3 de diciembre de 2019 00:00

81 chivas llevan la farra por calles y avenidas de Quito

Este lunes 2 de diciembre, una chiva recorrió las calles del sector de La Magdalena, en el sur. El servicio cuesta entre USD 350 y 400. Foto: Armando Prado / EL COMERCIO

Este lunes 2 de diciembre, una chiva recorrió las calles del sector de La Magdalena, en el sur. El servicio cuesta entre USD 350 y 400. Foto: Armando Prado / EL COMERCIO

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Ana María Carvajal. Redactora (I)

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Con la llegada de las fiestas de Quito se despierta la emoción de farrear a bordo de la popular chiva. Aunque el modo tradicional de amenizar el viaje con una banda de pueblo en vivo ha decaído hasta casi desaparecer, estos pintorescos vehículos siguen siendo una opción apetecida en los aniversarios de la fundación.

La demanda es tal que durante este año solo se tramitaron los permisos para seis chivas para operar en cualquier fecha, mientras que para las fiestas decembrinas se solicitaron hasta este lunes 2 de diciembre del 2019, 88 nuevos permisos, de los cuales se entregaron 75.

Según la Agencia Metropolitana de Tránsito (AMT), que es la autoridad a cargo de estos permisos, los 13 restantes no se extendieron porque los vehículos no contaban con la aprobación de su revisión técnica vehicular (RTV).

Las seis unidades que operan todo el año son de La Chiva de mi Pueblo, una empresa activa desde el 31 de octubre de 1997, en Quito. Su gerente es Diego Artunduaga, quien recuerda que lo precedió La Chiva Quiteña, pero esta ya cerró.

81 chivas llevan la farra por calles y avenidas

Antes había menos regulaciones, la gente podía subirse en el techo del vehículo y la banda de pueblo se acomodaba arriba o atrás. Ahora, los permisos son más estrictos: se debe enviar una solicitud, adjuntar la copia de cédula o pasaporte, certificado de votación y matrícula vigente.

Los fiscalizadores de la AMT verifican el correcto funcionamiento mecánico del vehículo, el estado de la carrocería, los anclajes entre el chasís y la plataforma, el estado de los elementos para sujetarse, el soporte lateral y las estructuras del techo. Otros puntos que se consideran son la capacidad de pasajeros, que no debe sobrepasar los dos pasajeros por metro cuadrado y que el tubo de escape sea original.

Los permisos pueden extenderse por un lapso de seis meses e incluyen un adhesivo en un punto visible de la chiva con la capacidad de pasajeros.

A Quito llegan en diciembre chivas de Baños-Tungurahua, como la de Franklin Vargas. En ella el viaje por grupo cuesta USD 350. Edwin Corrales tuvo cinco contratos el viernes. El resto del año ofrece sus servicios en otras localidades. También hay chivas que viajan a Quito desde Santo Domingo.

“Las chivas pueden circular solo por vías concurridas como la Amazonas, De los Shyris o 10 de Agosto, y no pueden avanzar en las calles angostas”, según Juan Manuel Aguirre, director de la AMT. Él encabezó un operativo el viernes pasado en el norte y señaló que estos tienen el objetivo de precautelar la seguridad de los pasajeros. Por eso no están permitidas adecuaciones a camionetas o camiones pequeños.

Ahora, solo cuando hay pedidos especiales, se colocan en las chivas de Artunduaga los asientos y se lleva a una banda de pueblo a un sitio fijo.

En esta época, a la flota se suma un vehículo que opera en Santo Domingo y el personal aumenta. En La Chiva de mi Pueblo hay 12 personas trabajando entre la oficina y el garaje de despacho. Hay 24 más, entre DJ, choferes y un coordinador a cargo de repartir canelazos y controlar el orden.

Lo triste, dice Artunduaga, es que antes eran seis chivas, cada una con una banda y no poder contratarlas más a todas, solo a dos ocasionalmente.

Ahora es casi imposible contratar un paseo en estas chivas Chevrolet, Ford, Fargo e International, pues las reservan desde agosto para esta época. Son modelos de 1948, 1952, 1958 y 1998 y están repotenciadas. Usualmente el servicio cuesta USD 180, pero en temporada alta llega a 350 y 400.

Eddy Flores contrató una de ellas para el 22 de noviembre, con tres semanas de anticipación y así sorprendió a sus esposa con un festejo de cumpleaños entre familia y amigos. Él cuenta que fue una forma original y divertida para celebrar, en medio de la ebullición del inicio de las fiestas.

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