El FMI advierte que el correísmo quebró la sostenibilidad fiscal de Ecuador

El Fondo Monetario Internacional concluyó que el modelo económico del correísmo dejó un Estado más vulnerable y con escaso margen de maniobra.

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Un informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) reveló este domingo 9 de noviembre de 2025 que el modelo económico impulsado durante el gobierno de Rafael Correa llevó a Ecuador a una situación de fragilidad fiscal. El gasto público alcanzó niveles récord financiado con deuda y petróleo, pero sin generar productividad ni reservas que sostuvieran el crecimiento.

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El auge del gasto durante la bonanza

Entre 2006 y 2014, Ecuador vivió uno de los periodos de mayor expansión fiscal de su historia reciente. Según el informe de la consulta del Artículo IV del FMI, el gasto de capital pasó del 4 % del PIB en 2006 a más del 15 % en 2014. Sin embargo, ese aumento no se tradujo en un incremento proporcional de la productividad ni en un fortalecimiento del aparato productivo nacional.

El gasto público total alcanzó el 43,2 % del PIB en 2014, frente a unos ingresos del 38,8 %. Esta brecha marcó el inicio de un ciclo de desequilibrio estructural que el FMI calificó como insostenible. “El país utilizó los ingresos extraordinarios del petróleo, el endeudamiento y los fondos de ahorro para financiar gasto corriente y subsidios generalizados, en lugar de construir reservas fiscales o fondos de estabilización”, señala el documento.

De la bonanza al déficit

El análisis del organismo advierte que el modelo de gasto implementado durante el correísmo fue pro-cíclico: en lugar de ahorrar durante los años de abundancia, el Estado incrementó su vulnerabilidad ante eventuales crisis. El balance del sector público no financiero, que se mantenía en equilibrio, pasó a registrar un déficit del 3,5 % del PIB entre 2012 y 2014.

La situación se agravó cuando los precios del petróleo cayeron abruptamente a finales de 2014. Sin ahorros fiscales ni reservas, el déficit se disparó al 5,4 % del PIB. El FMI señala que el país quedó expuesto a un choque externo sin herramientas para responder de forma oportuna.

Crecimiento de la deuda y pérdida de margen fiscal

Entre 2010 y 2014, la deuda pública creció de 21,7 % del PIB a 31,3 %, sin incluir otras obligaciones que podrían haber elevado aún más ese porcentaje. Parte de ese financiamiento provino de créditos con China, lo que incrementó la exposición del país a riesgos de refinanciamiento.

El FMI advirtió que el Estado ecuatoriano se expandió a un ritmo que no podía sostenerse con ingresos permanentes. En lugar de fortalecer la base tributaria o mejorar la eficiencia del gasto, el Gobierno optó por ampliar el tamaño del aparato público y sostener subsidios de alto costo social.

Recomendaciones no atendidas

Desde 2015, el FMI recomendó aplicar un ajuste fiscal significativo para recuperar la sostenibilidad de las finanzas públicas. Entre las medidas sugeridas estaban la racionalización del gasto, la contención del crecimiento salarial en el sector público, la reforma de los subsidios a los combustibles y la reconstrucción de los márgenes fiscales.

El objetivo era restablecer la competitividad y crear un colchón frente a futuras crisis. Sin embargo, el informe señala que esas reformas no se aplicaron a tiempo, lo que limitó la capacidad del Estado para reaccionar cuando los precios del crudo se desplomaron y el acceso a financiamiento externo se volvió más costoso.

Un legado de vulnerabilidad

El FMI concluye que el legado del denominado “modelo correísta” es una estructura fiscal debilitada, un gasto creciente que superó los ingresos permanentes y una deuda en aumento dentro de un entorno económico frágil. “La herencia de ese modelo es un Estado más vulnerable, menos competitivo y sin espacio fiscal para reaccionar ante choques externos”, indica el informe.

En la actualidad, la capacidad de maniobra del país sigue restringida por los compromisos adquiridos en esa etapa y por los riesgos inherentes a la dolarización. La falta de reservas, la dependencia del crédito externo y los costos de mantener un gasto rígido continúan siendo desafíos centrales para la estabilidad macroeconómica del Ecuador.