y donde la demanda crece más rápido que la capacidad de cualquier sistema de apoyo.

Más noticias

¿Por qué importan quienes sobreviven en la calle?

Las crisis que se viven en la calle no están en las periferias ni son estacionales. Se manifiestan en lugares cotidianos: semáforos, parques, buses. Detrás de cada mano extendida hay un sistema roto: personas que viven con 1,80 al día; niños que no van a la escuela o llegaron de Colombia huyendo de Las Farc; adultos mayores que mendigan “para sentirse útiles”. Hay ecuatorianos en desplazamiento forzado por la violencia. El resultado es una ciudad donde crece la población en situación de calle y donde los servicios públicos ya no alcanzan.

Los niños de Haminson acompañan a vender caramelos. Su desayuno es de pan con gaseosa.
Los niños de Haminson acompañan a vender caramelos. Su desayuno es de pan con gaseosa.

Tres testimonios: la vida que sostiene la calle

En el Hogar Hermano Comunidad de Calle, Edison (nombre protegido), de 21 años, llegó tras una vida marcada por la orfandad. Así resume lo que significa sobrevivir: “Quedé huérfano a los 10 años; mi familia me trató mal y me fui de la casa.” Desde entonces vive en la calle y sostiene sus días vendiendo bebidas energizantes. Gana entre 30 y 40 dólares, dinero que usa para comer y vestirse. En el albergue encuentra actividades, acompañamiento y un lugar seguro para dormir.

En San Blas, Haminson M., colombiano de 30 años desplazado por grupos armados, comparte otra historia. Llegó a Quito hace cinco meses con su esposa y cuatro niños. Hoy viven en un cuarto por el que pagan tres dólares al día. Él vende caramelos con dos de sus hijos; su esposa casi no puede trabajar, pues el último es aún bebé. “Sobrevivimos con la tarjeta de alimentos que nos entregaron y con lo que logro vender”. La ayuda humanitaria está por agotarse y la colaboración en la calle es incierta, mientras sus hijos no van a la escuela, pasan hambre, frío y dependen de lo que consigan cada jornada.

En el Centro Histórico, Joshua Quishpe, de 11 años, encuentra en Guardianes de la Niñez un espacio seguro, a donde van niños y adolescentes de hogares en pobreza y extrema pobreza. Estudia séptimo grado. “Aquí me ayudan con los deberes y me dan colación.” Su papá murió y su madre vende en el mercado. El centro le garantiza alimentación, permanencia escolar y evita que esté en la calle.

Tres historias distintas, un mismo hilo conductor: en Quito, la calle no es solo un espacio público, sino el escenario donde miles buscan sostener la vida día a día.

Calles de Quito, el espejo de problemas estructurales

Lo que ocurre en las calles de Quito es la suma de fenómenos. Cuatro actores del territorio describen desde ángulos complementarios.

Para Nicolás Malo, coordinador del Servicio de Cuidado del Patronato San José, la raíz del trabajo infantil es estructural: Los niños en la calle acompañan a sus padres porque no tienen quién los cuide y porque su aporte económico es necesario. El deterioro económico los expone a frío, violencia, accidentes y abandono escolar. Las cifras del INEC muestran que, a escala nacional, la pobreza urbana alcanza a 15,7% de la población y la pobreza extrema urbana: 3,5%. La pobreza rural sube a 41,7% y la extrema rural a 25,1%. El 52,4% de la población nacional ocupada trabaja en la informalidad (III trimestre 2025).

Patricio Benalcázar, director de Servicios de Protección Social del Patronato San José, describe otro rostro del mismo problema: la calle dejó de ser un tránsito y se volvió un destino marcado por hambre, consumo problemático, enfermedades psiquiátricas sin atención y desplazamiento forzado.

Sergio Jurado aporta otra pieza clave: la movilidad humana -sobre todo de familias colombianas desplazadas por grupos armados- introduce un tipo de vulnerabilidad que no existía antes. Son personas sin documentos, traumadas por la violencia, sin redes y con niños pequeños.

¿Quiénes están en las calles de Quito?

En Quito hoy convergen mundos que no existían juntos hace una década:

  • Niños ecuatorianos y extranjeros en trabajo infantil con padres o sin ellos
  • Migrantes venezolanos en comercio informal
  • Incremento de familias colombianas desplazadas por violencia armada
  • Adultos mayores que mendigan para “sentirse útiles” o en explotación (cargadores)
  • Consumidores problemáticos de alcohol y drogas
  • Ecuatorianos desplazados por crimen y extorsión
  • Trabajadores informales empobrecidos
  • Campesinos, indígenas, con discapacidad, adultos mayores, familias y niños que mendigan

¿Cómo llegamos hasta aquí?

Durante años, Quito enfrenta estos problemas con una red que combina esfuerzos del Municipio, el Estado, la Iglesia y organizaciones sociales, religiosas y comunitarias. Esta red ha sostenido un equilibrio frágil, pero hoy se ve saturada. Desde el Municipio, la Secretaría de Inclusión Social, dirigida por Jacques Ramírez, ejecuta una estrategia con dos pilares: prevención con campañas como ‘No dones dinero a NNA, protege sus derechos’. Y atención con el fortalecimiento de servicios del Patronato San José; acuerdos intermunicipales con 17 cantones expulsores de trabajo infantil y control del espacio público.

Pero Ramírez admite una limitación crítica: “(…) El organismo rector de política social nacional no cuenta con servicios para personas habitantes de calle y ha existido un limitado involucramiento del gobierno central para enfrentar la problemática”. En la práctica, parte de la carga operativa recae en el Patronato, que, al año entrega un promedio de 6 000 raciones alimenticias. Pero resultan insuficientes.

A través de convenios entre el Ministerio de Desarrollo Humano y organizaciones sociales se lleva adelante los programas de erradicación de la mendicidad, del trabajo infantil; así como la atención a extranjeros y nacionales que llegan al distrito metropolitano. Pero la demanda crece en estos meses, por lo que se activan los equipos de contención dentro y fuera de Quito.

La demanda de servicios es mayor a lo que el Municipio y el Estado cubren por lo que las organizaciones sociales, como la Corporación Ayuda para la Autoayuda buscan donaciones para sostener a los actuales y nuevos usuarios del sur de la urbe. La Iglesia sostiene otro tramo esencial del tejido urbano, especialmente a través de espacios como el San Juan de Dios, comedores y redes de voluntariado, que cubren alimentación, abrigo y acompañamiento donde el Estado no llega.

En el caso de los extranjeros su inclusión a programas sociales -por criterios de quintiles, temporalidad o cupos-, los deja días o semanas buscándose la vida. Sus necesidades no son solo económicas: requieren contención psicológica, regularización, alimentos, tratamiento médico y acompañamiento legal.

Esto muestran los datos

Personas en calle y mendicidad

  • 4 360 habitantes de calle en Quito (en 2013 eran 2 780 → +65,3%).
  • 14% de quiteños debe omitir una comida al día por falta de dinero, según Secretaría de Inclusión.
  • 240 personas forman parte del programa estatal de erradicación de la mendicidad.
  • No existe un registro estatal de habitantes de calle atendidos en Quito.
  • 100 personas diarias se acogen en el Hogar Comunidad de Calle
  • 4 741 personas fueron atendidas en el Albergue San Juan de Dios en 2024.
  • Hasta 25 personas cada tres meses son acogidas en el Hogar de Vida
  • 20 familias cada 15 días reciben atención integral en la Casa del Hermano

Niñez y adolescencia

  • 7 000 niños, niñas y adolescentes en actividades de riesgo y trabajo infantil en Quito.
  • 1 709 NNA atendidos al año en los 13 centros Guardianes de la Niñez.
  • 1 177 NNA en plan estatal de erradicación del trabajo infantil (sep. 2025). 2024 eran 1 088 (+8,2%).
  • 95 Quito Wawas → 4 176 cupos → 6 311 niños atendidos anualmente (1 a 3 años).

Movilidad humana y desplazamiento

  • 80 000 personas refugiadas en Ecuador en 2025 (+3,5% vs. 2024).
  • 2 933 personas en movilidad humana (venezolanas, colombianas y ecuatorianas desplazadas) atendidas por el Estado en Quito. En 2024 fueron 2 921.
  • 315 000 ecuatorianos desplazados internos por violencia (dato nacional de ACNUR).

Alimentación y respuesta humanitaria

  • 300 almuerzos diarios en tres comedores municipales (100 cada uno).
  • 30 comedores parroquiales de la Arquidiócesis atienden a 3 000 personas vulnerables.
  • A estos se suman las iniciativas particulares puntuales y colectivas.

Lo que viene

La ciudad se prepara para el pico más alto de demanda, entre noviembre y enero del 2026. El Municipio prevé reforzar comedores, puntos de abordaje. Las organizaciones sociales se alistan para ampliar donaciones y contención, mientras proyectos como los de movilidad humana ingresan casos conforme haya cupos. Pero las fuentes coinciden: sin servicios nacionales para habitantes de calle, en situación y experiencia de calle, sin atención psiquiátrica especializada y sin políticas contra el hambre, Quito seguirá respondiendo sola a una crisis que no es solo suya. Lo que viene depende de si el país refuerza una red capaz de sostener a una demanda creciente de familias que viven entre el hambre y la calle.


  • Te recomendamos: