24 de October de 2011 00:04

René Ramírez, versátil capitán de la ‘revolución’

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No está cómodo. Cruza los brazos y los mantiene apoyados sobre la mesa. Preferiría no hablar de su vida privada, en general, y mucho menos con periodistas...

René Ramírez es callado y observador. Confiesa que es introvertido. También que en el Gobierno son muy malos comunicadores. Su asesora de prensa, María José de Luca, no lo contradice.

El golpeteo de cubiertos, colocados y retirados de las mesas del Café Colón, en la Juan León Mera y Patria, es el sonido que ambienta la charla, a las 07:10 de un viernes. Ramírez escogió conversar frente al edificio de la Secretaría Nacional de Planificación y Desarrollo (Senplades), que dirige.

A las 08:00 debía conceder una entrevista, a través de videoconferencia, a Democracy Now, medio radial y televisivo alternativo, transmitido por Internet. Hugo Chávez y Evo Morales han sido dos de los invitados a la estación, cuya sede está en EE.UU. Esperaba regresar a su casa a las 21:00.

Aquella mañana vestía chaqueta y pantalón a rayas. Usa esos pantalones cuando quiere verse más formal, pero si pudiera llevaría a diario más prendas de pana.

Aún no se le ha secado el cabello, que lleva recogido en una cola. El ‘look’ lo adoptó para ya no ir a la peluquería, desde su último año en el colegio jesuita San Gabriel de Quito. “Aunque para graduarme de bachiller, por la disciplina religiosa-militar, -recuerda- me obligaron a cortármelo”.

Estudió la primaria en el Borja 2, otro plantel católico. Dice que la educación debiera ser laica. Es agnóstico. No cree en el matrimonio. Vive con la argentina Analía Minteguiaga, a quien conoció mientras estudió del 2002 al 2004, en la Flacso México. Tienen una hija de ocho meses.

A Ramírez, de 36 años, se le cuestiona porque su pareja ha trabajado en el círculo en el que él se ha desenvuelto como autoridad. De la Senplades salió la Ley de Universidades, aprobada en agosto del 2010. A ella se la identifica como la autora de la propuesta. En julio del 2010, diario Expreso tituló: “De argentina con amor: entretelones de un proyecto controvertido”.

Legisladores como Paco Moncayo (Alianza Libertad) lo ven como “el ideólogo de la revolución ciudadana”. La razón: en su oficina se elaboraron proyectos económicos urgentes como la Ley Antimonopolio y el Código de Planificación y Finanzas, entre otros que, a su juicio, no han recibido sino “cambios cosméticos”.

Andrés Páez (ID) lo llama “el dios de la revolución ciudadana”, por “acumular cargos y poder”, pues dirige el órgano rector de la planificación. También vela por el desenvolvimiento de áreas estratégicas, según apunta su antecesor, Fander Falconí. Ramírez, además, es secretario nacional de Educación Superior, Ciencia y Tecnología y presidente del Consejo de Educación Superior.

Talvez es esa multiplicidad de funciones lo que hace que él ahora infunda temor entre quienes lo conocen. Cinco académicos que lo han visto crecer desde que daba clases de macroeconomía en la U. Católica, entre 1999 y el 2002, hablaron sobre él a condición de no ser citados. También tres rectores. Uno argumentó que no daba su nombre porque el Gobierno pudiera perseguirlo a través del SRI. Y otro dijo que temía que “Zeus (el Presidente de la República) lo sacara del Olimpo”, al enterarse de que René Ramírez todavía era su amigo, pese a que está fuera de Alianza País.

Ramírez se graduó de economista en la U. San Francisco de Quito (USFQ), donde estudió entre1993 y 1996, con una beca que cubrió el 85% de la colegiatura. Vivía en la Ulloa y Rumipamba, norte de la capital, y llegaba al campus en Cumbayá, en bus o en un Volkswagen de 1974, que compartía con sus hermanos: Franklin, de 38 años, y Jacques Paúl ‘Papoy’, el menor, de 35.

En la USFQ empezó a sentirse incómodo con lo que reiteradamente llama “injusticia social, casi normalizada en el país”. Allí estudió en medio de ‘guetos’, en los cuales –sostiene- se refugiaban los alumnos según su situación económica. Él, que fue un universitario de clase media, por ejemplo, solo ha visto en los últimos 10 años a dos de sus ex compañeros porque -dice- gran parte estaba en un nivel económico más alto.

Rafael Correa fue su profesor de microeconomía, en los dos últimos años de carrera. Por fuera de las clases, el ahora Presidente le comentaba que “el gran problema del Ecuador es que las mejores personas no están en los puestos en que deberían situarse”.

Ramírez no ha desayunado. Pide jugo de papaya con naranja en la cafetería. “No hay”, le responde el mesero. Elige frutilla. Bebe despacio. Ni mira la bandeja con panes sobre la mesa y sostiene: “Solo un ciego no quiere ver la enorme distancia que hay entre los ecuatorianos”.

Al decirlo se relaja. Se siente mejor hablando de sus ideas que de su vida. Sus manos parecen liberadas, las mueve. La Asesora lo observa y asiente con la cabeza. Él sigue con sus confesiones: un día, en pleno Gabinete, les dijo a los demás ministros que pertenecen al 10% más rico del país…

En esa línea, a Ramírez le encantó que “el Rafael”, como llama al Jefe de Estado, se bajara el sueldo, en el 2007. Precisa que entre los estratos más altos y los trabajadores, la diferencia salarial es de 23 a uno en el país. Cuando empezó el Gobierno era de 36 a 1.

Pese a estas reflexiones, Ramírez también gana un sueldo de ministro: USD 5 808 mensuales, según la página web de Senplades. El año pasado, el funcionario declaró USD 5 566,58 como pago de Impuesto a la Renta, según el SRI. Desde el 2007 ha declarado sobre los 4 000, cuando en el 2006, ese rubro fue de USD 761,44.

Maneja un Volkswagen Golf del 2003, que compró de segunda mano, hace dos años. Detesta que las personas conduzcan ‘megacarros’, los considera ostentosos.

Vive en el edificio San Lucas, en la Paúl Rivet y Whymper, al norte de Quito. Sus vecinos cuentan que él y su pareja asisten a las reuniones de condóminos, pese a que de 40 propietarios, usualmente solo 12 participan.

El autor de cabecera de Ramírez es el antiguo filósofo griego Aristóteles, quien habló de justicia distributiva y de dar a cada ciudadano lo que le corresponde por sus méritos. Por eso quizá justifica sus ingresos aceptando que en toda sociedad existen rangos.

“Ramírez es la cabeza de un cuerpo mutilado, que era la opción progresista del Gobierno de la revolución ciudadana. Está en pugna con el Ministerio de la Producción, que está más cerca de los empresarios y no los controla tanto como él”. Lo cuenta un ex colaborador de Senplades, quien también pide guardar su nombre. Lo identifica como un seguidor de Amartya Sen, hindú premio Nobel de Economía, que habla de la economía del bienestar.

En el Gabinete, una Ministra, que solicita no ser citada, comenta que Ramírez está en el ala más radical de A. País. Su hermano Franklin Ramírez, politólogo de la Flacso, no niega las diferencias.

“René es un hombre identificado con una corriente progresista de izquierda, disputando espacios políticos en la coalición de fracciones de un movimiento que nunca fue homogéneo”.

Ramírez bebe otro sorbo de jugo de frutilla. Su asesora, María José, le pide terminar la conversación. Tiene que cumplir con su agenda. Deja la cafetería. Cruza la calle Juan León Mera.

Ingresa al edificio de Senplades y en el ascensor seis personas lo saludan. El viaje es silencioso. En el sexto piso, un guardia le abre la puerta de vidrio con una tarjeta.

Va hasta su despacho, donde hay una impresora. Prefiere manejar por su cuenta los documentos que elabora. Ahora trabaja en uno cuyo equivalente sería la Ley de Ciencia y Tecnología, aunque quizá la nombre Ley de economía social del conocimiento.

Su mundo es la economía. Los autores favoritos son de esa materia: Amartya Sen, Albert Hirschman, David Harvey y Giovanni Arrighi. No es un seguidor de Marx. Por ahora lee ‘Caída Libre’, de Joseph Stiglitz, y ‘Sin fines de lucro’, de Martha C. Nussbaum.

En la pizarra que destaca en su sobria oficina, de cinco por seis metros, hay fórmulas sobre el buen vivir. En el lugar no hay fotos de Uzué, su hija. Ni de su pareja. Pareciera que es el espacio de alguien sin toque personal. Pero Ramírez lo tiene: su idea es reivindicar la identidad nacional. Sobre el escritorio aparece la cabeza de la Mama Negra y detrás de la silla hay un estandarte del Ecuador.

Al oírlo citar a Charly García entre sus gustos musicales es inevitable no buscarle un aire del cantante argentino, por los lentes con marco plástico que usa desde hace 10 años. También le gusta el jazz y el rock mexicano. Pero no es uno de los cantantes del gabinete, porque no tiene buena voz.

En los círculos académicos bromean diciendo que se ha convertido en ‘capitán’ del equipo de fútbol amateur que integró entre 1997 y el 2002, cuando fue profesor de la Facultad de Ciencias Humanas de la U. Católica. Era volante de creación. Pese a las ocupaciones, aún se quita el estrés en el cine y los domingos, jugando fútbol con sus hermanos, en el parque La Carolina.

La broma viene al caso ya que por la Senplades han pasado sus amigos de esa época. Algunos dejaron el organismo, pero no el Gobierno. Entre otros integrantes de esa alineación de la Católica constan: Pavel Muñoz, ahora viceministro de Inclusión Económica y Social (MIES), y Juan Fernando García, ex viceministro de Coordinación Política, hoy coordinador de Planificación en el MIES.

Los cargos de sus familiares

René Ramírez casi nace en Mozambique. Franklin, el padre, trabajó por 25 años en Unesco. Sus hermanos nacieron en Brasil y Bolivia. En Quito, el padre trabajó en el Departamento de Planeamiento del Ministerio de Educación. En el gobierno de Rodrigo Borja le ofrecieron ser ministro.

El padre, fallecido hace cuatro años, obtuvo un doctorado en planificación en París y su madre, Edith, era psicóloga. Ambos lo motivaron a estudiar. René admite haber sido un “nerd”. Su asesora María José de Luca, ex periodista de Teleamazonas y ex asambleísta de A. País, sonríe.

Luego de graduarse de economista en la U. San Francisco obtuvo su maestría en políticas públicas en la Flacso México, en el 2004. Y en diciembre del 2005 finalizó su maestría en economía del desarrollo en Holanda.

Jacques Paúl, a quien René bautizó como ‘Papoy’ porque en la niñez no podía pronunciar su nombre, es doctor en Antropología, especializado en migración. También fue asesor político de la Secretaría del Migrante (octubre del 2007- abril del 2008). Y subsecretario de Asuntos Consulares de la Cancillería (de abril del 2009 a enero del 2010).

Franklin admite hacer “un acompañamiento militante a organizaciones, ministros y concejales, sin cobrar”. Pero, en septiembre y diciembre del 2007 fue contratado por Senplades para elaborar, con otros expertos, el Plan Nacional de Desarrollo.

Su hermano René argumenta que entonces al frente del organismo estaba Fander Falconí. Mas, él ya era subsecretario, cargo que ocupó por 10 meses.

Cuando Falconí pasó a dirigir la Cancillería, en diciembre del 2008, Ramírez se convirtió en secretario nacional de Planificación. Falconí lo conoció en el 2005, en la Flacso. Luego hicieron, con otros autores, el programa de gobierno de Alianza País.

A Ramírez se le critica que su pareja, Analía Minteguiaga, haya estado en el proceso de socialización de la Ley de Universidades.

Él confirmó que fue contratada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Hizo una consultoría sobre la Ley, del 30 de marzo del 2008 al 31 de julio del 2008. Cobró USD 13 440.

Luego esta doctora en investigación en Ciencias Sociales, ganadora de una plaza como investigadora en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas de Argentina, laboró en el Consejo de Evaluación de la Educación Superior (ex Conea). El ente preparó el informe de desempeño de las universidades, clasificadas en cinco categorías. En esa época Ramírez hablaba en contra de los centros que llamó de ‘garaje’.

Desde fines de mayo del 2010, ella integra la planta de 47 maestros titulares (con PhD) del IAEN, la universidad de posgrado del Estado. Según el rector, Carlos Arcos, participó en un concurso de méritos y oposición.

No así su cuñado, Jacques, porque “en el país hay solo dos expertos en migración, una en la Flacso y Jacques”, explica Arcos. Ambos ganan USD 3 138 mensuales.

Para Francisco Ulloa, asambleísta del MPD, hubo tráfico de influencias. Pero Arcos lo descarta y recuerda que la nueva Ley de Universidades designa al secretario técnico de Senplades y no al titular del ente -René Ramírez- como delegado al IAEN. Así que niega que el funcionario haya ejercido alguna influencia.

Minteguiaga, de 38 años, además fue asesora de los ministerios de Cultura, Desarrollo Social, y Justicia, en este Gobierno.

En enero del 2010 participó en un concurso para ser docente de la Flacso. No lo ganó. Obtuvo la más alta calificación. Pero se tomaron en cuenta otros aspectos. Dio clases en la USFQ, no como maestra de planta, según confirmó la universidad. Ramírez pide reconocer que su tesis fue la mejor, entre las galardonadas por los 50 años de la Flacso México. Insiste en que se ganó un lugar por sus méritos en Ecuador.

“No podría vivir con una mujer que solo se dedique al trabajo de la casa”, comenta, y asegura que Uzué, la bebé, ha revolucionado la vida de ambos. Él trata de llegar a casa lo más pronto posible.

Ambos tienen fotos de Uzué en sus celulares. Ella, con jeans y blusa informal, enseña la imagen en su pequeña oficina en el IAEN. No quiere hablar con la prensa.

Ramírez repite que buscan perjudicarlo a través de su pareja. No confía en la prensa. Pone ejemplos de malas experiencias con otros medios. Aunque sonríe al recordar que fue parte de EL COMERCIO. Cuenta que estuvo en el equipo que inició la revista Líderes, en 1996. Entonces tenía 21 años, tomaba el bus para llegar al Diario a las 08:00, dice, cerca de la casa paterna. Dejó el semanario -sostiene- para trabajar en el Sistema Integrado de Indicadores Sociales (Siise).


HOJA DE VIDA
René Ramírez Gallegos

Su experiencia. Antes dirigió el Conam.  Ha escrito ‘Igualmente pobres desigualmente ricos’ y ‘La felicidad como medida del buen vivir’, entre otros libros.

Su punto de vista. La injusticia social está casi normalizada, los ministros pertenecen al 10% más rico.




























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