19 de junio de 2019 00:00

A Quito siguen llegando migrantes de Venezuela

Dayana y la niña Osdarlin arribaron a la capital luego de un viaje que duró 20 días. Foto: Armando Prado / EL COMERCIO

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Redacción Sociedad

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Sentadas en una de las jardineras de la plaza de San Blas, en el Centro de Quito, Dayana y la pequeña Osdarlin no se descuidan de sus dos maletas. En ellas llevan todas sus pertenencias (ropa). Con ellas emprendieron su viaje desde el estado venezolano de Aragua hasta Quito, hace 20 días.

“La situación en Venezuela era desesperante”, relata la mujer y no despega la mirada de su hija de 8 años, que se levanta para jugar un poco.

Ellas no dejaron su país con el objetivo de llegar a Perú, que desde el sábado 15 de junio exige visa. Pero son parte de esa ola migratoria que, en estos días, ha triplicado la cifra de personas que cruzan la frontera norte.

Según el Ministerio de Salud, en los últimos días, a la frontera norte han llegado 35 mil extranjeros. La entidad ha contabilizado 23 600 atenciones.

Dayana dejó a una parte de su familia y una casa, fruto de su trabajo como servidora pública y del de su esposo, quien llegó hace dos meses.

Un kilo de queso costaba 30 000 bolívares o soberanos -como también se conoce a su moneda-, mientras que su sueldo era de 40 000 bolívares.

Por ello decidió caminar junto a la niña hasta Quito. Durante 20 días de trayecto enfrentaron de todo. En Cúcuta, por ejemplo, las estafaron. Les ofrecieron ayuda para regular su situación migratoria.

Kimberly y su hijo de siete años buscaron posada en el albergue Buen Samaritano. Foto: Armando Prado / EL COMERCIO

Kimberly y su hijo de siete años buscaron posada en el albergue Buen Samaritano. Foto: Armando Prado / EL COMERCIO


Pero también encontraron personas solidarias. Así completaron para el pasaje. Ambas arribaron el domingo 16 de junio a Ecuador, para reencontrarse con su familia. El hombre vende en las calles con el niño, de 5 años. Buscan un lugar para dormir, trabajo y escuela para los niños.

A pocos metros de la plaza de San Blas está el albergue Buen Samaritano, a cargo de la pastoral Cáritas y de la congregación de religiosas oblatas. Acogen a 100 personas; varios son venezolanos que han llegado producto de la crisis.

Kimberly e Ismael son una pareja de venezolanos que residía en Valencia. Llegaron el lunes a Quito en busca de una nueva vida para ellos y para su pequeño hijo de 7 años.

Ismael fue militar, pero tuvo que dejar ese trabajo. Su esposa está cansada. Su rostro muestra las secuelas de un viaje que empezó hace 28 días.

“En Venezuela no se puede vivir. No hay trabajo ni medicinas. No hay médicos ni enfermeras. En las escuelas no dan clases”, dice Ismael.

María José Escalona
es técnica social de Cáritas. Reconoce que han llegado más venezolanos, pero hace diferencias.

Ahora -dice- llegan a Quito personas con más necesidades como familias con un mayor número de hijos, embarazos de riesgo, enfermedades catastróficas, adultos mayores y adolescentes solos.

En el albergue hay tres modalidades de ayuda. Una es el acogimiento a personas de tránsito, a quienes se les ofrece un espacio para que descansen, no mayor a cinco días. El segundo es para familias que buscan quedarse en Ecuador, que permanecen máximo un mes, se les ayuda a elaborar su plan de vida. La tercera modalidad es para familias ya instaladas, se les brinda comida.

“Es preocupante, son muchas familias que se quedarían en el país. No alcanzaron a llegar a su destino, Perú”, según Marlene Morillo. Es una abogada venezolana de Cáritas y una de las encargadas de asesorar a sus compatriotas, para organizar sus papeles.

Por su lado, el Ministerio de Salud garantiza la atención a ciudadanos venezolanos en tránsito o que decidan quedarse en el territorio ecuatoriano, independientemente de su situación migratoria. Lo confirmó Julio López, viceministro de Atención Integral, ayer, mientras verificaba el acceso a servicios, en el Puente Internacional de Rumichaca.

En la frontera norte, el funcionario dijo que Ecuador ha brindado más de 200 000 atenciones a ciudadanos extranjeros, entre el 2015 y el 2017. Incluye atención primaria, hospitalización, alta complejidad, emergencias, cirugías, diálisis, tratamiento, diagnóstico, medicina y vacunas.

En los centros binacionales de atención de frontera se garantizan esos servicios y en todo el país. Consultado, el Viceministro señaló que desde marzo del 2018 se emitió una alerta temprana sobre patologías que representan riesgo, como sarampión y difteria.

Este Diario consultó al Patronato Municipal San José, de Quito, sobre qué acciones se tomarán ante la llegada de venezolanos en estos días. Desde Comunicación se indicó que el ente rector del tema es el Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES). Y que mañana, a las 14:30, acudirán a una reunión de coordinación.

El MIES adelantó que suscribirá seis convenios en Quito, Guayaquil, Cuenca, Santo Domingo, Manta y Loja, para atender a la población en contexto de movilidad humana en situación de vulnerabilidad. A estos se suman otros cinco que se implementan en las fronteras norte y sur. Se trabaja, se indicó en un e-mail, en lo psicosocial y legal y con servicios de cuidado de niños. A la población en tránsito se les entrega kits de aseo y alimentos.

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