27 de January de 2012 21:51

Los cinco aportes fundamentales del Viejo Luchador

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La Revolución Liberal transformó a la sociedad ecuatoriana. Analistas, escritores e historiadores del país, y una encuesta de www.elcomercio.com, determinaron cuáles fueron los cambios más trascendentes.

La consolidación del Estado Nacional

Las administraciones de Eloy Alfaro colocaron los cimientos del fortalecimiento de la unidad del Estado ecuatoriano. Sus políticas y acciones de corte institucional unificaron la Sierra, Costa y Amazonía, que actuaban sin articulación estatal.

La creación de instituciones de carácter nacional fue determinante en ese cometido, según el historiador Juan Paz y Miño. Por su trascendencia en el proceso de cohesión del país se destaca la Escuela Militar, que vio la luz con la Revolución Liberal.

Ese fue el punto de partida hacia la profesionalización de lo que hoy son las Fuerzas Armadas, la segunda institución con mayor credibilidad tras la Iglesia. A partir de su creación, la carrera militar alcanzó su actual estructura orgánica, hasta monopolizar el uso de las armas en representación del Estado, algo que no ocurría en el inicio de la República.

En el campo institucional también se destaca la creación del Registro Civil, como instrumento para que el Estado sea el que ejerza el control sobre sus ciudadanos, que antes estaba en manos de la Iglesia Católica. Este fue el primer paso hacia la modernización de las relaciones entre personas, que ya en el gobierno liberal de Leonidas Plaza se concretaron, como el matrimonio civil y la disolución conyugal.

El liberalismo imprimió singular importancia al robustecimiento del Gobierno central, a través de la creación de su respectiva institucionalidad. Hasta el siglo XIX solo existía la Presidencia y tres ministerios: Hacienda, Interior y de Guerra. Con Alfaro ese número se incrementó hasta siete, como medida para fortalecer al Estado. “Nació el Ecuador contemporáneo, fue el adiós a un pasado de matriz colonial”, señala el escritor Raúl Pérez Torres.

Los derechos y libertades se extienden

Las constituciones liberales de 1897 y de 1906 pusieron fin a la relación Estado-Iglesia, que por décadas había regido los destinos del país. En la práctica, esa separación significó que el Gobierno dejase de proteger e impulsar la religión católica como un eje de la vida de los ecuatorianos.

Ese fue el punto de partida de una ampliación progresiva de las libertades y derechos en una república que ya no tenía como religión oficial a la católica. Ese cambio implicó que en el país existiera libertad de cultos y conciencia. A la par, otros derechos y garantías fueron garantizados, como la libertad de pensamiento a través de la palabra o de la prensa. El historiador Juan Paz y Miño recuerda que antes la libertad de prensa estaba controlada por la Iglesia.

“Hubo una buena relación con la prensa a pesar de la intolerancia de la oposición conservadora y de la Iglesia (...), se estableció un nuevo sistema de gobierno basado en la tolerancia”, dice Amílcar Tapia, miembro de la Academia Nacional de Historia, quien resalta la buena relación de Alfaro con la Iglesia. En esta nueva legislación liberal también se abolió la pena de muerte, ya sea por delitos comunes o políticos. La separación de la Iglesia de la administración del Estado implicó la nacionalización de todos sus bienes, que fueron a parar a manos de la Iglesia. Para ello se expidió la ley de Beneficencia o ‘manos muertas’, que señala que la mitad de la rentas iría a manos de los religiosos despojados de las propiedades y la otra mitad para hospitales y obras sociales, que funcionaban bajo asistencia social.

El papel de Alfaro fue el de un visionario, apunta Marena Briones, que transformó el país. Su legado pesa más que su sola imagen de caudillo.

El inicio de la enseñanza universal y pública

Con el liberalismo la educación dejó de ser privilegio para ciertos sectores de la sociedad ecuatoriana, manejado por la Iglesia.

El nuevo marco jurídico dispuso que el Estado sea el encargado de dirigir y financiar al sistema educativo, bajo principios de universalidad, gratuidad y laicismo. La Constitución de 1906 establece que la enseñanza primaria sea obligatoria y gratuita. Y que la educación de artes y oficios tampoco tenga costo. En este nueva concepción, el Estado ya no tiene la obligación de financiar la educación religiosa.

Para dar paso al nuevo modelo educativo público, el alfarismo dio el primer paso hacia la creación de los colegios normales, que preparen a los maestros que garanticen una educación laica. En la actualidad en el país funciona 28 planteles de este tipo; en Quito están el Manuela Cañizares y el Juan Montalvo. A la par se crearon colegios que garanticen la educación gratuita, como el Mejía.

A esta nueva estructura se sumaron los colegios nocturnos, que permitan a los adultos el acceso a las letras, así como la entrega de becas y el aumento de recursos para montar almacenes de textos educativos. Hasta 1907, todos estos esfuerzos en materia educativa se tradujeron en 1 339 escuelas primarias, 12 colegios de enseñanza secundaria; tres universidades y 30 establecimientos de enseñanza.

Según el escritor cuencano Eliécer Cárdenas, la educación laica y gratuita fue lo más trascendental de la obra de Eloy Alfaro, porque abrió la posibilidad de estudiar a la clase media, lo que no existía en el Ecuador. “Esta clase luchó para que se fortalezca la democracia en el país (...), fue la fuerza que impulsó los cambios en el siglo XX, la modernización”.

El germen de la participación femenina

Las reformas liberales abrieron la puerta para que la mujer saliera de su ‘celda doméstica’ y se incorporara activamente a la vida del país.

El alfarismo influyó para incorporar a las mujeres a los ámbitos educativo y laboral. Una de las primeras medidas fue permitir el acceso a la instrucción regular y laica a las niñas, que hasta entonces solo tenían la opción de la educación religiosa.

Así, se colocaron las primeras bases para su inclusión con establecimientos femeninos, así como la escuela de artes y oficios para niñas. Con el objetivo de incentivar a las estudiantes más destacadas, desde el gobierno de Alfaro se distribuyó becas a sectores pobres. También ayudó para que varias de ellas se formaran en el exterior como maestras.

En el campo laboral se registraron avances para la mujer, como garantizar su derecho al trabajo. Este tipo de principios analizados durante las administraciones de Alfaro dieron frutos en los siguientes gobiernos. Uno de los más importantes llegó en 1929, cuando se amplió el derecho político del voto a las mujeres. Además, se fomentó la autonomía económica femenina, al ampliar hacia ellas la jornada máxima, el salario mínimo, el descanso obligatorio, la libertad de asociación y la agremiación, el derecho a las protestas, entre otras.

Un siglo después de la desaparición de Alfaro, la participación política femenina ha aumentado en el país. La actual legislación garantiza la equidad de género en instituciones estratégicas, como la Corte Nacional de Justicia. “La Revolución Liberal introdujo nuevos actores en la política y en la sociedad del Ecuador”, destaca Julio Pazos Barrera, catedrático de la Universidad Católica.

El ferrocarril dio paso a la comunicación

La construcción de la línea férrea que une a la Costa con la Sierra fue la obra de infraestructura emblemática de la Revolución Liberal.

Luego de varios planes y proyectos frustrados entre 1860 y 1874, Eloy Alfaro retomó la idea de construirlo. La empresa The Guayaquil and Quito Railway Company fue la que empezó los trabajos, cuya primera fase terminó en junio de 1908, cuando una locomotora llegó hasta la capital.

Su construcción es un símbolo de unidad ecuatoriana, ya que por los albores del siglo XX viajar entre la Sierra y la Costa podía tardar semanas. “También construyeron carreteras y caminos vecinales que le dieron a ese Estado, surgido de la revolución, una consistencia política e ideológica y materializarla en esos espacios públicos que el país entero reclamaba”, señala el historiador Carlos Calderón Chico. Aunque en el campo más pragmático, el también historiador Enrique Ayala Mora recuerda que sus altos costos no permitieron a toda la población usarlo. Al contrario, influyó en el encarecimiento del mercado de la leña, una de sus fuentes de combustión.

Sin embargo, el ferrocarril solo fue parte de la gama de obras de envergadura que florecieron. También hubo un concepto urbanizador, con la construcción de edificios públicos y cuarteles para la operatividad de las instituciones públicas. A la par de los avances de la época, llegó la instalación de las primeras líneas telefónicas y de electricidad. El inicio de la obra sanitaria también figuró en su legado, a través de la infraestructura de alcantarillado y de agua potable, que en principio se enfocaron en Quito y Guayaquil. Los impuestos al comercio exterior, más el acceso a créditos, financiaron las obras.

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