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Daniel Rojas imaginó que encontrar trabajo sería el siguiente paso después de graduarse como contador. Sin embargo, tres meses después, esa meta todavía parece lejana. A sus 24 años, dedica buena parte de sus días a revisar vacantes, enviar hojas de vida y participar en procesos de selección. No obstante, casi siempre encuentra el mismo obstáculo: la experiencia laboral. Sus únicas referencias corresponden a las pasantías realizadas durante su carrera universitaria. Su historia refleja una realidad que afecta a miles de jóvenes en Quito.
Los datos del Municipio muestran un deterioro de la situación laboral para los jóvenes. La tasa de desempleo juvenil en el Distrito Metropolitano de Quito pasó de 17,1% a 23,3% entre el primer trimestre de 2025 y el mismo período de 2026. Esto significa que cerca de 23 de cada 100 jóvenes económicamente activos no tienen empleo.
La situación contrasta con la tendencia nacional. Mientras la tasa de desempleo del país bajó de 3,8% a 3,4%, en Quito aumentó de 7,7% a 8,9%. Además, el número de desempleados en la capital pasó de 79 523 a 91 410 personas. La concejal Analía Ledesma, presidenta de la Comisión de Planificación del Concejo Metropolitano, considera que los jóvenes constituyen el grupo más afectado por esta problemática.
No obstante, la realidad no cambió. Mientras busca una oportunidad en el área ambiental, trabaja en la panadería de sus padres en Cotocollao. No abandona la meta de ejercer la profesión para la que se preparó durante años. Los casos de Daniel y María reflejan una inquietud cada vez más frecuente entre los jóvenes quiteños: estudiar más ya no garantiza encontrar empleo.
Para el sociólogo Juan Sebastián Vera, el problema va más allá de la formación académica. Según él, existe una desconexión entre las expectativas y la preparación de las nuevas generaciones y lo que puede ofrecer el mercado laboral ecuatoriano.
Los jóvenes llegan al mercado con mayores niveles de formación que generaciones anteriores; sin embargo, la economía no genera suficientes oportunidades para absorber ese talento.
Según Vera, algunas empresas no pueden asumir salarios acordes con esos perfiles y otras simplemente no ofrecen suficientes plazas para determinadas profesiones. Esta situación afecta no solo a sectores tecnológicos; también alcanza a profesionales en áreas como Sociología, Historia o Comunicación.
El historiador y sociólogo Pablo Meriguet identifica otro factor detrás del desempleo juvenil: la dificultad para acceder al primer empleo formal. Muchas empresas exigen experiencia previa, pero pocas ofrecen espacios para adquirirla. Como resultado, numerosos jóvenes terminan en actividades informales o temporales que les permiten generar ingresos mientras continúan buscando una oportunidad estable.
Meriguet sostiene que Quito mantiene una economía donde una parte importante de la población sobrevive gracias a actividades informales. Esta realidad limita la capacidad de la ciudad para incorporar a los jóvenes al empleo formal.
El Municipio identifica varios desafíos detrás del aumento del desempleo juvenil. Entre ellos se encuentran las dificultades para acceder a una primera experiencia laboral y la brecha entre la formación y las necesidades del mercado laboral.
A través de Conquito, la administración municipal impulsa programas de capacitación, asesorías para elaborar hojas de vida, ferias de empleo y una bolsa laboral dirigida a conectar a los jóvenes con oportunidades laborales.
Por su parte, Analía Ledesma propone las denominadas Zonas UIO, espacios diseñados para atraer inversión, simplificar trámites y fortalecer el emprendimiento juvenil. La iniciativa contempla incentivos para empresas que contraten jóvenes y programas de capacitación en competencias digitales.
“No podemos pedir experiencia a quienes buscan su primera oportunidad. Por eso debemos fortalecer las ferias de empleo y los programas de capacitación digital”, señaló Ledesma.