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La elaboración de las cometas se mantiene activa en La Colmena

En la vivienda de Jorge Moya se reúnen los niños del sector que participan del vacacional para elaborar las cometas. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

El mes de agosto es tiempo propicio para que niños y adolescentes disfruten de uno de los juegos tradicionales que, con el pasar del tiempo, parece haberse perdido por causa de la tecnología. Pero aún está vigente en el barrio La Colmena, centro de Quito.

Se trata de la famosa cometa elaborada con base al sigse o carrizo y papel periódico, que hoy en día se las encuentra listas para hacerlas volar con distintos materiales llamativos en variados diseños, colores y tamaños.  El Colectivo Chakiñán es el encargado de guiar a los niños en este proceso y mantener viva esta tradición.

Guadalupe Panchi, coordinadora de esta agrupación, menciona que para rescatar la memoria histórica y tradicional de Quito realizan cada año, en agosto, vacacionales para que participen niños y jóvenes.

Entre las actividades está la elaboración de cometas. “Es una iniciativa que se enfoca en rescatar y revitalizar la elaboración de la cometa como un juguete tradicional y parte de la memoria de los barrios”.

Cuenta que en la actualidad participan 50 niños. El punto de encuentro para elaborar las cometas es en la vivienda de Jorge Moya, otro integrante de Chakiñan.

En este lugar hay una pequeña habitación, en el centro, se encuentra una mesa que contiene una variedad de papeles de colores, tijeras, pegamento, sigses, hilos, agujas, fundas, y otros materiales didácticos. Los niños se ubican alrededor, entre risas y relatos se preparan para elaborar su propia cometa.

Elaboración de la cometa

El procedimiento para armar este divertido juguete es sencillo, sin embargo, se necesita concentración, habilidad y cuidado en cada paso.

Jaime Villacís es el encargado de guiar a los niños en este proceso. Señala que la aventura se inicia a las 08:00 cuando se reúnen para ir en búsqueda de los sigses en terrenos y bosques de la Cima de la Libertad y en las lomas.

Una vez recolectados se los limpia para retirar cualquier tipo de imperfección o astilla. Mientras más largo sea, la cometa puede quedar más bonita. Después, se selecciona el papel de color y la piola o hilo a utilizarse.

La creatividad de los niños ha hecho que reciclen materiales para decorar la cometa. Con pegamento van uniendo los palitos y le van dando forma.

El proceso toma su tiempo, en la mesa priman papeles de color rojo, celeste, rosado, azul y morado. De manera cuidadosa van cortando el papel y lo van pegando.

Cuando la cometa está lista, después de varias horas, culminan su obra escribiendo su nombre.

Jorge Moya, de 64 años de edad, aún recuerda con nostalgia cómo elaboraba las cometas durante su infancia. Tiene muy presentes aquellos días en que su padre, a los 11 años, le fabricó su primera cometa. Como no tenían dinero, utilizaron accesorios que encontraron en su casa.

Pasaron los años y fue perfeccionando su técnica. Desde los 18 años -y con más recursos- empezó a utilizar más elementos hasta formar cometas de figuras y con más colores.

Menciona que hace 20 años las cometas se hacían con engrudo a base de harina de castilla y agua, los carrizos o sigses antes se encontraban fácilmente en los bordes de las calles, ahora deben salir a la montaña a conseguirlos. Y para decorar o dar forma a la cometa, recolectaban papel periódico.  

Daniela Villacís participa desde los 10 años en este colectivo. Actualmente tiene 15 y cuenta que ha aprendido a valorar esos juegos tradicionales que tiene Quito.

Ella cree que uno de los problemas para los niños en la actualidad es el vivir inmersos en la tecnología y las redes sociales.

“Elaborar cometas y enseñar a otros niños me llena de satisfacción porque aprovechamos las vacaciones de una manera sana y divertida. Aprendemos muchas cosas, sobre todo la historia de la capital que muchos jóvenes desconocen”, afirma.

El colectivo

El Colectivo Chakiñán nació en el 2014. Escogieron este nombre porque antiguamente en el sector de La Colmena no existían calles y para trasladarse de un lugar a otro los vecinos tenían que hacerlo por los chaquiñanes.

Con este valor simbólico decidieron formar el colectivo con el objetivo de trabajar en la generación de factores que influyan positivamente en el desarrollo de la comunidad.

Se capacitaron como gestores culturales para levantar la memoria histórica, cultural, patrimonial y natural de La Colmena y los barrios aledaños.

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