24 de noviembre de 2020 00:00

5 561 personas han sido indagadas por estar en contacto con positivos

Jhonny Sayay y Gabriela Montesdeoca se encargan de comunicar los resultados a los pacientes. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

Jhonny Sayay y Gabriela Montesdeoca se encargan de comunicar los resultados a los pacientes. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

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Daniel Romero

Son como detectives. Con llamadas telefónicas indagan sobre síntomas y contactos cercanos de personas con covid-19. Se denominan rastreadores y en dos meses han notificado los resultados de sus pruebas (positivos o negativos) a 14 704 personas.

Alejandra Guayasamín es médica general. Ha trabajado en las acciones del Municipio de Quito desde el inicio de la emergencia sanitaria, ya que es parte del personal de la Unidad Metropolitana de Salud del sur.

La profesional de 42 años integra una de las 26 brigadas de rastreadores que buscan nuevos casos de coronavirus. El trabajo empezó el 26 de septiembre y no se ha detenido.

En total, la Secretaría de Salud cuenta con 50 médicos profesionales como Guayasamín que se dedican exclusivamente a esa tarea. El rastreo es otra de las estrategias implementadas que se sumó a las de los puntos de triaje y brigadas móviles.

La jornada de Guayasamín empieza a las 08:00 con la entrega de una lista de pacientes a quienes debe notificar el resultado de un test. Su trabajo dura ocho horas. Los rastreadores operan en dos jornadas divididas en grupos de domingo a domingo.

La tarea empieza cuando el resultado de un test es positivo. Guayasamín pregunta a la persona contagiada si tuvo contacto estrecho con alguien más. También indaga sobre los lugares en los que estuvo y las actividades que esa persona realizó.

La médica explica que se considera contacto cercano a un relacionamiento de más de 15 minutos con otra persona sin el uso de mascarilla. Para determinar el riesgo de quien estuvo cerca y qué preguntas hacer, ella fue capacitada en línea por el Hospital Larkin de Miami (EE.UU.).

De las 14 704 notificaciones telefónicas hechas por los rastreadores,
2 938 fueron de test positivos, por lo que en esa etapa se activó el rastreo. Con la investigación se llegó a 5 561 personas que tuvieron un contacto directo con quienes padecen el virus. Guayasamín cuenta que lo primero que hacen cuando llaman a uno de ellos es identificarse como rastreador.

Después se le informa que una persona que resultó positiva lo refirió como un posible contacto. En ese momento, lo importante es averiguar sobre su estado físico y, en ocasiones, brindar soporte emocional.

En caso de que tenga algún síntoma relacionado con covid-19 o se confirma que pasó más de 15 minutos y sin mascarilla con el infectado, la profesional de salud agenda una cita para la toma de una muestra.

Del total de personas indagadas, a 807 se les agendó una cita para una prueba de detección, según Marco Flores, coordinador de las Brigadas de rastreo de la Secretaría de Salud.

Sin embargo, solamente 259 acudieron para realizarse el test con el Municipio. ¿Los resultados?: 164 personas dieron negativo y 95, positivo.
Henry Quishpe vive en el norte de Quito. El viernes 6 de noviembre del 2020 sintió dolor de cabeza, fiebre y malestar en el cuerpo. Al siguiente día acudió al Coliseo de Calderón (norte) en donde está uno de los puntos de atención del Cabildo.

En ese lugar le agendaron una cita para tomarle la muestra el miércoles 11 de noviembre. Finalmente, el resultado llegó el viernes 13 : tiene covid-19. Ahora su familia espera los resultados de su esposa. Ella fue rastreada como un contacto cercano.

Hasta ayer 23 de noviembre del 2020, el Ministerio de Salud Pública reportó 61 639 casos positivos en Quito y 66 990 en Pichincha. Desde el inicio de la pandemia, la parroquia de Chillogallo se ha mantenido en el primer lugar. Le siguen Calderón, Guamaní, Cotocollao, La Magdalena, Conocoto, Iñaquito y Chimbacalle.

 Pero, ¿hasta qué paciente de covid-19 se realiza el rastreo? Guayasamín comenta que después de una persona positiva y una que tuvo contacto estrecho, lo que determina continuar la cadena es el resultado de la prueba de esta última.

Es decir, si el contacto cercano resulta positivo, esa persona se vuelve el paciente principal y la indagación sigue. Si es negativo allí se cierra el cerco epidemiológico.

Andrea Gómez, epidemióloga y salubrista, considera que la tarea de rastreo es indispensable para el control de una pandemia. Señala que, además de reducir la velocidad de contagio, permite identificar pacientes con posibilidad de desarrollar síntomas graves.

La experta también indica que ha sido una de las estrategias que ha permitido reducir la mortalidad en la capital. Otro beneficio de la medida es bajar el número de casos que llegan a los hospitales ya que existe una atención temprana.

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