14 de August de 2011 00:01

‘En el país no cabe un discurso único...’

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Tania Hermida
Su experiencia. La directora nació en Cuenca. Se graduó en la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de Los Baños, Cuba.

Su punto de vista. Un pensador necesariamente debe tener una mirada crítica sobre el mundo, porque de ahí parte su trabajo.

La cineasta y ex constituyente Tania Hermida, simpatizante del Gobierno, reflexiona sobre el papel de los ciudadanos y defiende el derecho a la diversidad ideológica y a la crítica.

¿Es posible tener una mirada crítica sobre el Gobierno sin que le tachen de opositor o de enemigo de la revolución ciudadana?

Me parece terrible que como ciudadanos la única posibilidad que tengamos es estar a favor o en contra de un Gobierno.

Pero, ¿es posible o no?

Nos corresponde ir ampliando los espacios de discurso diverso, donde es posible respaldar al Gobierno teniendo una mirada crítica y donde también es posible no estar a favor del Gobierno con la misma mirada crítica.

¿Y si al tener una mirada crítica la encasillan como parte de “la oposición”?

Eso no debe suceder, pero sí tenemos que decir que existe una oposición que lo mira todo mal y eso no es bueno para el país.

Como artista, ¿percibe usted que la política de lado y lado está armando un país en blanco y negro?

Creo que es el momento de preservar y ampliar nuestro pensamiento, nuestra cultura, nuestras incertidumbres espirituales... No creo que debamos reducirlo todo a la política.

La política domina la agenda de los ecuatorianos...

Es que estamos hablando de un Gobierno que quizás en cuatro años más ya no esté. ¿De qué hablaremos, entonces? ¿Cuál será la agenda del país cuando eso ocurra?

El país no será el mismo después del gobierno de Rafael Correa...

En las preguntas que usted me hace percibo que alguna gente tiene un miedo setentero.

¿Miedo setentero?

Sí, es como si algunas personas creyeran que el país se enfrenta a la posibilidad de que vamos hacia un pensamiento único socialista y que nuestras películas y creaciones y música van a repetir la propaganda y los dogmas del Gobierno.

¿Y no será así?

No, me parece totalmente irreal e imposible no solamente porque estamos en un momento diferente de la historia en términos cronológicos, sino también porque yo siento que nuestro país tiene una cultura muchísimo más diversa y rebelde de lo que parece.

¿Es un miedo absurdo?

Estoy segura de que al Ecuador es muy difícil encajarle en un pensamiento único ni por un mes, peor por un período largo.

¿Hay prejuicios, entonces?

Yo siento que como ecuatorianos -y de eso no somos muy conscientes- somos muchísimo más propensos a dudar y a rechazar la homogeneización. Entonces siento que ese es un miedo innecesario que además nos impide leer las cosas y los hechos en toda su complejidad.

Quizás no es miedo, sino desaliento. Hay gente que creyó en la “revolución ciudadana” y ahora se siente marginada, es decir, que hay una revolución sin ciudadanos y que vamos hacia un proyecto caudillista.

El problema del caudillismo no es un problema de Rafael Correa ni de este Gobierno. El caudillismo es un problema de América Latina y los genes de ese problema están en la Colonia. Salimos hacia la Independencia convertidas en repúblicas caudillistas, y por eso creo que ese problema trasciende la personalidad de nuestro actual Presidente…

¿Por eso el país votó a lo largo de la segunda mitad del siglo XX por Velasco Ibarra y en los años 80 por León Febres Cordero?

La historia del Ecuador y de América Latina está marcada por caudillos, puede ser que unos nos parezcan más lúcidos que otros, y hasta mucho más valientes, como Eloy Alfaro. Puede ser también que por las posturas de cada uno nos parezcan autoritarios o demócratas, pero lo que me parece fundamental es que pensemos en un proceso de largo plazo, donde todos podamos y debamos aportar a la construcción de un mejor país.

Pero eso no es posible si el caudillismo impone una manera de pensar y actuar...

El problema del caudillismo está también en cómo nos comportamos como ciudadanos frente al poder.

¿La utopía del poder ciudadano?

No es una utopía. Mi participación en la Asamblea de Montecristi me enseñó y mostró que sí es posible ejercer el poder desde la ciudadanía, desde ese ciudadano que se arriesga y asume su corresponsabilidad en la construcción de un país distinto.

¿Un país donde todos debemos luchar por la diversidad ideológica, política, artística, estética?

Insisto en ampliar esa diversidad, porque si decimos “defender” se podría pensar que antes de este Gobierno sí teníamos esas libertades y que ahora no. Y a mí me parece que ahí cometeríamos un grave error.

¿Por qué cometeríamos un grave error?

Porque el discurso de la diversidad lo introduce la Asamblea Constituyente y es ella la que pone sobre el tapete el tema. Yo me metí a la Asamblea para colocar el tema de la diversidad en un concepto mucho más amplio.

¿Cómo entiende usted el concepto de diversidad?

Tan importante como la diversidad biológica para un ecosistema es la diversidad cultural e ideológica. El momento en que se pierde el espacio de la diversidad la sociedad se homogeneiza y nos vuelve unos consumidores estúpidos que se pasan de ‘shopping’ los fines de semana y repiten dogmas sin siquiera entender de qué están hablando.

¿Estamos hablando de la necesidad de que exista un ciudadano consciente, reflexivo, que no se deja influir por el discurso político?

Estamos hablando del ejercicio ciudadano de aprender a tolerar la diversidad de discursos. Y eso nos corresponde a nosotros los ciudadanos, a nadie más.

¿Y qué papel juega un gobierno en ese caso?

Lo que importa es el papel de los ciudadanos, porque obviamente el Estado no lo hará. El Estado y los gobiernos tienen casi como misión mantener un discurso único y excluye otros discursos, pero desde la ciudadanía no tenemos por qué caer en el juego de lo blanco y lo negro.

¿Los ciudadanos tenemos derecho a la duda?

A la duda y a la incertidumbre. A permanecer abiertos al misterio del mundo. A la incertidumbre sobre nuestra condición humana. Eso trasciende cualquier coyuntura histórica o política.

¿Y esa incertidumbre tiene que ver también con el derecho de dudar del poder?

Yo creo que del poder no hay que dudar, el poder está ahí.

¿Pero los ciudadanos tienen derecho a cuestionar al poder?

Esa es la base no solo del ser ciudadano sino del ser humano. La primera confrontación que tenemos como seres humanos es contra el poder paterno o el materno. Desde ahí empieza nuestra permanente confrontación con el poder. Justamente eso es lo que mi nueva película quiere recoger: esa constante resistencia al poder que es necesaria para tener luz propia.

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